viernes, 24 de marzo de 2017

El gran camafeo de Francia


Gran Camafeo de Francia. 23 d.C.


         El gran camafeo de Francia es el más grande de los camafeos romanos conservados. Se expone en el gabinete numismático de la Biblioteca Nacional de París desde 1791.
Datado en el año 23 d.C. (en los meses sucesivos a la muerte del hijo de Tiberio) mide 31 cms de alto por 26,5 de ancho. De exquisita finura, representa a la familia imperial en aquellos años poniendo de manifiesto la continuidad de la dinastía julio-claudia. Está realizado con cinco capas de ónice.
Se divide en tres franjas: en la superior se colocan los difuntos con Augusto en el centro vestido de Pontifex Maximus; ciñe su cabeza una corona radiada aludiendo a su divinización. Es conducido por Iulo, hijo de Eneas y fundador de la dinastía. A su izquierda, se reconoce a Druso el menor (hijo de Tiberio) y a su derecha a Germánico ascendiendo sobre la grupa de Pegaso.


Druso el menor en una moneda y en una copia del Gran Camafeo de Francia

En la franja central aparece Tiberio en el centro de la composición sentado sobre un trono vestido con la égida de Júpiter y sosteniendo en su mano derecha el  lituus de los augures. Lo flanquean dos mujeres: su madre Livia a su derecha, sentada en otro trono portando entre sus manos un ramo de espigas y amapolas, atributos de Ceres; mientras a su izquierda se encuentra su cuñada Antonia la Menor viuda de su hermano Druso el mayor. Los escoltan de un lado, Nerón César (el hijo mayor de Germánico y Agripina) acompañado de su madre y de su hermano pequeño, Calígula, que porta vestimenta militar y las pequeñas sandalias (caligae) que le valdrían su famoso apodo. Al otro extremo aparecen el segundogénito del insigne matrimonio, Druso, elevando un trofeo hacia su padre Germánico, y Claudia Livila, viuda de Druso el menor y nuera del emperador.


Tiberio en una moneda y en una copia del Gran Camafeo de Francia

      En el registro inferior se representan diferentes caudillos bárbaros, probablemente partos (con gorro frigio) y germanos (con largos cabellos).


Camafeo de Livia y Augusto. S. I a.C. Viena. Kunsthistorisches Museum y Livia en una copia del Gran Camafeo de Francia

miércoles, 15 de marzo de 2017

La política del terror

Tras conocer la implicación de Sejano y Livila en la muerte de su hijo Druso, la ira del emperador cayó sobre todos los que hubieran colaborado de alguna manera con Sejano. Muchas personas fueron juzgadas y ejecutadas siendo sus propiedades confiscadas. Tiberio “mandó que todos los que estaban en la cárcel  acusados de complicidad con Sejano fueran ejecutados. Podía verse por tierra una inmensa carnicería: personas de ambos sexos, de toda edad, ilustres y desconocidos, dispersos o amontonados. No se permitió a los parientes o amigos acercarse ni llorarlos, y ni siquiera contemplarlos durante mucho tiempo, antes bien se dispuso alrededor una guardia que, atenta al dolor de cada cual, seguía a los cuerpos putrefactos mientras se los arrastraba al Tíber, donde si flotaban o eran arrojados a la orilla no se dejaba a nadie quemarlos ni tocarlos siquiera. La solidaridad de la condición humana había quedado cortada por la fuerza del miedo, y cuánto más crecía la saña, tanto más se ahuyentaba la piedad” (Tácito. Anales. Vi, 19, 2).


Tiberio. Siglo I d.C. Londres. Museo Británico

No sólo fueron perseguidos los culpables sino también sus amigos y conocidos que sólo habían pretendido acercándose a Sejano contar con el favor del emperador. Curioso es el caso del caballero romano Marco Terencio, que al contrario de la gran mayoría no renegó de su amistad de Sejano, hablando ante el Senado durante su proceso de la siguiente forma: “Seguramente a mi suerte le conviene mejor reconocer la acusación que negarla; pero suceda lo que suceda, confesaré que no sólo fui amigo de Sejano, sino que busqué serlo, y que tras conseguirlo me alegré. Lo había visto como colega de su padre en el mando de las cohortes pretorianas y luego hacerse cargo a un tiempo del gobierno de la Ciudad y del ejército. Sus allegados y afines recibían honores; en la medida que uno tenía intimidad con Sejano, ganaba en amistad con el César; en cambio los que estaban contra él se veían agobiados por miedos y duelos. No tomo a nadie como ejemplo: defenderé con mi sólo riesgo a todos los que estuvimos al margen de sus últimos planes. En efecto, no servíamos a Sejano el de Bolsena, sino a un miembro de las casas Claudia y Julia, en las que había entrado por alianza familiar, honrábamos a tu yerno César, a tu colega en el consulado, que desempeñaba tus mismas funciones políticas. No nos toca a nosotros el juzgar a quien encumbras tú sobre los demás ni las causas por las que lo haces: a ti te han otorgado los dioses el juicio último, dejándonos a nosotros la gloria de la lealtad. Por ello miramos a lo que tenemos ante nuestros ojos: quien recibe de ti riquezas y honores, a quienes das el mayor poder para hacer bien y hacer daño, todo lo cual nadie negará que lo tuvo Sejano. Escrutar los escondidos pensamientos del Príncipe y si tiene algún designio secreto es ilícito y peligroso; además, nada se podría conseguir. No penséis senadores en el último día de Sejano, sino en sus dieciséis años. Incluso a Satrio y Pomponio los venerábamos; hasta el ser conocido de sus libertos y porteros se tomaba como algo magnífico. ¿Entonces qué? ¿se va a conceder a todos esta defensa indiscriminada? No, manténgase en sus justos términos. Que se castiguen las insidias contra el estado, los proyectos de asesinato contra el emperador, pues de su amistad y de los deberes inherentes a ella no absolverá tanto a ti, César, como a nosotros, un mismo final” (Tácito. Anales. VI, 8). Terencio no sólo fue absuelto al manifestar tan brillantemente lo que  muchos pensaban sino que sus acusadores fueron castigados.
Pero, como en todas las persecuciones de la historia, las falsas denuncias y las delaciones por venganza tomaron la ciudad, seguramente en muchas ocasiones siendo ajeno a éstas el propio Tiberio, quien sin estar libre de culpa, aumentó su aislamiento en la isla de Capri, provocado por la decepción y el pánico irracional a que intentaran acabar con su vida. A partir de aquí, su retirada fue completa desentendiéndose totalmente de las tareas de gobierno. El Imperio siguió funcionando debido a la perfecta maquinaria burocrática creada por Augusto.


Villa Jovis. Siglo I d.C. Capri

Toda esta política dañó irremediablemente la imagen de un emperador eficaz que se ha visto injustamente en muchas ocasiones clasificado junto con los  peores dirigentes del Imperio. La muerte en el año 33 de Agripina y de su hijo Druso (Nerón había muerto en el 31), a los que no se permitió ni siquiera un entierro digno, empeoró su reputación pues al odio de las clases superiores se unió el aborrecimiento de toda Roma. En ese momento comenzaron a circular todo tipo de historias sobre él en Capri, atribuyéndole vicios repugnantes de gran crueldad y prácticas sexuales en las que se combinaban el sadomasoquismo, el voyeurismo y la pedofilia. Hoy en día los historiadores tienden a considerar falsas estas acusaciones pues Tiberio siempre había sido muy parco, sexualmente hablando, y sin embargo, la propagación de las mismas nos sugieren la pésima opinión que Roma tenía de su emperador los años finales de su gobierno.

martes, 7 de marzo de 2017

Claudia Livila

Camafeo con la supuesta imagen de Livila. Siglo I d.C. Berlín. Altes Museum
Fuente: Di Sailko - Opera propria, CC BY 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=40898244


          Fue la única hija nacida del matrimonio entre Druso el Mayor  y Antonia la mayor, por tanto hermana de Germánico y del futuro emperador Claudio además de sobrina de Tiberio. Nació en el año 13 a.C. Recibió el nombre de Livia en honor de su abuela, aunque para diferenciarla de aquella siempre se la conoció como Livila.
Siendo aún muy pequeña se quedó huérfana de padre, por lo que se trasladó junto con su madre a la Casa que compartían Augusto y Livia en el Palatino. Allí recibiría la misma educación rígida que todas las mujeres de la casa imperial basada en la instrucción en todas las labores del hogar, en especial las de lana y el telar, y en el conocimiento de la retórica y el griego.
Siendo apenas una adolescente contrajo matrimonio con Cayo César, el primogénito de los nietos de Augusto y principal heredero del Imperio. No obstante, al morir el joven prematuramente en el año 4 d.C., Livilla (que entonces contaba con unos 17 años) se casó en segundas nupcias con su primo hermano, Druso el Menor, también heredero imperial, al ser el hijo natural de Tiberio, que en aquella época fue adoptado por Augusto. Con Druso tuvo una hija Julia Livila y los gemelos Tiberio y Germánico Gemelo (éste fallecido a muy corta edad).


 Livila y el alma del ya fallecido Druso el Menor en el Gran Camafeo de Francia. 23 d.C. París.
Gabinete de Medallas

Durante el año 23, murió su marido Druso a los 37 años. En principio se atribuyó su muerte a la vida de excesos del joven, que pasaba sus noches entre tabernas y lupanares. No obstante, cuando Sejano fue ejecutado, la primera mujer de éste, Apicata, envió una carta a Tiberio antes de suicidarse en la que acusaba a su exmarido y a Livila de haber sido amantes y de haber planeado entre ambos la muerte de Druso, siendo la nuera del emperador quien se había encargado de administrar el veneno lentamente para simular una enfermedad. Esta acusación, confirmada por los esclavos que la ayudaron supuso el final de Livila. Según Dión Casio por respeto a su cuñada Antonia, Tiberio dejó su castigo en manos de ella que la confinó a morir de hambre encerrada en su habitación en el año 31, aunque realmente no está claro el final trágico de Livila.
A pesar de haberse divulgado tradicionalmente esta versión hay muchas sombras sobre la vida de Livila pues ¿qué ganaba ella al unir sus ambiciones a Sejano, si a través de su matrimonio con Druso, ellos eran los principales herederos del Imperio tras la muerte de Germánico?. Puede ser que la joven se enamorará del prefecto, quien según Dión Casio era “el amante de las mujeres de todos los hombres libres” (Historia Romana), y que sedujera a Livila con promesas de matrimonio; quizás ésta habría caído rendida en sus brazos ante el abandono a la que la sometía su esposo, pero también es verdad que una esposa romana nunca esperaría fidelidad de su marido. Tácito corrobora está historia diciendo que Livila “poco agraciada en sus primeros años, llegó luego a destacar por su belleza. (Sejano) fingiéndose enamorado de ella la arrastró al adulterio y después que la señoreó con el primer delito, pues una mujer que pierde su pudor ya no es capaz de negar nada, empezó a azuzarla a la esperanza del matrimonio, al Imperio compartido y al asesinato de su marido. Y ella, que era sobrina nieta de Augusto, nuera de Tiberio y madre de los hijos de Druso, se deshonraba a sí misma y a sus mayores cometiendo adulterio con un hombre salido de un municipio, ansiando un futuro criminal e incierto en lugar del honesto presente (Anales. 4, 3,3-4).


Livila (Patricia Quinn) en un fotograma de la serie Yo, Claudio, 1976

Sin embargo, es muy extraño que teniendo prácticamente a su alcance la corona de emperatriz, Livila lo arriesgara todo por un sentimiento romántico hacia un hombre mayor que ella y de baja estirpe. Otra posible teoría es que ella no hubiera tenido que ver nada con la muerte de Druso y, que al quedar desvalida tras el fallecimiento de éste, se uniera a Sejano para asegurar el trono a sus hijos frente a los hijos de Germánico respaldados por la fiera Agripina y el amor del pueblo. En el año 25, Sejano solicitó a Tiberio la mano de Livila, que éste rechazó dándole un primer toque de atención al prefecto. Posteriormente, accedió a que el prefecto contrajera nupcias con la hija de Livila, Julia. No obstante, de una manera o de otra la caída de Sejano supuso la de Livila y la damnatio de su memoria. “En Roma, como si los crímenes de Livila no hubieran sido castigados ya tiempo atrás, se presentaban mociones durísimas contra sus estatuas y su memoria” (Tácito. Anales, VI, 2,1).
Así, la mayoría de historiadores antiguos coinciden en dotar a Livila de un perfil negativo. Suetonio dice de ella que siendo niña cuando “oyó que su hermano Claudio sería emperador, abominó públicamente y en voz alta de la suerte tan miserable e indigna que le estaba reservada al pueblo romano” (Vida de Claudio, 3,2). Esto revela una repulsión no disimulada hacia su débil y enfermizo hermano pequeño que contrasta con el gran cariño y respeto que siempre le profesó a Claudio el hermano mayor de ambos, el bondadoso Germánico.

viernes, 3 de marzo de 2017

Tiberio y Sejano

Aunque la mayoría de historiadores antiguos condenan a Sejano por su sangre fría y extrema crueldad, no se ponen de acuerdo en afirmar si fue él quien manipuló a Tiberio o, si al contrario, el prefecto fue sólo un instrumento entre las manos del César.


Sejano (Patrick Steward) departe con Tiberio (George Baker) en un fotograma de la serie Yo, Claudio, 1976

Uno de los que se adhiere a esta segunda teoría es Suetonio, que señala que Tiberio se valió de Sejano para eliminar a la familia de Germánico, y después se lo quitó de encima cuando ya no le era útil. “De sus asesores, apenas dos o tres conservaron la vida; a los demás los hizo perecer por diferentes motivos, entre ellos a Elio Sejano, que arrastró en su caída a muchos más. Había elevado a este último a la cima del poder no tanto por afecto cuanto para tener de quien servirse a la hora de envolver con artimañas a los hijos de Germánico y asegurar la sucesión del imperio a su verdadero nieto, el hijo de Druso” (Vida de Tiberio. III, 55).
 Tácito por su parte, afirma que todo el horror del gobierno de Tiberio fue debido a Sejano aunque tampoco exculpa al propio emperador. “(Tiberio) fue de una execrable crueldad, pero ocultando sus vicios mientras amó o temió a Sejano” (Anales. VI, 3). Por su parte de Sejano dice que “tenía un cuerpo resistente a las fatigas y un espíritu audaz; hábil para ocultarse a sí mismo, y para acusar a los demás; trepador y orgulloso a la vez, ocultaba bajo las apariencias de la modestia una sed desenfrenada de grandezas; para llegar a donde quería, usaba, a veces, la generosidad y el fasto; otras, la vigilancia y la actividad” (Anales. IV, 1,3).
Sólo Veleyo Paterculo, que fue contemporáneo de Sejano aporta una descripción favorable del mismo, al que define como “hombre de gran constitución física sólo comparable a su vigor de ánimo, de una gravedad serena, de una gran afabilidad que recuerda a la de épocas antiguas; es activo sin parecerlo, no reclama nada para sí y por lo mismo todo lo obtiene; se cree siempre indigno de la estima que los demás le otorgan; su rostro es tranquilo como su vida; de ánimo infatigable” (Historia Romana, Libro 2). A Veleyo se le atribuye cierta amistad con Sejano de ahí que fuera uno de los ejecutados tras la caída del prefecto del pretorio.


Tiberio. Siglo I d.C. Roma. Museos Capitolinos

En realidad, es difícil saber si realmente Sejano preparaba una conspiración contra Tiberio pues todos los historiadores latinos hablan de ello muy de pasada. Desgraciadamente, el relato de Tácito al respecto se ha perdido. Sólo Dión Casio ofrece una narración más detallada de la desgracia de Sejano. Muchos historiadores contemporáneos consideran a Sejano inocente de conspirar contra el emperador pues en esa época Tiberio era ya un anciano al que no debía quedar mucho tiempo de vida, y nada iba a obtener él a cambio. Opinan que fue más bien víctima de una conspiración contra él llevada a cabo por la élites de la sociedad romana a quien tanto había perseguido.
Por mi parte, teniendo en cuenta que ni Sejano ni Tiberio despiertan mis simpatías, pienso que debe haber algo de verdad en cada una de estas versiones contradictorias. Pienso que Sejano vivió dominado por gran una ambición (queriendo emular al incomparable Agripa) y que no se paró ante nada para alcanzar sus objetivos. Por su parte, Tiberio le dio alas porque le convenía, porque odiaba gobernar. No obstante, cuando percibió que las atribuciones de su consejero eran exageradas lo eliminó. Sea cierta o no la teoría de la conspiración, creo que el emperador debió darle veracidad pues si no, sería difícil de explicar la violenta purga que practico entre todos los allegados y conocidos del prefecto, pues hasta ese momento la crueldad de Tiberio había sido moderada. Por otra parte, está claro que el odio que el pueblo romano profesaba al emperador venía en gran parte motivado por toda la crueldad que le permitió a Sejano, en especial contra la venerada familia de Germánico. Por tanto, el prefecto no pudo ser tan inocente. 

miércoles, 22 de febrero de 2017

La caída de Sejano

Tras la desaparición de la escena política de la familia de Germánico y con la perpetua estancia del emperador en Capri, Sejano vivió el máximo apogeo de su poder siendo nombrado cónsul junto a Tiberio (éste in absentia) en el año 31. El poder del prefecto del pretorio era tan inmenso que todos lo miraban como si él fuese el verdadero emperador. Se le decretaron múltiples honores: que el día de su cumpleaños fuera reconocido como fiesta nacional, una embajada de ciudadanos debía recibirlo cada vez que regresaba a Roma y se ofrecían sacrificios por él al mismo nivel que se ofrecían por Tiberio.


Moneda emitida en conmemoración del consulado de Sejano
Fuente: De Classical Numismatic Group, Inc. http://www.cngcoins.com, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=2385745

Sin embargo, su cruel comportamiento acabó suponiendo su ruina.  Ese mismo año, Sejano fue destituido y condenado a muerte por parte del emperador. Aún hoy los motivos de este desenlace no están claros.
La versión más extendida es la de Flavio Josefo. Según él, Antonia la Menor (cuñada de Tiberio y madre de Germánico) alertó a Tiberio de una conjura que Sejano estaba preparando en Roma para destituirlo. Ella se habría enterado a través de un cliente del prefecto. En la versión de Dión Casio es el propio Tiberio el que personalmente decide poner fin a la acumulación de poder de Sejano, ante las señales de que pretendía suplantarle.
Para no levantar sospechas (pues Sejano contaba con el favor de los pretorianos), el emperador lo cubrió de aún más honores, permitiendo incluso que su nombre fuera escrito junto al suyo en documentos oficiales. Al mismo tiempo le concedió la mano de su nieta Julia Livila (hija de Druso y de la ex amante de Sejano, Claudia Livila). No obstante, por otro lado, había parado un proceso contra un enemigo de Sejano, nombrando a este último sacerdote junto a Calígula, por quien mostraba cada vez más una singular predilección, jugando la baza del amor del pueblo por la familia de Germánico. Finalmente, renunció al consulado instando al prefecto a renunciar también. La gente estaba desconcertada por lo que empezaron a evitar a Sejano.


Sejano (Patrick Stewart) es detenido por la guardia pretoriana en un fotograma de la serie Yo, Claudio, 1976
Fuente: http://imperioromanodexaviervalderas.blogspot.com.es/2016/09/poderio-y-caida-de-lucio-elio-sejano.html

El 17 de octubre del año 31, Tiberio nombró secretamente a Quinto Sutorio Macrón como Prefecto del Pretorio, anteriormente prefecto de las cohortes urbanas. Éste se ganó el apoyo de parte de los pretorianos. Del mismo modo informó a Sejano de que el emperador le había concedido la potestas tribunicia. El Senado fue convocado en el Templo de Apolo Palatino y, Sejano se dirigió allí exultante con su nuevo logro. Macrón permaneció fuera del recinto y cambió la guardia por hombres de su confianza. En la sesión del Senado se leyó una carta enviada por Tiberio en la que alababa a Sejano. De repente, al final de la misma, el emperador comenzó a acusar enérgicamente al prefecto de traición, anunciando su destitución y ordenando su arresto inmediato e ingreso en la Cárcel Marmetina. Durante el traslado, el pueblo lo cubrió de insultos mientras destrozaban todas sus estatuas a su paso. Mientras, en la Castra Praetoria los pretorianos habían aceptado ya a Macrón como su nuevo jefe.


Interior de la Cárcel Marmetina. Siglos  IV- II a.C. Roma
Fuente: http://www.nationalgeographic.com.es/historia/actualidad/carcel-mamertina-sido-reabierta-publico-roma_10539/6

El Senado se volvió a reunir y condenó a Sejano a muerte. Probablemente esa misma noche fue estrangulado y su cuerpo fue arrojado por la escalera de las Gemonias, después de haber sido despedazado por una masa enfurecida. Inmediatamente, fueron ejecutados familiares y amigos de Sejano, incluidos los hijos de éste con su primera mujer, Apicata. La ejecución de la niña de 11 años fue uno de los actos más deplorables de la Antigua Roma: como una antigua ley prohibía ejecutar a una virgen, fue violada antes de ser ejecutada. La pequeña no cesaba de gritar que no lo volvería a hacer, en alusión a alguna travesura infantil. La madre de los niños se suicidó después de mandar una carta a Tiberio en la que acusaba a Sejano de la muerte de su hijo, Druso, con la complicidad de la mujer de éste, Claudia Livila. Esta confesión fue corroborada por esclavos y la propia Livila. Según Dión Casio, por deferencia a su cuñada Antonia (madre de Livila), Tiberio dejó su castigo en manos de ésta. Aunque algunos dicen que Livila se suicidó, la versión más extendida es que su propia madre la encerró en una habitación dejándola morir de hambre. Tanto a Livila como a Sejano se le aplicó la damnatio memoriae, de ahí que no hayan llegado hasta nosotros representaciones fiables de ninguno de los dos.

miércoles, 15 de febrero de 2017

El Final de Agripina la Mayor

La muerte de Livia supuso un cambio radical en la política de Sejano mientras que Tiberio prolongaba su retiro en Capri, despreocupado de las tareas de gobierno. El Prefecto del Pretorio inició entonces una serie de juicios amañados contra senadores y ricos caballeros, a los que proscribía y les confiscaba sus bienes que iban a parar a las arcas del Estado y a la suya propia.
La mayoría de ellos fueron acusados de laesa maiestas u ofensa a la majestad imperial por la elaboración de versos difamatorios o por haber realizado comentarios subversivos que delataban oposición al gobierno de Tiberio. Muchas de las víctimas optaban por el suicidio para conservar su patrimonio para sus hijos
        Este estrato social empezó a vivir un infierno pues nadie sabía de qué o cuándo le iban a acusar de algo. Lo más afectados fueron especialmente aquellos cercanos al círculo de Agripina, viuda de Germánico. La intención de Sejano no era otra que eliminar a todos los posibles rivales que se interpusieran en su camino hacia el trono imperial, por lo que la familia del añorado general se convirtió en el principal escollo a salvar.

Agripina la Mayor. Siglo I d.C. Roma. Museos Capitolinos

La popularidad de Agripina y sus hijos no dejó de aumentar desde la muerte de Germánico, a quien el pueblo romano había amado más que a ningún otro general. El hijo mayor, Nerón, había vestido la toga viril en el año 23 d.C., un año antes que su hermano Druso. Poco tiempo antes, Tiberio recomendó a Nerón ante el Senado pidiendo que se le permitiera acceder a la cuestura cinco años antes de la edad legal. Así, consiguió alcanzar el pontificado en el año 20 d.C.  Narra Tácito que “el primer día en que Nerón hizo su entrada en el Foro se repartieron donativos al pueblo, alegre de ver ya crecido a uno de los hijos de Germánico” (Anales. III, 29, 3). 
      A la muerte de Druso, hijo del emperador en el año 23, Tiberio tomó a los adolescentes Nerón y Druso de la mano y dirigiéndose al Senado exclamó: “Padres Conscriptos, cuando estos niños se quedaron sin padre, los entregué a su tío y le rogué, aunque tenía su propia descendencia, que los cuidara como a su propia sangre y los ayudara, y que los hiciera semejantes a sí mismo para bien de la posteridad. Una vez que nos ha sido arrebatado Druso, a vosotros vuelvo mis ruegos y en presencia de la patria y de los dioses os emplazo: a estos biznietos de Augusto, nacidos de los más esclarecidos antepasados, acogedlos, guiadlos, cumplid vuestro deber y el mío. Éstos ocuparán, Nerón y Druso, el lugar de vuestros padres. Habéis nacido en tal condición que vuestros bienes y vuestros males trascienden al Estado” (Tácito. Anales. IV, 8,4). El pueblo estaba encantado pues toda la veneración que sentían por Germánico la habían trasladado a sus hijos, en especial a Nerón, favorito de Agripina y el que más se asemejaba a su padre en físico y actitud, aunque tenía una personalidad más débil que aquel.


Tiberio (George Baker) y Sejano (Patrick Stewart) en un fotograma de la serie Yo, Claudio, 1976

       No obstante, Sejano se había encargado de alimentar un odio creciente en Tiberio hacia Agripina y sus hijos, subrayando una y otra vez la ambición sin límites de la última nieta de Augusto que seguía con vida aunque, según él, conspiraba contra el emperador, apoyándose en el respaldo del pueblo que cuanto más adoraba a la descendencia de Germánico más detestaba a Tiberio. Ella por sí misma, de carácter fuerte y siempre dominada por un gran orgullo, se comportaba de forma que parecía confirmar los recelos del César. En una ocasión estando Tiberio ofreciendo un sacrificio ante al dios Augusto, Agripina le recriminó la persecución que padecían sus amigos “tomando el hecho como ocasión de reproche, (Agripina) le dijo que no era consecuente ofrecer víctimas al divino Augusto y perseguir a sus descendientes; que su divino espíritu no se había transmitido a efigies mudas; ella su verdadera imagen nacida de su sangre celestial sentía su peligro y se ponía de luto” (Tácito. Anales. IV, 52, 2). Tiberio le contestó sarcásticamente con un verso griego “Si tú no eres reina, hijita, ¿crees que se te hace una afrenta? (Suetonio. Vida de Tiberio. 53,1). En otra ocasión advertida maliciosamente por secuaces de Sejano de que Tiberio quería envenenarla, Agripina se negó a comer la fruta que le ofrecía Tiberio en un banquete, llenando de ira al emperador pues entendía que lo estaba acusando implícitamente de envenenador. Con posterioridad, una hastiada Agripina imploró a Tiberio llorando, que le buscara un marido, algo que el emperador no estaba dispuesto a concederle debido a la trascendencia política de tal unión.


Tiberio y Agripina la mayor. Pedro Pablo Rubens. 1614. Washington. National Gallery of Art

              Uno de los candidatos que Agripina barajaba como su futuro esposo era Cayo Asinio Galo. Esta proposición supuso la ruina del senador pues Tiberio lo odiaba al haber estado casado con su amada Vipsania (ya fallecida), tras su obligado divorcio. Fue encarcelado sin un juicio previo y se le dosificaba la comida a fin de mantenerlo con vida pero con las justas fuerzas, pues Tiberio deseaba para él el mayor sufrimiento.
           Sin embargo, mientras Livia vivió ni Tiberio ni Sejano se atrevieron a tocar a la progenie de Germánico, pues aquella los protegía. Pero en el año 30, sólo meses después del fallecimiento de la emperatriz,  Sejano urdió una trama para acabar con Agripina y sus dos hijos varones mayores. Convenció a Tiberio de que la nieta de Augusto y Nerón estaban conspirando contra él, a través de engaños y falsos confidentes. Tiberio envió entonces al Senado una carta contra ambos en la que acusaba a Nerón de amores viciosos con muchachos. Contra Agripina sólo alegaba lo arrogante de su gesto y su carácter rebelde. En ese momento, el pueblo, afín desde siempre a Germánico, rodeó la Curia portando imágenes de Agripina y Nerón. Esta situación paralizó por un tiempo la sentencia. No obstante, Sejano se quejó de que Roma estaba al borde del golpe de estado así que Tiberio volvió a arremeter contra ellos y los juzgó personalmente sin la intervención del Senado. Así Agripina fue desterrada a la Isla de Pandataria (la misma en que murió su madre Julia) y Nerón a Pontia. Antes de partir Agripina perdió un ojo a causa de una disputa con un centurión.


Moneda con Tiberio en el anverso y Nerón y Druso en el reverso

El segundogénito Druso, de carácter más violento, se salvó por el momento pues, envidioso de la preferencia que su madre otorgaba a su hermano, no dudó en testificar contra él engatusado por Sejano. Sin embargo, sólo un año después fue acusado igualmente de traición y fue encarcelado. Quizás Tiberio prefería tenerlo cerca por si tenía que aplacar al pueblo.
El año 31, Nerón fue mandado asesinar por Sejano, quien puso en conocimiento de Agripina el final de su hijo predilecto. Ella misma, obligada a comer por Tiberio, se dejó morir de hambre en el año 33, el mismo en que murió de inanición Druso al quien encontraron en su celda muerto habiendo intentado devorar la lana de su colchón. Un muy triste final para los pocos descendientes que quedaban de Augusto. Un último destello del odio de Tiberio por Agripina se trasluce del hecho que sólo muerta ésta, ordenó a matar a Plancina (la mujer de Pisón, presunto autor del envenenamiento de Germánico) que era una protegida de Livia. Mientras que la nieta de Augusto vivió no quiso darle esa satisfacción.
En este momento de los hijos varones de Germánico sólo quedaba Cayo César, al que todos llamaban Calígula, que contaba en esta época,18 años. Éste, que había vivido con Livia, pasó a vivir con su abuela Antonia a la muerte de aquella. En el año 31, viendo el peligro inminente sobre su cabeza se trasladó a vivir con Tiberio a Capri logrando reconciliarse con él; algo que no es de extrañar pues Calígula era un maestro del fingimiento, y pocas personas en la historia han logrado superar su vileza, incluso a tan corta edad. “(Calígula) ocultaba un ánimo feroz bajo una engañosa modestia, sin que hubiera alterado el tono de su voz la condena de su madre ni el exterminio de sus hermanos; según tuviera el día Tiberio, él adoptaba un aire igual, y con palabras no muy distintas a las suyas. De ahí el agudo y tan divulgado dicho del orador Pasieno de que “nunca fue mejor el esclavo ni peor el amo” (Tácito. Anales. VI, 20, 1).


Cayo César Calígula. Siglo I d.C. New York. Metropolitan Museum of Art. Foto de Bill Storage, Laura Maish, John Pollini y Nick Stravrinides

martes, 7 de febrero de 2017

Livia en la literatura y el cine




       A pesar de la importancia de Livia en la historia de la Antigua Roma, no hay mucha bibliografía específica sobre ella, particularmente en castellano. Para mi estudio pormenorizado sobre la gran emperatriz, me he basado fundamentalmente en la obra de Matthew Denninson, Livia l’imperatrice di Roma, un libro que desde la óptica de la historiografía moderna traza un perfil más humano de la mujer que tuvo que cargar durante siglos con el estigma de manipuladora y ambiciosa, hasta el límite de convertirse en una asesina, que le impuso Tácito en sus Anales. Dennison quiere dejar claro durante todo el libro que ese es el precio que tuvo que pagar Livia al ser capaz, siendo mujer,  de atreverse a ejercer el poder que Augusto le otorgó. Aquello era demasiado para un mundo romano regido desde siempre sólo por hombres. En esta línea de restitución de la emperatriz están las obras de Anthony Barret, Livia: First lady of Imperial Rome o la Livia de Lorenzo Braccesi, así como la novela del colombiano Enrique Serrano, La diosa mortal.
Como ya expuse en su día en mi reseña sobre la vida y personalidad de Livia, entre los escritores antiguos sólo Tácito y Dion Casio insinúan la afición de Livia a usar el veneno cuando alguien se cruzaba en su camino, siendo más numerosos los autores que alaban su carisma y singularidad como Veleyo Patérculo o Suetonio (quien no dudó en relatar con todo lujo de detalles los crímenes que se atribuyen a Tiberio, Calígula o Nerón y, sin embargo, nada apunta sobre Livia en este sentido).


Las diferentes edades de Livia (Sian Phillips) en Yo, Claudio. 1976

En la línea de Tácito y Dión está la maravillosa obra de Robert Graves Yo, Claudio de 1934 que tanto ha contribuido a crear la imagen negativa de la emperatriz. En ella, Livia es la protagonista femenina absoluta hasta el momento de su muerte. Manipula y mueve todos los hilos de la familia imperial, sin pararse ante nada, para conseguir que su hijo Tiberio herede el Imperio, como finalmente ocurrió. Si despojamos a la Livia que dibuja Graves del vestido de asesina despiadada y manipuladora que le endosó el escritor británico, el personaje concentra toda la fuerza y el carisma que sí debió tener la emperatriz y que tan magistralmente llevó a la pequeña pantalla en la homónima serie la actriz Sian Phillips en 1976, cuya imagen me cuesta desligar de ella en sus años de madurez.


Martina Stella como la joven Livia en la miniserie Augusto, el primer emperador, 2003

Livia aparece también en todas las obras dedicadas a su marido, como un personaje secundario, pero siempre de vital importancia en su vida. En los últimos tomos de la saga dedicado a Roma por Colleen McCullough, Livia aparece representada en la línea que la retratan los historiadores contemporáneos pero aunque es descrita como una mujer que empieza a despuntar como pilar fundamental en la vida del futuro Augusto, es aún una Livia muy joven e inexperta. La saga acaba tras la batalla de Accio, sobre el año 30 a.C. por lo que al final de la misma la futura emperatriz contaba con sólo 28 años.


Charlotte Rampling como la Livia madura en la miniserie Augusto, el primer emperador, 2003

En cuanto a la pequeña pantalla, Livia aparece en varias producciones además de en la mencionada Yo, Claudio, aunque en éstas se muestra de nuevo como un personaje sórdido aunque sin matices de envenenadoras. Entre ellas destacan la miniserie Augusto, el primer emperador romano en la que la emperatriz es representada en su juventud por Martina Stella y en sus años de madurez por Charlotte Rampling. En la serie Roma, Livia aparece en la segunda temporada siendo interpretada por Alice Henley. Aquí incluso la dibujan como una mujer viciosa a la que le gusta el sadomasoquismo en una imagen muy alejada de su famoso virtuosismo. Para mi gusto, ninguna de estas interpretaciones (exceptuando a Sian Phillips) logra captar la esencia de la emperatriz ni en lo referente a su aspecto físico ni en su personalidad arrolladora.


Livia (Alice Henley) seguida de cerca por Augusto (Simon Woods) en la serie Roma, 2005