miércoles, 30 de abril de 2014

Marco Antonio. 2ª Parte

Marco Antonio y Cleopatra

         Ríos de tinta se han escrito sobre la relación entre Marco Antonio y Cleopatra: ¿se trataba de política? ¿se trataba de amor?. Por supuesto que lo que los unió desde el principio fue la política: ella, necesitaba una alianza fuerte con Roma para seguir manteniendo un trono que desde hacía décadas era sólo de paja; él, precisaba el oro de Egipto para poder vencer a los partos; a ello se sumaba la mutua ambición de hacer realidad el sueño de Alejandro: un imperio oriental cuya capital fuera Alejandría. Sin embargo, con el paso de los años también llegaría el amor.
Ambos, de carácter ingenioso y con gran sentido del humor, compartían una vida dominada por un fuerte hedonismo. Cleopatra tenía una mentalidad muy diferente a la de las recatadas matronas romanas, más acorde con el temperamento de él, por lo que no dudó en inventar para Marco Antonio todo tipo de placeres ya fueran sexuales o de ocio: participaba en todas las actividades que él practicaba ya se tratara de pesca, escapadas por Alejandría disfrazados de gente común o acudir a contemplarlo cuando realizaba sus ejercicios físicos y militares….en resumen, colmaba la  necesidad imperiosa que tenía él de sentirse querido e importante. Cuenta una anécdota que en uno de los frecuentes banquetes que ella organizaba en su honor, la reina disolvió en vinagre una perla valorada en 10 millones de sestercios para demostrarle al general que era capaz de organizarle la cena más cara de la historia. Nadie nunca había mostrado a Marco Antonio una devoción así.


Cleopatra disolviendo la perla en el vino. Andrea Casali. Siglo  XVIII. 

         Sin embargo, él no dudó en abandonarla la primera vez que convivieron juntos en Alejandría (entre los años 41 y 40 a.C); estuvieron separados durante cuatro años en los que el triunviro no sólo contrajo matrimonio con Octavia, la hermana del futuro Augusto en un matrimonio que debía asegurar la paz entre ambos, sino que no envío ni una sola carta a Cleopatra durante ese periodo ni se interesó por los gemelos que ella había dado a luz al poco de marchar él. Por eso, la reina cuando Antonio volvió a requerirle ayuda en el año 37 a.C. le exigió una serie de prerrogativas que lo alejarían definitivamente de Roma, al no estar en posición de negarle nada.

Moneda de Marco Antonio y Cleopatra

          Marco Antonio y Cleopatra se suicidaron en el 30 a.C, abandonados por todos, después de ver caer Alejandría en manos de Octavio. Él se arrojo sobre su espada al creer que ella había muerto; ella lo siguió un mes después tras intentar asegurar la vida de sus hijos. Hay quien dice que pretendió seducir a Octavio; me cuesta creerlo pues conociendo la inteligencia de la reina debía conocer perfectamente que el vencedor de Accio aborrecía el lujo y la sensualidad oriental y que era un hombre al que no dominaba más pasión que su amor por Roma. Su último acto en este mundo fue una petición al amo de mundo: recibir sepultura junto a Marco Antonio. “Que la eternidad sea para los dos o no sea para ninguno”. (Terenci Moix. No digas que fue un sueño). El futuro Augusto consintió y le organizó un entierro digno de su alcurnia, en un gesto que volvía a revelar su grandeza.

Cleopatra y Marco Antonio moribundo. Battoni Pompeyo Girolame.siglo XVIII

         Política por encima de todo, pero amor también, si bien entendido a la manera de hace 2.000 años. De ello da fe Plutarco en sus Vidas Paralelas al relatar la muerte de Antonio, texto conmovedor que hace creíble el hecho de que el autor fuera totalmente contrario a Cleopatra llegando a denominarla como “la más terrible peste que podía asolar a Antonio” (Vida de Antonio. 36).
“Informado de que la reina  vivía, pidió con encarecimiento a los esclavos que le tomaran en brazos, y así lo llevaron a las puertas de aquel edificio. Cleopatra no abrió la puerta, sino que, asomándose por las ventanas, le echó cuerdas y sogas con las que ataron a Antonio; ella tiraba de arriba con otras dos mujeres, que eran las únicas que había llevado al sepulcro. Dicen los que presenciaron este espectáculo haber sido el más miserable y lastimoso, porque le subían del modo que referimos, bañado en sangre, moribundo, tendiendo las manos y teniendo en ella clavados los ojos. Porque la obra no fue tampoco fácil para unas pobres mujeres, sino que Cleopatra misma, alargando las manos y descolgando demasiado el cuerpo, con dificultad pudo tomar el cordel, animándola y ayudándole los que se hallaban abajo. Luego que le hubo recogido de esta manera y que le puso en el lecho, rasgó sobre él sus vestiduras, se hirió y arañó el pecho con las manos, y manchándose el rostro con su sangre, le llamaba su señor, su marido y su emperador, pudiéndose decir que casi se olvidó de los propios males, compadeciendo y lamentando los de Antonio. Hízola éste suspender el llanto, y pidió le dieran un poco de vino, o porque tuviera sed, o esperando acabar así más presto. Bebió, y la exhortó a que, si podía ser sin ignominia, pensara en salvarse, poniendo de los amigos de César su mayor esperanza en Proculeyo; y en cuanto a él, que no llorase por las mudanzas que acababa de experimentar, sino que antes le tuviese por dichoso, a causa de los grandes bienes que había disfrutado, pues había llegado a ser el más ilustre y de mayor poder entre los hombres; y si entonces era vencido, lo era noblemente romano por romano” (Plutarco. Vida de Antonio, 77). Con su último aliento Marco Antonio reivindicaba su romanidad.

La muerte de Marco Antonio. Ernest Hillemache. 1863.Grenoble. Musée des Beaux-Arts

Sin embargo, no fue suficiente pues de manera póstuma el Senado revocó todos los poderes que aún tenía, declaró maldito el día de su nacimiento, ordenó destruir todas sus estatuas a la vez que se decretó que nunca más nadie de la gens Antonia volviera a llevar el praenomen Marco. Su recuerdo fue sepultado en la memoria del tiempo por una Roma, incapaz de perdonar a quien un día pretendió mermar su supremacía, que borró su nombre de todos sus monumentos y calles, algo que ha mantenido hasta nuestros días. 
De ahí la dificultad para saber de manera fidedigna cómo era realmente Marco Antonio. No hay ninguna escultura identificada como suya con total claridad y aquellas que se le atribuyen son tan diferentes entre si que es difícil hacerse una idea.  Sólo las monedas y las descripciones de las fuentes nos permiten aproximarnos a él. Carente de la delicada belleza de Augusto, era un hombre de gran atractivo: alto, fuerte, musculoso, poseedor de un físico excepcional que él no dudaba en explotar vistiendo túnicas ajustadas y mostrando su desnudez cada vez que tenía ocasión. Tenía la frente despejada así como la nariz aguileña y cuando se dejaba crecer la barba, ésta era muy poblada.

Supuesto retrato de Marco Antonio. Siglo I a.c. Roma. Museos Capitolinos 

          Su carácter era prepotente, altanero y a veces lo dominaban ataques de ira cercanos a la locura pero también era extrovertido, dicharachero, muy amigo de sus amigos y aunque rozaba muchas veces la vulgaridad, esto le unió a sus soldados profundamente que lo consideraban uno más entre ellos; aficionado a la juergas y a las orgías interminables gustaba identificarse con Dionisio (dios del vino, la locura ritual y el éxtasis). No tenía problemas en comer y beber ante todo el mundo, presentarse vomitando en cualquier reunión a causa de las borracheras o a meter  en su cama a cualquier mujer, casada o no, costumbres que exasperaban a la alta sociedad romana. A ello se sumaba un amor por la ostentación que le  llevó incluso a pasear en una carroza junto a su amante de turno, la actriz Citeris tirada por leones acompañado de prostitutas y efebos. No obstante, lo que más irritó a los romanos fue que adquirió la casa que había pertenecido a Pompeyo Magno, negándose a pagar por ella, alegando que el Estado estaba en deuda con él.

Ritos Dionísiacos. Siglo I a.C. Pompeya. Villa de los Misterios. 2013  

         En cuanto a sus matrimonios y descendencia, se casó cuatro veces con mujeres romanas: con Fadia, con su prima Antonia Híbrida (con la que tuvo una hija Antonia), con la pasional Fulvia (tuvo dos hijos, Antillo y Julio Antonio) y con la dulce Octavia con la que tuvo dos hijas: Antonia Maior y Antonia Minor (madre del emperador Claudio). De su matrimonio egipcio con Cleopatra tuvo tres hijos: los gemelos Cleopatra Selene y Alejandro Helios y  Ptolomeo Filadelfo.
Una pequeña revancha desde ultratumba se tomó Marco Antonio ya que su descendencia perduró más allá en el tiempo que la de Augusto: los futuros emperadores Calígula (bisnieto de ambos) y Nerón (tataranieto de ambos), heredaron las excentricidades y el gusto por lo oriental de Antonio; por su parte Claudio (sobrino nieto de Augusto y nieto de Marco Antonio) se identificaba más con el Príncipe. En cuanto a sus otras hijas, la gemela Cleopatra Selene fue dada por  Augusto en matrimonio al rey Juba II de Mauritania, llegando a ser reina y estableciendo allí una dinastía que terminó cuando Calígula mandó asesinar a su primo Ptolomeo de Mauritania. Por su parte, su primera hija Antonia casó con Fitodoro de Tralles convirtiendo  a Antonio en antepasado de reyes y reinas de Asia.



En relación a la literatura, William Shakespare recuperó su recuerdo en sendas obras: Julio César (1599) y Antonio y Cleopatra (1606). Por su parte en cine, la figura de Marco Antonio ha sido interpretada por actores de reconocido prestigio entre los que destacan Marlon Brando en Julio César de Joseph Manckiewicz (1953), Richard Burton en Cleopatra nuevamente de Manckiewicz (1963) y Charlton Heston que protagonizó y dirigió Marco Antonio y Cleopatra (1972).


Marlon Brando, Richard Burton y Charlton Heston como Marco Antonio

          Sin embargo, para mí, es en televisión donde se ha llevado a cabo la mejor interpretación de Marco Antonio, realizada por James Purefoy en la serie Roma (2005-2007). Este actor británico capta genialmente la esencia del general romano dando vida a un personaje muy fidedigno, según la idea que podemos a hacernos de él a partir de los datos históricos.

James Purefoy como Marco Antonio. Fotograma de la serie Roma

viernes, 25 de abril de 2014

Marco Antonio. 1ª Parte

Supuesto retrato de Marco Antonio. Siglo I a.C. Roma. Museos Vaticanos

          Del cuarteto formado entre César, Octavio, Cleopatra y él mismo, quizás sea Marco Antonio el punto más frágil. Los tres primeros han logrado sobrevivir al embiste de los siglos por sí mismos mientras que Marco Antonio sólo fue el lugarteniente y mano derecha de Julio César, el aliado, cuñado y después enemigo del futuro Augusto, el marido y soberano consorte de la reina de Egipto. Por tanto, ¿Qué le queda a Marco Antonio simplemente de Marco Antonio?. Extranjero en Alejandría y olvidado por una ciudad de Roma, a la que amó a su manera, pero que jamás lo entendió ni perdonó su traición oriental, de él queda poco, francamente muy poco.
Genial militar y muy querido por el pueblo romano durante casi toda su vida, fue un pésimo administrador cuando tuvo la ocasión de ejercer el poder ya fuera bajo la tutela de César o en los momentos inmediatos a la muerte de éste. Demasiado natural, demasiado despreocupado para ser comprendido por la rígida e hipócrita sociedad romana, el perfil psicológico del personaje nos muestra a un hombre dominado por fuertes pasiones pero con una inmensa necesidad de afecto y de reconocimiento. Y ese fue su punto débil.
Nació en el 83 a.C (era por tanto 20 años mayor que Octavio) en el seno de una familia romana de rancio abolengo, los Antonio, que se decían descendiente de Anteo (hijo de Hércules). Marco Antonio presumió siempre de este ascendente mítico, asociándose a Hércules (hecho que favorecía su físico corpulento). Por parte de su madre, Julia Antonia, estaba emparentado con César, del que era primo segundo.


Hércules Farnesio. Copia romana de un original griego de Lisipo. Siglo III d.C. Nápoles. Museo Arqueológico Nacional

 Tuvo una infancia compleja, en la que a la ausencia de un referente paterno (su padre murió cuando él tenía unos 10 años) se sumaba una madre virtuosa pero incapaz de imponer la disciplina y devoción que Aurelia (madre de César) y Atia (madre de Augusto) supieron inculcar a sus hijos, igualmente huérfanos de padre a corta edad. Julia Antonia era una madre un tanto despreocupada, por lo que Marco Antonio se crió casi como un salvaje al que nadie ponía límites. Pasó su juventud vagabundeando por Roma junto a sus hermanos Cayo y Lucio entre las bandas callejeras de Publio Clodio Pulcro y Cayo Escribonio Curión. Aficionados a las juergas (en las que predominaba al exceso de alcohol y sexo) y al juego, con apenas 20 años Antonio había acumulado unas deudas tan inmensas que en 59 a.C., tuvo que marchar hacia Grecia para huir de sus acreedores; finalmente se unió a las legiones de Siria donde bajo el mando de Aulo Gabinio comenzó a demostrar sus grandes dotes como militar y su don de mando y estrategia. A continuación convenció a su general para ayudar a Ptolomeo XII a recuperar el trono de Egipto lo que propiciaría su primer encuentro con Alejandría y con una princesa Cleopatra de apenas 10 años.

Marco Antonio (James Purefoy). Fotograma de la serie Roma

Sus éxitos militares en Oriente hicieron que César se fijara en él y lo llamara a las Galias donde consolidó su prestigio en el campo de batalla y se hizo muy popular entre los soldados por su valentía y camaradería con ellos. Sin embargo, su carácter impulsivo ocasionó al general algunos problemas por lo que lo envío a Roma como Tribuno de la Plebe para defender sus intereses en el Senado frente a Pompeyo y sus partidarios. De aquí acabó siendo expulsado, siendo uno de los factores que según César lo habrían inducido a la Guerra Civil. De ahí que Cicerón lo acusara de haberla provocado: “Como Helena para los troyanos, ha sido Antonio para nosotros causa de guerra, ruina y destrucción” (Segunda Fliípica, 55). Su animadversión con éste se remonta al año 63 a.C. cuando el famoso orador condenó a muerte al padrastro de Marco Antonio, Publio Cornelio Lentulo Sura, acusado de haber formado parte en la conspiración de Catilina.

Marco Antonio y las legiones cruzan el Rubicón tras César

   En los inicios de la Guerra Civil, Antonio permaneció en Roma al frente de las fuerzas acantonadas en Italia, aunque pronto fue mandado llamar por César para unirse a sus legiones, para lo que tuvo que superar incluso un naufragio. En Farsalia la victoria de los cesarianos fue absoluta.
Durante la estancia de César en Egipto, Antonio quedó encargado del gobierno de la República y en esta coyuntura se hicieron patentes sus escasas aptitudes como político. Incapaz de controlar su propio poder actuó a golpe de caprichos lo que provocó un gran descontento en la sociedad romana. Cuando César regresó tuvo que arreglar todo lo que Antonio había desarreglado lo que provocó la primera gran disputa entre ambos.
Aunque con posterioridad se reconciliaron, una de las mayores incógnitas en torno a la figura de Marco Antonio es su posible conocimiento y encubrimiento de la conjura de los idus de marzo. Muchos indicios apuntan afirmativamente en esa dirección, sin embargo, no hay sólidas pruebas que lo corroboren. Plutarco en su Vida de Antonio se refiere así al hecho de que éste conoció los planes de los tiranicidas: “Algunos querían asociar a Antonio, pero los contradijo Trebonio, refiriendo que cuando salieron a recibir a César que volvía de España, tuvieron un mismo alojamiento y caminaron junto a él, y que habiendo tocado a éste con mucho tiento y precaución, lo había entendido, más no había admitido la confianza; aunque tampoco lo había dicho a César, sino que había reservado con la mayor fidelidad aquella conversación”. Otra pista nos la proporciona el hecho de que se respetara la vida de Antonio aquel nefasto día por orden expresa de Marco Junio Bruto. Sin embargo, hacen dudar en su implicación en la conjura dos factores: por un lado, su actitud durante los días que siguieron a los Idus de marzo en los que tras pactar con los asesinos una amnistía general alentó al pueblo contra ellos en el entierro de César y, por otro, su alianza con Octavio contra aquellos (en esto tuvo un gran peso la circunstancia que los legionarios de César en uno y otro bando se negaban a luchar entre ellos).


Marco Antonio (Marlon Brando) pronuncia el discurso funerario ante el cadáver de César
Fotograma del film Julio César dirigida por Joseph Manckiewicz (1953)

       Tras la huida de los tiranicidas, Marco Antonio se apoderó del testamento y de todos los documentos del Dictador fallecido comportándose como el Primer hombre de Roma; de ahí que no supiera digerir la llegada a la capital del joven heredero de César: lo trató con desprecio llamándole “chiquillo que debía todo a un nombre” y le negó su herencia; el joven a su vez lo acusó de no haber perseguido a los asesinos de su padre adoptivo. Es el inicio de una rivalidad que habría de durar casi dos décadas.
El testamento de César fue una de los factores que marcó profundamente la vida de Antonio no logrando reponerse jamás: aquel no sólo no lo había nombrado su heredero (prefiriendo a un jovenzuelo) sino que ni siquiera lo había mencionado, haciendo pedazos su autoestima. A pesar de que apreciaba hasta cierto punto a Antonio, el Dictador era consciente de que su heredero no sólo lo era de su fortuna sino de su legado político. La desilusión que sintió ante la pésima conducta de Antonio como administrador le llevó a tomar esa decisión así como su sagacidad, que le permitió ver que aunque joven, su sobrino nieto Octavio era el futuro de Roma…la historia le dio la razón.
Éste sentimiento de menosprecio que lo carcomía unido a la creciente popularidad alcanzada tras masacrar a los asesinos de César en Filipos (Octavio casi fue un convidado de piedra debido a su escasa pericia militar) hicieron que Marco Antonio partiera hacia Oriente con la clara intención de emular al dictador luchando contra los partos la batalla que a aquel sólo la muerte le impidió librarla; de alguna manera anhelaba demostrarse a si mismo y al espíritu del ahora venerado en los altares, que el divino Julio se había equivocado; sin embargo, sus fracasos allí propiciados en parte por la escasez de fondos para financiar la campaña y en parte por la pésima administración del triunviro acabaron haciendo fuerte a Octavio en Roma y ligaron a Antonio definitivamente a la relación más decisiva de su vida, la que mantuvo con la reina Cleopatra VII Filopator, sellando el destino de ambos más allá de esta vida.

Marco Antonio y Cleopatra

martes, 22 de abril de 2014

El Foro de Augusto 2000 años después

                        
              
              Ayer 21 de abril, día en que los romanos celebraron los 2767 años de la fundación de Roma se inauguró el espectáculo “Foro di Augusto 2000 anni dopo” (Foro de Augusto 2000 años después) dentro de los actos organizados por la Ciudad Eterna para conmemorar el bimilenario de la muerte de su primer emperador.
            Todos los días en tres sesiones que se sucederán a las 21:00, a las 22:00 y a las 23:00 horas hasta el 18 de septiembre, 600 personas podrán contemplar desde unas gradas de aproximadamente 2,60 metros de altura situadas en la recién restaurada Via Alessandrina un espectáculo multimedia a base de efectos especiales y reconstrucciones en 3D que mostrará el Foro tal como lo vieron los contemporáneos de Augusto.
 

 
Presentación "Foro di Augusto 2000 anni dopo"  

            El impresionante documental realizado por el Piero Angela y Paco Lanciano fue presentado por el alcalde de Roma Ignazio Marino que aprovechó el evento para anunciar igualmente otro regalo para Augusto: el probable inicio de las tareas de restauración de su Mausoleo (financiado seguramente por mecenas saudíes) y la rehabilitación de la Piazza Augusto Imperatore que lo circunda en unos seis u ocho meses. 

Mausoleo de Augusto

domingo, 20 de abril de 2014

El Segundo Triunvirato

 Antonio. Octavio y Lépido

         Tras ser investido cónsul y haber logrado nombrar enemigos del Estado a los asesinos de César, ese mismo año (43 a.C.), Octavio partió en dirección hacia el norte con sus legiones; el joven había entendido que éstas eran insuficientes para vencer a los ejecutores de los idus de marzo en el campo de batalla. Por este motivo se reunió con Marco Antonio y Marco Emilio Lépido en una isla cerca de Bononia y Mutina en medio del río Lavinius donde tras dos días de negociación, instauraron el Segundo Triunvirato: este sistema político (heredero del primer triunvirato establecido por César, Pompeyo y Craso en el 60 a.C.) consistía en una Comisión de Tres para el gobierno del Estado por una duración de cinco años; los tres gozarían de poderes absolutos para promulgar y revocar leyes y para nombrar cargos oficiales; por ello, Octavio se vio obligado a renunciar a su consulado, en favor de Ventidio, legado de Antonio. En cuanto al reparto del imperio, Antonio conservó la Galia Cisalpina y la Galia Comata;  Lépido se quedó con la Galia Narbonense e Hispania mientras que Octavio obtuvo Cerdeña, Sicilia y África, territorios conflictivos y carentes de importancia militar. En ese momento no se distribuyeron las provincias orientales que estaban aún en poder de Bruto y Casio, los cabecillas de los asesinos, que se encontraban en Macedonia con 19 legiones y unos 100.000 hombres. Estos acuerdos fueron aprobados por una Asamblea del Pueblo en Roma.


La reconciliación de Octavio y Antonio se confirmó con un matrimonio: Octavio anuló su compromiso matrimonial con Servilia y contrajo matrimonio con Clodia, hija de Fulvia, esposa de Antonio.
La primera medida del triunvirato fue declarar una proscripción general, una de las más sangrientas de la historia de Roma, con una doble finalidad: eliminar a todos los enemigos del triunvirato y recaudar fondos para la guerra contra Bruto y Casio. Fue una de las decisiones más difíciles que tuvo que tomar Octavio, a la cual en un primer momento se opuso tajantemente; acabaron por convencerlo algunas circunstancias entre las que destacan la importancia vital que tenía para él vengar el asesinato de su padre adoptivo, el hecho de necesitar fondos para pagar a las legiones para poder alcanzar tal fin y la convicción de que la famosa clemencia de César no evitó el odio contra él. De este modo 300 senadores y más de 2000 altos cargos fueron acusados de complicidad en el asesinato de César y condenados a muerte. Casi toda la oposición republicana de Italia fue aniquilada. Nada pudo hacer Octavio para evitar la muerte de algunos ciudadanos, como es el caso de Cicerón, cuya cabeza fue exigida de manera innegociable por Antonio para llegar al acuerdo.

Las masacres del triunvirato. Antoin Caron.1566. Museo del Louvre

Entre tanto la causa republicana se iba afianzando al irrumpir en escena Sexto Pompeyo (hijo de Pompeyo Magno) que tras ver morir a su padre de manera ingnominiosa en las costas de Egipto, se había unido a los anticesarianos.  Tras los Idus de marzo había conseguido el mando de una gran flota y, bajo el gobierno ya del triunvirato, se había adueñado de la isla de Sicilia lo que le otorgaba una posición muy ventajosa pues controlaba el abastecimiento de grano que alimentaba a la población romana proveniente de Egipto, África y la propia Sicilia. El bando republicano se consolidaba: al este controlaban la situación Bruto y Casio y al oeste, Sexto Pompeyo.

Aureo de Sexto Pompeyo en el que se proclama hijo del Magno Imperator desafiando a los triunviros
y, en especial. a Octavio

       Octavio se enfrentó a Sexto en una breve escaramuza resultando derrotado; este hecho precipitó su partida hacia Oriente junto a Marco Antonio al encuentro definitivo con Bruto y Casio.

domingo, 13 de abril de 2014

El Templo de Apolo Sosiano

El primer templo dedicado en Roma al dios Apolo Médico se remonta al 431 a.C. y fue construido tras una epidemia de peste. Con posterioridad fue dedicado también a su hermana Diana al ser demolido su templo para la edificación del Teatro Marcelo. En el 34 a.C., Cayo Sosio lo reconstruyó a instancias de Augusto.

Reconstrucción del Templo de Apolo Sosiano junto al Teatro Marcelo

Restos del Templo de Apolo Sosiano junto al Teatro Marcelo. Roma 2005

       Presentaba un podio con una escalera central; sin embargo fueron sustituida por dos escalinatas que flanqueaban el pronaos cuando se construyó el teatro Marcelo (que se encuentra al lado). Era hexástilo y pseudoperíptero con capiteles corintios adornados con motivos vegetales.

Detalle de los capiteles y el friso

En el interior de la cella, las paredes estaban decoradas con escenas de las batallas legadas al triple triunfo celebrado por Augusto en el 29 a.C. El frontón del templo se adornaba con esculturas traídas desde Grecia procedentes de los despojos de un templo griego clásico de la época del Partenón escenificando una amazonomaquia. Se conserva reconstruido en los Museos Capitolinos.

Escenas de una amazonomaquia. Reconstrucción del Frontón. Roma. Museos Capitolinos

Teseo. Detalle del Frontón. Roma. Museos Capitolinos

Escenas del desfile triunfal de Augusto. Roma. Museos Capitolinos

Escenas de batalla. Roma. Museos Capitolinos

El Templo de Apolo Sosiano refleja el nuevo estilo decorativo que estaba despuntando;  se aprecia por ejemplo en las columnas en cuyo fuste las estrías se van volviendo desiguales a la vez que van ascendiendo: alternativamente más largas y más estrechas. Se mezcla la tradición republicana con las influencias de arquitectura helenística griega y de Asia Menor. Otra novedad es la decoración destinada a honrar a Augusto como el laurel en el friso y en los capiteles.
En la actualidad sólo se conservan tres columnas que salieron a la luz en 1930 durante las tareas de limpieza y aislamiento del Teatro Marcelo. Es una de las pocas veces que la arqueología devuelve unos restos de los que sólo se conocía su existencia a través de las fuentes escritas.

Las tres columnas que aún siguen en pie del Templo de Apolo Sosiano. Roma 2013

miércoles, 9 de abril de 2014

El Tesoro de Boscoreale

El Tesoro de Boscoreale

Se conoce con este nombre a los 109 objetos de plata pertenecientes a una vajilla que un obrero que trabajaba en la excavación de una gran villa cerca de Pompeya descubrió en el interior de una cisterna en 1895. Seguramente un esclavo la escondió en ese lugar para protegerla en el momento de la erupción.
La vajilla de plata fue un lujo en una sociedad romana que en la época republicana había rechazado la ostentación en la mesa. El conjunto de Boscoreale, que contiene algunas piezas muy valiosas, es una evidencia del excelente refinamiento de las clases altas romanas a comienzos de la época imperial momento en el que el lujo comenzó a extenderse a todos los ámbitos de la vida cotidiana. Por tanto, se data en el siglo I d.C.
El tesoro de Boscoreale lo forman recipientes para beber o para servir agua, bandejas y otros accesorios de servicio de mesa. También incluye objetos de tocador como son tres lujosos espejos; la gran mayoría de estas piezas están enriquecidas con bellísimos relieves de gran valor artístico.
La mayor parte de los objetos que componen el tesoro toman prestada su decoración del repertorio común de la orfebrería y en concreto, de las artes menores helenísticas. El conjunto se caracteriza por una gran calidad técnica y un gusto decorativo muy firme en la elección de motivos que casi siempre se enmarcan en una exuberante decoración vegetal con reminiscencias  friso inferior del Ara Pacis Augustae.

  • Copa de plata con decoración vegetal

Detalle del Friso inferior del Ara Pacis Augustae. Roma 2013
Copa de plata con decoración vegetal

            En sus 15,5 cms de altura se extiende una decoración de flores con tallos finos que se despliegan simétricamente a uno y otro lado. Anima la composición animales mitológicos.


  • Copa de plata con decoración de hojas de olivo


          Continúa con el mismo estilo decorativo pero ahora hay un contraste entre el volumen de las olivas y la superficie plana de las hojas. No es un motivo original, pues ya aparece en el tesoro de la casa de Menandro; sin embargo, Boscoreale muestra una mayor calidad técnica y artística, evidente en la delicadeza de los trazos.

  • Vasos de las cigüeñas


        La misma maestría se observa en este modelo que reproduce con gran naturalismo una familia de cigüeñas, temática afín al repertorio nilótico; sin embargo aquí vemos una secuencia seriada de escenas en la que una madre alimenta a sus polluelos, otro pájaro disputa un insecto, etc…algo propio del arte romano.

  • Vasos de los esqueletos
       
      
       Son los más originales: bajo una guirnalda aparecen una serie de esqueletos de filósofos y poetas griegos en diferentes escenas que aluden a la fugacidad de la vida en un himno que invita a vivirla intensamente.

  • Copas báquicas

         
          Recuerdan el triunfo de Baco y de la alegría de vivir, testimonian el mismo espíritu. De una manera amable y pintoresca hace contrastar la gracia de los putti con el poderío del león.

  • Copa con cabeza de mujer

          
           Una de las piezas más extraordinarias es ésta copa baja  de boca ancha cuyo centro lo domina una cabeza de mujer que podría ser la reina Cleopatra (porta un áspid en su  mano derecha) o la personificación de la ciudad de Alejandría. De una gran finura, la talla es realzada por un dorado discreto.


  • Copas de  Augusto y Tiberio
         
       Son las más impresionantes por  su gran valor histórico ya que teproducen escenas vividas por los protagonistas.
         En la primera, aparece  Augusto durante su estancia en el Rin rodeado de su ejército y lictores mientras recibe en acto de sumisión a dignatarios bárbaros.



           En la otra cara, el emperador entronizado sostiene el orbe mientras recibe honores de las provincias del Imperio y de los dioses ncabezados por Venus (fundadora de la gens Julia) que le ofrece una estatuilla de Cupido. Detrás de él aparece Marte seguido de las provincias conquistadas.



        En la otra copa Tiberio subido en una cuadriga celebra una procesión triunfal representada con gran detalle: el general triunfante sostiene un cetro y una rama de olivo y es coronado de laurel por un esclavo que le recuerda su mortalidad. En la otra cara aparece el sacrificio de un buey ante el Capitolio.



            
         Representa de manera muy sensual el mito de Leda y el cisne, animal en el que se personifica el dios  Zeus para seducir a la mujer. De nuevo gran virtuosismo técnico.

  • Jarra para el vino


            En ella aparecen talladas unas bellísimas nikés aladas sacrificando animales. El asa termina por arriba en una hoja de olivo y por abajo en una cara de Sileno. El pie está decorado con molduras de hojas. Aunque se aprecia la influencia griega, el principio de simetría es algo muy característico de la orfebrería romana.