domingo, 30 de noviembre de 2014

La Pirámide de Cestio

Pirámide de Cestio. Roma 2011

La conquista de Egipto en 30 a.C. provocó en la sociedad romana una auténtica egiptomanía de la que no se vio libre ni siquiera el mismísimo conquistador del país, el futuro Augusto, que nada más volver a Roma, impresionado del anhelo egipcio de búsqueda de la inmortalidad comenzó a edificar algo tan poco romano como un inmenso Mausoleo (el más grande del Mediterráneo) en el Campo de Marte para que albergara tanto sus cenizas como la de todos los miembros de la familia imperial. Esta costumbre fue copiada por algunos nobles, como Cayo Cestio, que fue más allá incluso que el emperador, al construirse como sepulcro una pirámide, el símbolo más sagrado del país del Nilo, a las afueras de la Ciudad Eterna.

Interior de la cámara funeraria

Inspirada en el modelo egipcio, la pirámide de Cestio (datada entre el 18-12 a.C.) mide 29,50 metros en la base x 36,40 metros de altura por lo que visualmente da la sensación de desproporción, estando realizada en mampostería revestida de mármol. Considerada en la Edad Media como la tumba de Remo con posterioridad en el siglo III d.C. fue incluida en la muralla Aureliana. Las inscripciones conservadas en ambos lados del monumento funerario confirman tanto su atribución a Cayo Cestio como la duración de su construcción (330 días). En el lado oeste se abre una pequeña puerta por la que se accede a la cámara funeraria, una cámara sencilla rectangular cubierta por una bóveda de cañón. Las paredes estaban decoradas con pinturas murales del tercer estilo, copiadas en 1660 por Pietro Santi Bartoli, hoy desaparecidas. Hoy en día su interior no se puede visitar a no ser con permisos especiales. 

Grabado de la Pirámide Cestia junto a la Porta di San Paolo

domingo, 23 de noviembre de 2014

La conquista de Egipto

Octavio aunque vencedor en Accio pronto se encontró en apuros, pues tras la batalla, se vio obligado a volver a Italia para sofocar el amotinamiento de las tropas de veteranos allí acantonadas, en lugar de proseguir su camino hacia Alejandría para arrinconar a sus rivales; no sólo eso, sino que al llegar supo que Mecenas acababa de frustrar una conspiración encabezada por el hijo de Lépido (el antiguo triunviro) destinada a acabar con su vida.
No obstante, el Senado casi al completo se desplazó casi 500 kilómetros para brindarle a su llegada a Brindisi el más grande recibimiento que nunca le había otorgado a nadie en la historia de Roma. Usando sus grandes dotes para la diplomacia, acabó fácilmente con la revuelta de los veteranos pagándoles una parte de lo que les adeudaba, dándole tierras y prometiéndole recompensas cuando completara la conquista de Egipto que ellos habían interrumpido con su hostilidad.


Alejandría dominada por su espectacular Faro

Persiguiendo aquel objetivo, y tras pasar solamente un mes en Italia, se encaminó a Samos. Mientras tanto en Alejandría, Cleopatra había logrado rescatar a Antonio de su depresión por lo que ambos comenzaron a reclutar un ejército y a armar una flota. Al mismo tiempo enviaron varias propuestas de negociación a Octavio, quien no prestó la más mínima atención a ninguna de ellas mientras seguía avanzando a través de Siria hacia Egipto seguido por un numeroso ejército. Una prueba de la gran confianza de Octavio en que no se encontraría con serios problemas es que no llevó con él a Agripa, su sombra protectora. De hecho venciendo los últimos débiles focos de resistencia entró en Alejandría y acampó junto a las murallas de la ciudad. Antonio en una escaramuza venció a un destacamento de la caballería romana lo que lo sumió en tal estado de gran euforia que retó a Octavio a un combate cuerpo a cuerpo. Difícil imaginar la respuesta del futuro Augusto ante tal desafío. Plutarco recogió la siguiente frase como contestación: “hay muchos caminos por los que Antonio puede ir hacia la muerte” (Vida de Antonio, 75.1).


La muerte de Marco Antonio

Al amanecer del 1 de agosto Marco Antonio salió al encuentro de su rival en lo que fue el mayor fiasco de su vida: los barcos rindieron sus remos sin plantear lucha, la caballería desertó y los soldados de infantería huyeron. Antonio volvió al Palacio, y al creer el rumor de que Cleopatra se había suicidado se atravesó el vientre con su espada. La reina (que estaba escondida en su mausoleo) al enterarse de lo ocurrido ordenó que llevaran a Antonio junto a ella que tras horas de agonía murió entre sus brazos. No se sabe cuál fue la reacción de Octavio al recibir la noticia, aunque dudo que llorara al ver la espada ensangrentada como apuntan algunas crónicas pues nunca sintió el más mínimo afecto hacia una persona tan diametralmente opuesta a él que no sólo había humillado a su queridísima hermana, sino que había dado la espalda a lo que Octavio más amaba: Roma.
Tras conceder un indulto a los habitantes de Alejandría y permitir el entierro de Antonio con todos los honores, en los días sucesivos el vencedor entró triunfalmente en la ciudad (que le impresionó profundamente) con la intención de reunirse con Cleopatra. Probablemente ambos dirigentes se habrían visto alguna vez en Roma durante la estancia de la reina como huésped de César, sin embargo ni Octavio era ya el niño delicado de aquel entonces ni ella una reina exuberante. Se presentó ante él enferma a la vez que desaliñada y, dejando de lado por primera vez en su vida su legendario gran orgullo, se postró a sus pies implorando clemencia. Hay quienes apuntan que Cleopatra intentó seducirlo, sin embargo es poco probable por el estado en el que se encontraba. Por su parte Octavio, ni era esclavo de los placeres como Antonio, ni sentía la más mínima atracción por una mujer seis años mayor que él tan diferente a su adorada Livia. Lo que sí tengo claro es que en caso de que Octavio hubiera sentido algún interés por ella, Cleopatra hubiera cedido pues reina por encima de todo, habría hecho cualquier cosa por conservar Egipto para la dinastía Ptolemaica, independiente del amor que había sentido por Antonio.

Cleopatra delante de Octavio Augusto. Guercino. 1640. Roma. Pinacoteca Capitolina

En cambio, tras perder todas sus esperanzas y conocedora de la costumbre romana de humillar a los reyes vencidos obligándoles a desfilar en el Triunfo del general victorioso encadenados a su carro triunfal por las calles de Roma, Cleopatra se suicidó con gran dignidad. Dicen las crónicas que engañó a Octavio fingiendo un apego a la vida. Es difícil de creer pues si alguien en el mundo podía hacer sombra a la inteligencia de la reina ese era precisamente el heredero de César. No obstante, cuando la inteligencia femenina se enfrenta a la masculina, aquella vence casi siempre; esto unido a que Cleopatra era la reina de los ardides deja abierta cualquier posibilidad. Cuenta Plutarco que Cleopatra “pidió a César (Octavio) que le permitiera celebrar las exequias de Antonio, y habiéndoselo otorgado, marchó al sepulcro, y dejándose caer sobre el túmulo con las dos mujeres de su comitiva exclamó:-Amado Antonio te sepulté poco ha con manos libres, pero ahora te hago estas libaciones siendo sierva y observada por guardias para que no lastime con lloros y lamentos este cuerpo esclavo que quieren reservar para el triunfo que contra ti ha de celebrarse. No esperes ya otros honores que estas exequias, a lo menos habiendo de dispensarlos Cleopatra. Vivos, nada hubo que nos separara; pero en la muerte, parece que quieren que cambiemos de lugares: tú, romano, quedarás aquí sepultado, y yo, infeliz de mí, en Italia, participando sólo en esto de tu patria; pero si es alguno el poder y mando de los dioses de ella, ya que los de aquí nos han hecho traición, no abandones viva a tu mujer, ni mires con indiferencia que triunfen de ti en esta miserable, sino antes ocúltame y sepúltame aquí contigo, pues que con verme agobiada de millares de males, ninguno es para mí tan grande y tan terrible como este corto tiempo que sin ti he vivido”. (Vida de Antonio. 84). Tras fingir que se resignaba a su suerte consiguió que sus guardianes se relajaran, logrando darse muerte sin que Octavio pudiera hacer nada para evitarlo.

La muerte de Cleopatra. Reginald Arthur. 1892. Londres. Roy Miles Gallery

Verdaderas o no estas crónicas, lo cierto es que al futuro Príncipe le vino muy bien la desaparición de la última descendiente de la dinastía lágida, pues una mujer desvalida encadenada a su carro podía acabar incitando la compasión hacia ella algo que en absoluto deseaba. Hay quien apunta incluso que él envió asesinarla, sin embargo, la mayor parte de autores aceptan la hipótesis del suicidio de la reina.


Única imagen que se conserva de Alejandro Helios y Cleopatra Selene, los gemelos hijos de Marco Antonio y Cleopatra. Siglo I a.C. El Cairo. Museo Egipcio

            Tras ordenar que el cuerpo de Cleopatra fuera enterrado con todos los honores junto al de Antonio respetando la última petición de la soberana, Octavio mandó dar muerte a Antilo (hijo mayor de Antonio con Fulvia) y a Cesarión que habiendo cumplido legalmente la mayoría de edad podían plantearle problemas futuros. Los otros tres hijos de Marco Antonio y Cleopatra fueron perdonados y llevados con él a Roma donde tras desfilar en su Triunfo fueron entregados a su hermana Octavia que también cuidaba desde hacía años al hijo menor de Antonio y Fulvia, Julo Antonio. Los niños recibieron una esmerada educación de príncipes. Poco se sabe del destino de los pequeños Alejandro Helios y Ptolomeo Filadelfo que, seguramente murieron en su más tierna infancia. Cleopatra Selene en cambio contrajo matrimonio con Juba II de Mauritania país del que llego a ser reina. En cuanto a los hijos romanos de Antonio, Octavio adoraba a sus sobrinas, especialmente a Antonia Menor, a la que estaba más unido que a las Marcela, hijas del primer matrimonio de Octavia. Incluso a Julo Antonio lo tuvo siempre en la más alta consideración otorgándole grandes favores, como casarlo con su sobrina Marcela la Mayor lo que le permitió entrar de pleno derecho en la familia imperial hasta el punto que fue retratado en el Ara Pacis Augustae.

 Julo Antonio acaricia la cabeza de Julia Menor tras los pasos de su madrastra Octavia. Fragmento del
Ara Pacis Augustae. 13-9 a.C. París. Museo del Louvre

            El nuevo dueño de Egipto no quiso desperdiciar la ocasión, antes de partir hacia Roma, de visitar la tumba de Alejandro Magno para rendir honores al gran monarca macedonio. Contenido como era para todo la única pieza que se llevó para él como recuerdo fue una copa de ágata del Palacio de los Ptolomeo. Todo el oro y la plata que atesoraba el milenario país del Nilo fueron enviados al erario de Roma que vio como se resolvían todos sus problemas económicos mientras que Egipto perdió su independencia al convertirse en provincia romana; no obstante a partir de entonces el emperador ejercería un control especial a través de un prefecto perteneciente al orden ecuestre sobre el país del que dependía la mayor parte del abastecimiento de grano de la capital del Imperio, considerándolo su feudo privado. Tal era la obsesión de Augusto por controlar el granero del Imperio que ningún senador podía visitar Egipto sin su expreso consentimiento. Allí, Octavio fue reconocido como faraón, “Señor de las dos Tierras” y “Rey de Reyes” por parte de los alejandrinos que lo aceptaron sin ningún problema.


Augusto como faraón haciendo ofrendas a los dioses. Siglo I a.C. Relieve del Templo de Kalabsha 

domingo, 16 de noviembre de 2014

Mérida (Augusta Emérita). 2ª Parte

El legado romano de Mérida es tan inmenso que me he visto obligada a dedicarle una segunda reseña para poder detenerme más en el resto de monumentos que se conservan de la época augustea.
         Anfiteatro
De menores proporciones que otros de la Península Ibérica podía acoger entre 10.000 y 15.000 espectadores. Era el lugar destinado a las luchas de gladiadores y fieras, los juegos lúdicos favoritos de los romanos. Se edificó en el año 8 a.C.

Mérida 2014

Foso en el centro de la Arena. Mérida 2014

Inscripción en la tribuna. Mérida 2014

               De planta elíptica, presenta una estructura más simple que la del teatro. En el centro de la arena se puede contemplar en la actualidad un foso subterráneo en forma de cruz que servía probablemente de espacio para contener las jaulas de las fieras entre otros utensilios. Su revestimiento impermeable a base de cal hidráulica y el desagüe sugieren que también pudo usarse para Naumaquias (juegos acuáticos). A ella se accedía a través de varias puertas destinadas a tal fin. Varias Vomitoria abovedadas conducían a los graderíos. En las tribunas destinadas a las autoridades y al editor  (quien pagaba los juegos) situadas en primera fila aún pueden verse inscripciones dedicadas a Augusto. También pueden contemplarse varios espoliarios (estancias destinadas a los gladiadores que esperaban su turno).

Mérida 2014

Arcos de entrada al Anfiteatro que inspiraron la estructura del Museo Nacional de Arte Romano
Mérida 2005

Nave principal del Museo Nacional de Arte Romano de Mérida obra de Rafael Moneo inaugurada en 1986
Mérida 2014

            
             Del podio se han conservado una serie de bellísimas pinturas de escenas de lucha.

Lucha de un cazador (venator) contra una leona. Finales del Siglo I d.C.  
Museo Nacional de Arte Romano. Mérida 2014

Un tigre ataca a un jabalí por detrásFinales del Siglo I d.C.  
Museo Nacional de Arte Romano. Mérida 2014

         El Puente sobre el Guadiana

Mérida 2014

              Es una fabulosa obra de ingeniería realizada a finales del siglo I a.C. para salvar el cauce del río y permitir la comunicación de la ciudad con la Vía de la Plata. Es el más grande de la Península con 792 metros. Se realizó en hormigón recubierto por sillares almohadillados en los que se abren aliviaderos para descarga. Tiene una altura de 12 metros sobre el nivel del río.


 Mérida 2014

          Aunque reconstruido en siglos posteriores aún conserva su estructura original compuesta por 60 arcos de medio punto.

         El Acueducto de los Milagros

Mérida 2014

         Datado a finales del siglo I a.C., traía el agua desde el cercano embalse de Proserpina. Llegó a medir más de 800 metros de longitud y 25 de altura.

Mérida 2014

           Se construyó con pilares de hormigón de más de 3 metros de ancho recubiertos de sillares de granito y ladrillo que se alternan dando gran vistosidad al conjunto (esta alternancia de materiales fue copiada siglos después en los arcos del Haram de la Mezquita de Córdoba). Sobre los pilares se adosan contrafuertes en talud hechos de piedra que aportan solidez al conjunto.

Mérida 2014

         El Puente sobre el río Albarregas

Mérida 2014

Situado junto al Acueducto de Los Milagros se construyó en la época de la fundación sobre este afluente del Guadiana para facilitar el acceso a la Vía de la Plata.
Con 125 metros de longitud se construyó en piedra de granito dispuesta en almohadillados menos acentuados que los del puente del Guadiana. Entre gruesos pilares se abrían arcos de medio punto.

Destinado a la segudna afición preferida de los romanos, las carreras de cuádrigas, está datado también a principios del siglo I d.C. aunque restaurado en el siglo IV d.C.
De grandes dimensiones (440 metros x 115 metros) podía albergar hasta 30.000 espectadores. Se distinguen en el Circo cuatro elementos fundamentales:

  • Arena: es el espacio donde se desarrollaba la carrera. Era una gran extensión de casi 30.000 m2 , para facilitar las maniobras y la seguridad. Podían correr hasta 12 carros a la vez dando hasta siete vueltas alrededor de la Spina.
  • Cárceres: eran las puertas de salida de los carros. Están dispuestas en sentido oblicuo para equiparar las posibilidades de los corredores. Desde allí salían en dirección a la “alba linea” desde la que empezaba oficialmente la carrera.
  • Spina: dividía longitudinalmente la arena. Servía de eje a la vez que facilitaba las carreras a su alrededor. Era la parte más rica del Circo, elevándose aproximadamente a un metro del suelo. Estuvo revestida de mármoles. En ella se situaban los candelabros que señalizaban las vueltas de los aurigas.
  • Caveas: se distribuyen de la misma manera que en el resto de recintos lúdicos. En el lado sur se aprovechó la ladera de la colina para asentarla. Actualmente están casi perdidas. Estaban realizadas en hormigón y granito.
En Mérida han aparecido numerosas pinturas y mosaicos con temática ecuestre lo que es indicio de lo mucho que gustaban a los emeritenses las carreras de cuadrigas.

          
                      Mosaico con Aúriga. Siglo IV d.C. Museo Nacional de Arte Romano. Mérida 2014

        
              Casa con pinturas con motivos ecuestres. Siglo IV d.C. Museo Nacional de Arte Romano. 
                                                                  Mérida 2014

  El Foro Municipal


         
                                                  Mérida 2014

            En Mérida como en cualquier otra ciudad de sus dimensiones existían dos foros: el Provincial y el Municipal. No obstante del primero apenas quedan restos.
            El Foro Municipal era el más amplío y el más solemne. El Foro era el centro de la vida social de las ciudades romanas donde se discutían los temas de interés general y donde se situaban los más importantes edificios públicos. Era una gran plaza rectangular destinada entre otros a asuntos comerciales, administrativos o judiciales.
            El Foro de Mérida siguió el modelo del Foro de Augusto, recién inaugurado en Roma. En él se reprodujeron al igual que en aquel  una serie de imágenes vinculadas con la ascendencia divina de la gens Julia.


Clipeo del Foro inspirado en los del Foro de Augusto en Roma. Museo Nacional de Arte Romano. Mérida 2014

      El Templo de Diana


Mérida 2014

           Es el único templo que se conserva en pie. Conocido por tal nombre estuvo consagrado al culto imperial. Se data en el primer tercio de siglo I d.C.
Siguiendo el ejemplo de los templos romanos se levanta sobre un alto podio al que se accedería a través de una escalinata. Era hexástilo, de orden corintio.
Como otros templos clásicos no era monocromo pues han quedado restos de policromía en unas esbeltas columnas estriadas que concentraban todo el protagonismo del edificio.
El gran arco que lo remata forma parte del propio frontón. Aparece adosado al Palacio del Conde de los Corbos.

lunes, 10 de noviembre de 2014

Mérida (Augusta Emerita). 1ª Parte


Para mi tío…con quien tantos buenos momentos he compartido en Mérida.

Cabeza de Augusto velado. Siglo I d.C. Museo Nacional de Arte Romano. Mérida 2014

Coincidiendo con la festividad de Todos los Santos, me escapé a Mérida un par de días para ver la Exposición que el Museo Nacional de Arte Romano está dedicando a su fundador desde el pasado 4 de julio hasta el 6 de enero de 2015: Augusto y Emerita. Con posterioridad visité una vez más sus espectaculares monumentos romanos disfrutando del inusual tiempo veraniego que hemos tenido durante la segunda mitad del mes de octubre.
Aprovechando la coyuntura, voy a abrir en el blog una nueva sección denominada “Augusto y las provincias” en la que pretendo analizar las colonias más importantes vinculadas con la figura del primer emperador romano y el patrimonio artístico de su época. Ningún sitio más apropiado para inaugurarla que Mérida, la antigua Emerita Augusta, desde siempre mi ciudad romana favorita después de la Ciudad Eterna.
Siempre he estado profundamente vinculada a Mérida desde que la contemplé por primera vez con 12 años; mi tío (único miembro de la familia que tenía coche allá por el año 87) la había descubierto en sus viajes a Extremadura habiendo quedado tan maravillado que quiso mostrarla a todos. De aquel primer viaje los únicos recuerdos que conservo son los que me devuelven las viejas fotografías, pero sin duda alguna, fue el germen de mi inmenso amor hacia la cultura romana; a su vez Mérida se convirtió en el único lugar que lograba acercarme a una Roma que en aquel tiempo me resultaba tan imposible de alcanzar.
Con posterioridad he vuelto muchas veces, algunas en familia otras ya por mi cuenta;  y a pesar de que hoy puedo permitirme viajar a Roma cada vez que me apetece, Mérida sigue ocupando un lugar privilegiado en mi corazón porque allí me encontré por primera vez con Augusto y porque es la ciudad en la que más podemos apreciar la silueta de la capital del Imperio, pues ambas fueron soñadas por el Príncipe y materializadas por su mano derecha, Agripa.

Monumento a Augusto. Mérida 2014

Hacía diez años que no volvía a la capital de Extremadura y he quedado gratamente sorprendida con los cambios que he percibido; nada más llegar me encontré en la Avda. de Portugal con la nueva rotonda coronada con una escultura ecuestre de Augusto; Inaugurada en 2007 muestra al emperador con vestimentas militar a lomos de un caballo inspirado en el de Marco Aurelio (la única escultura ecuestre romana original conservada). Es la segunda rotonda que le dedica Mérida a su fundador, lo que demuestra lo estrechamente unida que está a su figura. Al mismo tiempo una nueva rotonda en la Avda. de los Emeritos está dedicada  a Agripa, igualmente representado a caballo.

Monumento a Agripa. Mérida 2014

Fundada en el 25 a.C., cuando Augusto tras las guerras cántabras decidió licenciar a sus soldados más veteranos, los eméritos (de ahí su nombre Emerita Augusta) fue asentada en un lugar cuidadosamente elegido junto al río Anas (Guadiana). La ciudad prosperó rápidamente convirtiéndose en un importante centro administrativo por lo que fue nombrada capital de Lusitania. Planificada siguiendo el trazado hipodámico, se la dotó de una importante red de cloacas, acueductos que la abastecían de agua, templos, foro, puentes, calzadas y edificios para los espectáculos públicos: teatro, anfiteatro y circo. De estos se conservan muchos vestigios que hicieron que en 1993 la UNESCO le concediera el título de Ciudad Patrimonio de la Humanidad.

Relieve en el que Agripa (velado) realiza un sacrificio por la fundación de Mérida
Siglo I d.C. Museo Nacional de Arte Romano. Mérida 2014

El teatro

Frente Escénico. Mérida 2014

            Es el monumento más emblemático de la ciudad. Junto con el anfiteatro (que se encuentra al lado) fueron edificados dentro del plan urbanístico de diseño de la nueva colonia. Ambos edificios se alzan  junto a la colina más alta de Mérida aprovechando la inclinación de ésta para sus graderíos, algo más propio de los teatros griegos que de los romanos.
Con una capacidad aproximada de 6000 espectadores, el teatro fue construido en el año 16-15 por orden de Agripa que con posterioridad lo donó a la ciudad. Varias inscripciones sobre los dinteles de algunas puertas de acceso nos lo recuerdan: M AGRIPPA L.F. COS. III TRIB. POT. III (Marco Agripa, hijo de Lucio, cónsul por tercera vez, ejerciendo la potestad tribunicia por tercera vez).

Inscripción de Agripa. Mérida 2014

Siguiendo el esquema de los teatros clásicos cuenta con las partes esenciales de los mismos:

  • Cavea o graderío semicircular.- Realizado en hormigón revestido de sillares de granito en gran parte se muestra hoy reconstruido. De hecho de época romana sólo se conserva la cimentación de la suma cavea o grada alta conocida tradicionalmente como las “Siete Sillas”. Aquí se sentaba el público de extracción social más baja. En la Media Cavea (grada media) se situaban los ciudadanos romanos mientras que en la Ima Cavea (graderío inferior) junto a la orchestra se situaban los decuriones y el orden ecuestre.

Cavea. En la parte superior las "Siete Sillas". Mérida 2014

  • Vomitoria.- Galerías abovedadas de acceso a los graderíos.

El frente escénico a través de una Vomitoria. Mérida 2014 

  • Orchestra. Destinada al coro, se separaba del graderío por una cancela.Estaba pavimentado con placas de mármol. La rodeaban tres gradas, originariamente también   en   mármol blanco donde se colocaban los asientos de las autoridades pertenecientes al orden senatorial.


Orchestra bajo la Cavea. Mérida 2014

  • Proscenio.- Escenario.

Escenario. Mérida 2014

  • Aditus.Pasillos laterales de entrada a la orchestra.
  • Frente escénico.- Es la parte arquitectónica más espectacular del teatro emeritense, sin duda alguna, que lo convierten en uno de los más bellos que se conservan. Datado en época de Trajano (S. I-II d.C.) está compuesta de dos cuerpos sostenidos por esbeltas columnas de mármol azulado culminada con capiteles corintios del mismo material en color blanco. Este contraste de color junto con el rosado del resto de la fachada le imprimen un juego cromático muy sugestivo y luminoso que contrasta con la sobriedad de la de otros teatros romanos, como la del Teatro Marcelo de Roma (hoy desaparecida) mucho más compacta. La rematan cornisas en las que se alternan líneas curvilíneas con otras rectas. A través de las puertas que se abren en la fachada accedían los actores al escenario. La ornamentación se culmina con la colocación de esculturas de emperadores y dioses entre las columnas del cuerpo bajo. Preside todo el conjunto desde el cuerpo superior la diosa Ceres, casualmente la divinidad que encarnaba todos los valores promulgados por Augusto, de los que  su esposa Livia se erigió en adalid.

Frente escénico. Mérida 2014

Ceres preside el Frente escénico. Mérida 2005
                   
                 
                                             Detalle de las columnas. Mérida 2005

  • Pórtico detrás de la escena.- En la parte posterior de la fachada se extendía un Peristilo porticado ajardinado en el que el público podía pasear. Al frente se levantaba una pequeña estancia o Aula Sacra destinada al culto imperial. Aquí se encontró la cabeza de Augusto velado que se conserva en el Museo Nacional de Arte Romano.  En conmemoración del bimilenario de su muerte, este espacio (que conserva parte del pavimento en mármol) ha sido rehabilitado con copias de las esculturas que allí se encontraron.


Pórtico detrás de la escena. Mérida 2014

Aula Sacra reconstruida presidida por Augusto. Mérida 2014

Tiberio y otro Príncipe Julio en el Aula Sacra reconstruida. Mérida 2014

miércoles, 5 de noviembre de 2014

La Batalla de Accio en los relieves Medinaceli


Batalla de Accio en los relieves Medinaceli. Siglo I d.C. Córdoba. Colección de la Duquesa de Cardona

La Exposición sobre Augusto ha permitido por primera vez contemplar todo el ciclo de los relieves conocidos como Medinaceli. Datados en los primeros años del imperio representan importantes escenas del principado de Augusto, destacando la que inmortaliza la Batalla de Accio, acaecida el 2 de septiembre de 31 a.C, cuya victoria supuso la asunción del poder absoluto por parte de Octavio. Probablemente decoraban un monumento conmemorativo de tal gesta.
Aunque se desconoce la procedencia del friso, se acepta que probablemente provenga del antiguo Reino de Nápoles (de Nola, lugar de fallecimiento de Augusto o de Pozzuoli), de ahí que un gran número de paneles fueran adquiridos entre 1558-1571 por la familia Alcalá- Medinaceli a través del Virrey de Napolés, Don Pedro Afán de Ribera; en la actualidad éstos son propiedad de la Duquesa de Cardona (Córdoba); otros fueron vendidos a Budapest.
Del inicio de la composición se ha conservado un fragmento del dios Apolo (dios tutelar de Augusto) que aparece sentado en una roca delante de su trípode velando por los intereses de su protegido.

Detalle del primer panel con escenas de la batalla

Un primer panel (hoy perdido) mostraría las primeras escenas de la batalla que continúa en los tres relieves conservados en España. En ellos las naves se confrontan entre si distribuidas rudimentariamente en dos planos para crear profundidad lo que se consigue al mismo tiempo con el uso del alto, medio y bajo relieve. Los barcos muestran un gran realismo y una gran minuciosidad en la representación de los detalles (remos, proas…) lo que ha permitido perfectamente distinguir la tipología de los mismos; al mismo tiempo ha proporcionado un documento visual inmejorable para el estudio de las flotas romanas. Las naves de Octavio y Agripa más ligeras presentan castillo de popa y catapultas, elementos claves de su victoria.
 Las olas del mar están representadas con una serie de incisiones curvilíneas sobre la que flotan las naves, además de una que se hunde en primer plano en lo profundo del mar.

Supuesta nave de Antonio en primer plano

En el panel central se distingue un barco con un centauro en la proa que se ha identificado con el buque insignia de Marco Antonio, pues se consideraba que este animal mitológico inducía a todos los vicios de los que Octavio acusaba a su rival: lujuria, lascivia, gusto por el vino; por ello recibió de los dioses un justo castigo siendo derrotado en Accio. En el tercer panel la nave del primer plano se ha identificado con la de Octavio.

Supuesta nave de Octavio en primer plano

A pesar de que los relieves están muy restaurados en la actualidad, llama la atención el naturalismo, el dinamismo y el gran virtuosismo técnico con el que se presentan las luchas cuerpo a cuerpo y el desarrollo de una de las batallas más famosas de la Antigua Roma.