lunes, 31 de octubre de 2016

Augusto en la cultura europea

              Augusto, a pesar de no ser uno de los personajes más mediáticos de la antigua Roma, es sin duda alguna una de las personalidades más influyentes de todos los tiempos.


Cartel de Mostra Augustea della Romanitá. Celebrada para celebrar el bimilenario del nacieminto de Augusto. 1937. Roma

Ya en su propia época se le consideraba como uno de los mejores gobernantes que había tenido la Ciudad Eterna, habiendo sido aceptado su sistema de gobierno sin demasiadas objeciones y, él mismo, fue tomado como modelo de buen Príncipe. De ahí que se volviera costumbre que en la fórmula para nombrar a un nuevo emperador se le deseara que fuera mejor que Trajano y más afortunado que Augusto (en referencia en la mala fortuna que tuvo a la hora de la sucesión). Aun así tenía sus detractores, como Tácito que lamenta por encima de todo el final de la República. En la actualidad es el emperador más amado por la propia Roma, que no dudó en celebrar por todo lo alto el bimilenario tanto del nacimiento como de la muerte del hombre que puso los cimientos de su eternidad.
El divino Augusto fue venerado hasta la cristianización del Imperio romano. Al haber nacido Jesucristo durante el Principado en la Edad Media se tendió a asociar la Pax Augustea con la Pax Cristiana.
También en el período moderno los políticos han tratado de buscar paralelismo entre su propio tiempo y el de Augusto: como por ejemplo el Directorio francés que surgió en Francia tras el régimen del terror de los Jacobinos durante la Revolución Francesa o Napoleón Bonaparte que se inspiraba para sus retratos heroicos en los del primer emperador.


Napoleón Bonaparte. Copia en bronce de la escultura de Antonio Cánova. Principios del siglo XIX. Milán. Pinacoteca de Brera

     En el siglo XX, el nuevo fascismo italiano encendió una verdadera fiebre por Augusto, pues Mussolini pretendía devolver a Italia su preponderancia sobre el resto de las naciones restaurando el Imperio romano y recuperando el control del Mediterráneo.
En cuanto a la historiografía contemporánea, aunque en muchas ocasiones se muestra crítica antes las sombras del joven triunviro sin escrúpulos sediento de poder que no dudó en firmar las proscripciones, junto a Marco Antonio y Lépido tras el asesinato de César, en general resalta los méritos de Augusto como político y administrador cuando estuvo asentado en el poder, siendo un Padre de la Patria entregado a su pueblo y amable que dejó a su muerte los cimientos del continente europeo. Al mismo tiempo, elogia los logros de la Pax Augusta que permitió reconstruir muchos territorios devastados y fundar otros nuevos donde aún hoy brilla su legado.
En esta línea de reconocimiento, Michael H. Hart posicionó a Augusto en el puesto 18 en la clasificación de los personajes más importantes de la historia que realizó en su libro Los Cien, en el que el autor estadounidense elaboró un ranking donde se incluyen las figuras más relevantes del mundo según el número de personas en las que influyó, en qué grado, durante cuánto tiempo o cuántos de sus logros han quedado en pie. Augusto es el primer gobernante de la lista por delante de Alejandro Magno (en el puesto 33) o Julio César (en el 67), los dos únicos personajes europeos que en la antigüedad llevaron a cabo gestas parangonables a las suyas.  


Cartel de la Muestra sobre Augusto en commemoración del bimilenario de su muerte. Roma. 2014

En este blog he ido desgranando tantas otras cosas vinculadas a Augusto aún presentes en nuestras vidas: el mes de Agosto, la festividad del 15 de agosto (Ferragosto en Italia), su mención en la Evangelio de San Lucas, etc. lo que pone de manifiesto su enorme influencia dos mil años después
     Muchos fueron los artículos dedicados a mi emperador durante el año 2014 conmemorando el bimilenario de su muerte. Me quedo con el publicado por el diario El País titulado “Lecciones de Augusto para un mundo en crisis”.

http://cultura.elpais.com/cultura/2014/11/06/babelia/1415264706_716396.html

Antes de finalizar quiero una vez más expresar mi solidaridad y mi intenso amor hacia un pueblo italiano nuevamente herido por la violencia sísmica que ha vuelto a poner de rodillas los días 26 y 30 de octubre a muchas localidades del centro de Italia que han quedado devastadas. En esta ocasión, afortunadamente no ha habido víctimas mortales, pero los habitantes de Norcia, Castelluccio, Visso, Castelsantangelo sul Nera, Preci y Ussita entre otros lo han perdido todo. Los que hasta hace una semana eran unos preciosos pueblos italianos hoy sólo son montañas de escombros formadas por los cascotes de un patrimonio histórico único.
         Estos nuevos terremotos se han sentido con relativa intensidad en mi amada Roma que, aunque de manera leve, ha visto dañadas tres de sus joyas arquitectónicas: la columnata de la basílica de San Paolo Fuera le Mure, la de San Lorenzo y la cúpula de Sant'Ivo alla Sapienzza, obra del genial arquitecto barroco, Francesco Borromini. Afortunadamente a esta hora no se han apreciado daños importantes en las áreas arqueológicas de la capital, sin duda alguna las más frágiles, a la vez que las más valiosas; no obstante, en las zonas del Coliseo pendiente de restauración las fisuras ya existentes se han ampliado. Esperemos que pronto cese la mala racha y que Italia, encabezada como siempre por Roma, pueda volver a levantarse para mostrar al mundo el esplendor del legado histórico artístico más impresionante del mundo.

Grietas en los arcos del Pórtico de San Paolo

domingo, 23 de octubre de 2016

Augusto en la literatura y el cine

La figura de Augusto, a pesar de su enorme influencia en la cultura europea posterior, ha sigo desgraciadamente muy maltratada por la literatura en general y, sobre todo, por la televisión y el cine. Eso se debe esencialmente a que Augusto, dentro de su estatus de poder, era una persona de gustos normales que carecía del anhelo conquistador de Alejandro y Julio César y, al contrario que éstos, no tuvo una muerte trágica, sino que murió de anciano plácidamente en su cama. A ello se une que tampoco vivió una historia de amor épica a lo Marco Antonio y Cleopatra, ni basó su vida en la realización de atrocidades y escándalos que rodean a Calígula, Nerón o Cómodo, que son sin duda los personajes más mediáticos de la antigua Roma.
La historiografía latina nos describe al primer emperador como un hombre de su época (en la que nadie era del todo bueno o malo), es decir, justo pero con la falta de escrúpulos necesarios para sobrevivir en el sangriento mundo que le tocó vivir. La mayoría coinciden en que fue un buen  gobernante.
Ya en los inicios del siglo XVII, William Shakespeare, lo convierte en un personaje secundario en sus obras Julio César y Antonio y Cleopatra. Sobre todo en ésta última, retrata a un hombre manipulador que persigue el poder a toda costa, responsable de arruinar la historia de amor de los protagonistas. Así y todo, el poeta inglés refleja al final de la tragedia el buen corazón del aún llamado Octavio, que consiente en que los amantes reciban sepultura juntos.

Octavio. 40 a.C. Roma, Museos Capitolinos y Roddy McDowall como Octavio en Cleopatra. 1963

Este patrón es el que se ha reiterado en muchísimas ocasiones en la filmografía, en la que siempre aparece Augusto en su etapa de triunviro. Ejemplos importantes son la Cleopatra de J.L. Mankiewicz (interpretado por Roddy McDowall) o la miniserie, nuevamente sobre la reina egipcia de 1999, al que da vida Rupert Graves.

Rupert Graves como Octavio en Cleopatra, 1999

 Ya como emperador romano, tenemos en 1979 la famosísima serie Yo, Claudio, basada en las novelas de Robert Graves. Tanto en la versión televisiva como en el libro, Augusto (Brian Blessed), nuevamente un personaje secundario, se nos presenta como buen gobernante, simpático y cercano, aunque títere en manos de su esposa Livia.

Brian Blessed en Yo, Claudio, 1979

Más actual es la serie Roma (2005). En ella el personaje del Príncipe va tomando protagonismo a medida que avanzan los capítulos;  al principio es retratado como un niño que se mueve entre bambalinas (interpretado por Max Pirkis) pero poco a poco se va convirtiendo en un joven cada vez más despiadado, manipulador, frío e incluso sádico (en la segunda temporada el personaje es interpretado por Simon Woods).

El adolescente Octavio. Siglo I a.C. Roma. Museos Vaticanos y Mark PIrkis en Roma, 2005

Sólo hay una miniserie, Augusto, el primer emperador (2003) en el que el protagonista absoluto es un anciano Augusto (Peter O’toole) que recuerda a través de flashbacks los acontecimientos de su vida, centrándose sobre todo en a relación conflictiva con su hija Julia. En su juventud Octavio es interpretado por Benjamin Sadler.

Augusto Bevilacqua. Siglo I a.C. Munich, Gliptóteca (Foto propiedad de Francisco Javier Díaz Benito. 2016)
y Benjamin Sadle como Octavio en Augusto el primer emperador

Según mi opinión ninguna de estas películas o series están a la altura del personaje pues tratan de debilitar su figura para ensalzar otras, ya sea la de Marco Antonio, la de Cleopatra o incluso la de Livia. En cuanto a los actores escogidos, físicamente siempre están acorde con la descripción de Augusto que nos han legado los cronistas de la época, en especial  Suetonio: son hombres de cabellos dorados y aspecto delicado (salvo Brian Blessed que con su corpulencia nos da una imagen del emperador muy poco creíble). Sin embargo, ninguno transmite el aura y el magnetismo que le atribuyen sus biógrafos y que aún hoy podemos contemplar en sus múltiples retratos.

Simon Woods en la serie Roma, 2005 y Augusto Pontifex Maximus. Siglo I d.C., Roma, Museo de las Termas

En cuanto a la literatura moderna, hay muchas obras, algunas biográficas otras noveladas en diferentes idiomas sobre el emperador algunas más afortunadas que otras, y en muchas protagonizadas por Cleopatra o Marco Antonio vuelve a ser un secundario vil y manipulador.
De entre las biografías centradas en él, me quedo con la de Anthony Everitt (2006)  aunque de ella no me gusta el hecho que, al estilo Robert Graves, el autor acusa nuevamente a Livia de envenenar a Augusto en su lecho de muerte o la más reciente de Adrián Goldsworthy publicada en 2014 para honrar el bimilenario de la muerte del emperador.

Peter 0’toole como un anciano Augusto en Augusto el primer emperador

No obstante, sólo en la serie de novelas sobre la Antigua Roma de Colleen McCullough puedo reconocer al personaje que tanto he estudiado y a quien tanto admiro. La autora nos lo refleja como un joven tenaz que conquistó con su inteligencia y perspicacia la admiración de su tío abuelo, César, que no dudó en nombrarlo como su heredero y único hijo reconocido. También se captan las sombras del personaje, que no hay que olvidar, saltó a la primera línea política con tan sólo 17 años, soportando una carga sobre sus hombros que la mayoría de adolescentes de nuestra época sería incapaz de sobrellevar. Lástima que el relato de la escritora acabe tras la batalla de Accio. Me hubiera gustado una lectura del Principado a través de su pluma.
También aparece el personaje de Augusto en cómics como Las Águilas de Roma de Enrico Marini (2006) o Alix senator (2012) de Jacques Martin, o incluso en videojuegos como Shadow of Rome (que coprotagoniza con Agripa) o Civilization IV o V junto a César.

Las Águilas de Roma. Enrico Marini

miércoles, 12 de octubre de 2016

La Administración provincial

El Principado de Augusto supuso una prosperidad hasta ahora desconocida en las provincias, propiciada sobre todo por el final de las guerras civiles y que se puso de manifiesto esencialmente en el gran número de edificios mandados construir por el emperador en múltiples puntos del Imperio que no sólo dieron un nuevo perfil a las ciudades sino que muchos de ellos propiciaron un aumento de la calidad de vida de la población.

Imperio romano en tiempos de Augusto. 30 a.C. 6 d.C.

Por ello, la gratitud que muchas provincias sentían por el emperador ha quedado reflejada en numerosas inscripciones halladas que se expresan en el mismo tono que una datada en el año 9 a.C. descubierta en Asia transcrita por Ehrenberg y Jones, “La divina providencia que guía nuestra existencia demostró su celo y bondad al ordenar para nuestra vida el bien más perfecto, ya que nos concedió a Augusto, a quien ella llenó de virtudes para beneficio de la humanidad, pues lo empleó como salvador nuestro y de nuestros descendientes, a ese que puso fin a las guerras y aseguró la paz; César (Augusto), habiéndosenos manifestado, sobrepaso las esperanzas de todos aquellos que antes trajeron buenas nuevas, no sólo al superar a todos los benefactores que vivieron antes que él, sino también al no dejar esperanza alguna de poder superarlo a aquellos que vendrán después de él; de modo que el día del nacimiento del dios es el comienzo de todas la buenas nuevas que él trajo al mundo”.
Y es que Augusto además de reconstruir y dotar de nuevas estructuras a tantos lugares asolados por la guerra realizó algunas reformas para mejorar la administración de las provincias. La primera de ellas fue sustituir el sistema impositivo provincial por uno más justo suprimiendo la figura de los publicanos, que se quedaban con todo lo que recaudaban por encima de lo estipulado, por lo que cometían serios abusos.

Copa de Augusto recibiendo honores de los dioses y las provincias del Imperio. Tesoro de Boocoreale (cerca de Pompeya). Siglo I d.C. París. Museo del Louvre.

Otros cambios fueron la estipulación de un sueldo fijo para los gobernadores provinciales para evitar arbitrariedades así como la creación de un correo público para facilitar las comunicaciones entre las provincias y Roma. El emperador dispuso un sistema novedoso de carros y troncos a lo largo del camino para facilitar que el mismo mensajero fuera el que entregara el mensaje, siendo la información transmitida de forma más fidedigna.
Augusto también inició la práctica de juzgar casos de extorsión en las provincias no ante el corrupto tribunal público sino por el Senado, pues aunque éste órgano no estaba libre de corrupción si Augusto asistía a la sesión se podía asegurar un veredicto justo.
Hacia finales del Principado había un gran número de colonias, municipalidades romanas y comunidades latinas en muchas provincias. Éstas no estaban bajo las órdenes del gobernador aunque éste sí debe haber tenido autoridad sobre los tribunales.
Así y todo, Augusto, empeñado en respetar los conceptos republicanos, no introdujo grandes cambios en la organización de las provincias. Por ello, el mandato de los procónsules y sus legados y cuestores seguía siendo de 1 año. Del mismo modo los ex-consules, ex-pretores y cuestores continuaban obteniendo sus provincias por sorteo, aunque en casos muy concretos el emperador elegía a alguien afín al cometido a llevar a cabo en alguna de ellas.

miércoles, 5 de octubre de 2016

Política Social

                En 18 a.C., Augusto implantó sus leyes para proteger y fomentar el matrimonio, pilar de la sociedad romana, la lex Iulia de maritandis ordinibus, modificada posteriormente por la lex Papia Poppaea, ya analizadas en reseñas anteriores. Ambas tuvieron un éxito relativo.


Matrimonio entre dos ciudadanos romanos. Museo de Capodimonte

         Otro problema social era la excesiva manumisión de esclavos a través de testamentos, lo que supuso un número muy elevado de libertos en el cuerpo de ciudadanos romanos. La legislación al respecto no la propuso Augusto, sino los cónsules Fufio Gémino y Canidio Galo. La lex Fufia Caninia limitaba la manumisión testamentaria que solía ser muy injusta, pues el testador podía dar muestras de su generosidad sin que le costara nada. A partir de ahora para evitar que se sobrepasara el límite legal, en el testamento debían figurar los nombres de los esclavos.
              En cuanto a la otra forma de manumisión, la llamada inter vivos, estipulaba que ningún ciudadano menor de 20 años podía ser manumitido. Otra cláusula de la ley regulaba que todo esclavo estigmatizado por antecedentes criminales o que hubiera sido gladiador cuando era manumitido era incluido en un grupo diferente de libertos, los peregrini dediticii, los cuales se veían privados de la ciudadanía romana.

Esclavos en un mosaico romano. Siglo II d.C. Dougga. Túnez
Fuente: De Pascal Radigue - Trabajo propio, CC BY 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=4966082

              Como demuestran muchas anécdotas proporcionadas por sus biógrafos, Augusto no era especialmente racista, pero toda esta situación le preocupaba pues no deseaba una afluencia masiva de antiguos esclavos y provincianos dentro del estrato social destinado a los ciudadanos romanos.
            Pues Augusto, al igual que la mayoría de romanos de clase alta, creía en una sociedad estratificada según el nacimiento y la fortuna, y con un limitado grado de movilidad social. Los grupos sociales a grandes rasgos eran tres:
  • Senadores.-  Su función consistía en guiar el Estado, gobernar las provincias y liderar el ejército. Augusto fue el primero en imponer un requisito de propiedad para acceder al Senado y en sancionar oficialmente el principio hereditario, permitiendo a los hijos de los senadores vestir la banda  púrpura  en sus togas y asistir a las diferentes sesiones.

Procesión de senadores en el Ara Pacis Augustae. 13-9 a.C. Roma 2011

  • Orden equestre.- Los requisitos para pertenecer a este grupo eran: haber nacido libre, propiedad mínima de 400.000 sestercios y tener menos de 45 años. Augusto amplío este estrato social de 1.800 integrantes a alrededor de 5.000 y parece que le confirió cierto matiz militar.
                     Augusto empleó a los equites en puestos militares superiores y civiles que él mismo creó, aunque en general se consideraba al orden ecuestre como una clase de hombres de negocios y financistas.

Equites en una batalla. Detalle de Sarcófago. Siglo II d.C. Roma. Museo Nazionale Romano
Fuente:  De Desconocido - User:Folegandros (2010), CC BY-SA 3.0,

  • La Plebe.- En el último grupo social también había una jerarquía entre los nacidos libres y los libertos. Éstos últimos no podían acceder ni al Senado ni al orden ecuestre ni al servicio militar. Augusto mantuvo estas restricciones. Sí los incluyo dentro del cuerpo de vigiles y sólo los alistó en cohortes especiales durante la rebelión panonia y tras el desastre de Varo. Les puso limitaciones en el acceso a cargos públicos y también les impidió el derecho al voto. Sin embargo, no se oponía a que los libertos acaudalados conquistaran cierta relevancia social. Incluso instituyo en muchas ciudades italianas los serviri Augustales (junta anual de libertos encargada del culto de los Lares Augusti).
    Augusto distinguía en Roma dos tipos de plebe: la plebe romana (aquellos que tenían derecho a percibir gratuitamente el suministro de trigo), cuyo número ascendía a 200.000 individuos durante el Principado y la plebe urbana (unas 320.000 personas). Quizás se refiera Augusto al total de habitantes de extracción social baja que habitaban en la gran urbe.
    El emperador trataba a la plebe romana con la indulgencia desdeñosa propia de cualquier romano de clase alta. Sin embargo, no intentó con ella emular las políticas radicales de César (que envío a más de 80.000 personas a las colonias ultramar) sino que la mantuvo tranquila mediante juegos y distribuciones de dinero. El famoso Panem et circenses.

Retrato de panadero y su esposa. 20-30 d.C. Hallado en Pompeya. Nápoles. Museo Archeologico Nazionale

              Los ciudadanos de Italia por su parte florecieron mucho durante el Principado. Los campesinos, que durante siglos habían mostrado grandes signos de hostilidad, se calmaron con Augusto, pues éste creo numerosas colonias de veteranos en las provincias, siendo la mayoría de aquellos campesinos italianos sin tierras. Por otro lado el emperador favoreció muy poco la agricultura. Todo lo que hizo en este terreno fue manejar los negocios teniendo en cuenta más los intereses de los agricultores y mercaderes que los del pueblo. A esto se debe probablemente el hecho de que ordenase al praefectus annonae que comprara trigo italiano, aún cuando fuera más caro que el trigo de las provincias.