domingo, 28 de mayo de 2017

El legado de Tiberio

Tengo que reconocer que Tiberio nunca ha sido santo de mi devoción, quizás influenciada por la antipatía que el hijo de Livia despertaba en mi admirado Augusto y en parte, también guiada por las impresiones de los historiadores antiguos de las que he ido dejando pinceladas en mis relatos. No obstante, el estudio más pormenorizado del personaje, aún sin que eso lo coloque entre mis romanos favoritos ni lo libere de todas sus sombras, ha conseguido inspirarme un inusitado respeto hacia él y, en ocasiones, incluso cierta compasión.
Actualmente la historiografía moderna coincide en afirmar que Tiberio fue un emperador aceptable además de un excelente militar y administrador. Evidentemente, también era un hombre de una época en la que el bien y el mal se concebían de forma muy diferente a como los entendemos hoy en día.

Tiberio. Siglo I d.C. Roma. Museos Vaticano

A pesar de que nunca deseó el poder absoluto, asumió sus responsabilidades con Roma al fallecer Augusto sin descendientes de su sangre. No obstante, Tiberio que siempre había albergado sentimientos republicanos, quiso devolver la capacidad de decisión al Senado, hasta el punto de consentir sin represalias que se aprobaran mociones a las que él mismo era contrario. Sin embargo, los senadores no se fiaban de las intenciones del emperador, lo que acabo desanimándolo.
Esto, unido a una serie de circunstancias adversas, tales como los frecuentes enfrentamientos con Livia, la muerte de su hijo Druso, la traición de Sejano…. contribuyó a que el emperador desatendiera cada vez más sus obligaciones gubernamentales. Su excesivo aislamiento en Capri no mejoró su situación sino que al contrario le granjeó por siempre el odio de un pueblo que se sentía abandonado y, que jamás le perdonó su supuesta implicación en la muerte de Germánico, aún cuando probablemente el joven héroe muriera por causas naturales.

Germánico. Siglo I d.C. Copenhage. New Carlsberg Glyptotek

La animadversión del pueblo aumentó debido a que Tiberio no llevo a cabo grandes juegos ni repartos de donativos para la plebe, pues todos los historiadores coinciden en decir que Tiberio había heredado unas arcas del Estado vacías y que saneó la economía consiguiendo dejar un amplio superávit a su muerte.  A pesar de los sentimientos del vulgo, el emperador tomó muchas medidas para mejorar las condiciones de los más necesitados, como librar Italia de bandas de ladrones, realizar obras públicas para desviar ríos y lagos que confluían en el Tíber y así evitar inundaciones, garantizar el abastecimiento regular de la ciudad tomando medidas contra los especuladores y repartir alimentos. Incluso Tácito revela que Tiberio donó 100 millones de sestercios para restaurar lo destruido por un incendio en el Aventino en el año 36. Nuevamente Tácito relata que en una ocasión que hubo escasez de monedas en circulación Tiberio repartió otros 100 millones de sestercios entre las bancas para ser devueltos sin intereses en 3 años.
Quizás lo que se critica también a Tiberio es que fuera excesivamente conservador, pues continuó, entre otras cosas, con la política de Augusto de defender la dignidad de los órdenes prohibiéndose a los hijos de senadores y caballeros ejercer de gladiadores o como artistas de teatro, siguió castigando con el exilio el adulterio de las matronas y emitió leyes contra el lujo y el despilfarro. Su postura es más radical que la de Augusto en determinados temas como el papel de la mujer en política, a lo que Tiberio era totalmente contrario, de ahí sus grandes desavenencias con Livia a la que privó de múltiples honores.
Por otra parte, en lugar de planificar nuevas conquistas, decidió fortalecer el Imperio mediante la edificación de defensas, mediante la diplomacia y manteniéndose al margen de las disputas entre monarcas extranjeros.
Tiberio tampoco se caracterizó por llevar a cabo grandes obras públicas. Antes de ser emperador restauró los Templos de la Concordia y Cástor y Pólux en el Foro Romano y ya en el trono imperial además de agrandar sus grandes villas en Roma, Sperlonga y Capri construyó un templo a Augusto e inició las tareas de restauración del Teatro de Pompeyo.

Puente de Tiberio. Siglo I d.C. Rímini

Fuera de Roma, en su honor Herodes Antipas puso su nombre a la ciudad de Tiberíades ubicada en la costa occidental del mar de Galilea y, en Rímini se completó el fantástico puente iniciado en tiempos de Augusto y que hoy se conoce como Puente de Tiberio.

viernes, 19 de mayo de 2017

La muerte de Tiberio

En el año 37, Tiberio abandonó Capri quizás con la idea de retornar a Roma para pasar allí sus últimos años, sin embargo, cuando estaba muy cerca de la capital decidió volverse a Campania. En el camino de vuelta comenzó a encontrarse mal por lo que paró en Miseno. Después de  una ligera mejoría, el 16 de marzo entró en una especie de coma dándosele por muerto. Muchos empezaron a celebrar el acceso al trono imperial de Calígula cuando Tiberio volvió a despertar creando un gran desconcierto en quienes habían ya aclamado al nuevo emperador y en el mismo Calígula. A partir de aquí hay varias versiones sobre la muerte del emperador.

La muerte de Tiberio. Jean-Paul Laurens. 1864. Toulouse. Musée Paul Dupuy
Fuente: De Jean-Paul Laurens - http://www.artrenewal.org/asp/database/image.asp?id=5382, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1831105

Hay quien afirma que murió de forma natural, pero son más los que defienden que fue asesinado por Macrón o por Calígula. Tácito cuenta “El 16 de marzo se le cortó la respiración y se creyó que había terminado su vida mortal; ya Cayo César (Calígula), en medio de un corro de felicitaciones, salía para tomar posesión del imperio, cuando de repente se anuncia que Tiberio recupera la voz y la vista y que pide que le lleven alimento para rehacerse de su debilidad. Todos se quedaron aterrados; los circundantes se dispersan y se fingen tristes o ignorantes; Cayo César, clavado en el silencio, en vez del supremo poder aguardaba su propio final. Macrón, sin temblar, manda que ahoguen al viejo echándole mucha ropa encima y que salgan de la habitación. Así acabó Tiberio a los 77 años de edad”. (Anales,  Libro VI, 50, 4-5). Suetonio aporta otras teorías “hay quien dice que Cayo (Calígula) le administró un veneno lento y corrosivo; otros piensan que se le negó el alimento que ansiaba durante una bajada repentina de la fiebre; algunos por último, que fue asfixiado con la almohada, cuando reclamaba, al volver en sí, el anillo que le habían quitado mientras se hallaba inconsciente. Según Séneca, se quitó el anillo cuando se sintió desfallecer como para entregárselo a alguien, y lo retuvo por algún tiempo; luego se lo volvió a poner en el dedo y permaneció durante largo rato inmóvil, con la mano izquierda cerrada; de repente, después de haber llamado a sus criados sin que ninguno de ellos respondiera, se levantó y, al faltarle las fuerzas, cayó muerto no lejos del lecho” (Vida de Tiberio. 73, 2).
Estas teorías se escribieron años después de la muerte de Tiberio. Los historiadores contemporáneos se decantan por una muerte natural, algo nada improbable cuando el emperador contaba con 77 años. El mismo Suetonio reconoce en este sentido que “según algunos autores, el propio Calígula confesó más tarde, si no haber ejecutado el parricidio, sí, al menos haberlo pensado alguna vez; y continuamente se jactaba, en efecto, celebrando su piedad, de haber entrado con un puñal en el dormitorio de Tiberio mientras dormía para vengar el asesinato de su madre y sus hermanos, y de haberse retirado, movido por la compasión, tras haber arrojado el hierro” (Vida de Calígula, 12, 3).


Calígula. Siglo I d.C. París. Museo del Louvre
Fuente: NPZwI/AAAAAAAA8og/PHm9Spqz16M/s1600/EL%2BEMPERADOR%2BCAL%25C3%258DGULA.%2BBLOG%2BIMPERIO%2BROMANO%2BDE%2BXAVIER%2BVALDERAS%2B%25283%2529.jpg

Según nuevamente Suetonio “el pueblo se alegró sobremanera de su muerte, y así, a la primera noticia de ésta, la gente se echó a correr en todas direcciones, mientras unos gritaban: “Tiberio al Tíber!, otros rogaban a la madre Tierra y a los dioses Manes que no acogieran al muerto sino en los impíos, y otros, en fin, amenazaban al cadáver con el gancho y las Gemonías […]. Cuando comenzó el traslado del cuerpo desde Miseno, muchas personas gritaron que había que llevarlo más bien a Atela y quemarlo a medias en el anfiteatro, pero fue transportado a Roma por unos soldados y quemado en funerales públicos” (Vida de Tiberio. 75). Sólo este autor escribe sobre la reacción de júbilo del pueblo. Cierto es que Tiberio era poco amado y que por ello no fue ni siquiera elevado a los altares, pero también es verdad que no se le aplicó la damnatio memoriae. El pueblo romano y las legiones adoraban a Calígula, como hijo que era del llorado Germánico, el romano más amado de todos los tiempos, por lo que la alegría por el acceso al poder de éste y la indiferencia por Tiberio marcaron los funerales. De hecho, cuando la comitiva partió de Miseno, Calígula aunque iba vestido de luto siguiendo el cortejo fúnebre, fue aclamado durante todo el trayecto hacia Roma por una multitud enloquecida por verle investido con la dignidad imperial. Tiberio fue quemado en el Campo de Marte y la urna con las cenizas fueron depositadas en el Mausoleo de Augusto. Calígula fue el encargado de dar el discurso funerario algo que hizo entre abundantes lágrimas, lo que incrementó el fervor de la plebe hacia él.
A pesar del entusiasmo que despertaba Calígula, Tiberio, en su testamento, sólo lo había designado heredero a partes iguales con su otro nieto, Tiberio Gemelo (hijo de Druso el menor), declarando a la vez heredero al uno del otro. Dejó también legados a muchas personas, entre ellas a las vestales, a los soldados y al pueblo romano. 


Moneda que representa a Tiberio Gemelo
Fuente: Di Classical Numismatic Group, Inc. http://www.cngcoins.com, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=3101790

viernes, 12 de mayo de 2017

Tiberio y Calígula


Busto de Calígula. Siglo I d.C. Copenhage. Carsberg Glytotek Museum

           Cayo Calígula fue el único de los hijos varones de Germánico y Agripina que consiguió sobrevivir a Sejano. Varios son los motivos que propiciaron esta circunstancia. En primer lugar, era el más joven e inofensivo políticamente hablando de los tres y, por ello, el menos cercano a las maniobras de su madre. Después, ante los hechos que precipitaron la ruina de sus familiares directos, el adolescente estuvo bajo la protección de su bisabuela Livia, siendo entonces intocable y, tras la muerte de ésta, de su abuela Antonia, una de las únicas personas por las que Tiberio sentía un profundo cariño y respeto (hay que recordar que era su cuñada como viuda de su hermano Druso).
              Tras la caída en desgracia de Agripina y sus dos hijos mayores, Calígula con 19 años fue llamado por Tiberio a Capri donde asumió la toga viril sin ceremonia alguna. El joven se adaptó perfectamente a la vida en Villa Jovis. Según Suetonio “En Capri, a pesar de todas las asechanzas que le tendieron para incitarle y forzarle a prorrumpir en quejas, no dio jamás pretexto alguno, como si se le hubiera borrado por completo de la memoria la desgracia de los suyos y a ninguno de ellos le hubiera ocurrido nada; pasaba incluso por alto, con un disimulo increíble, lo que él mismo tenía que aguantar, y se mostraba tan servicial con su abuelo (por adopción) y su corte, que con razón se dijo que no había esclavo mejor ni peor amo” (Vida de Calígula. 10,2).
              A pesar de que consiguió ganarse la confianza de Tiberio, el viejo emperador conocía la naturaleza cruel y depravada de su joven nieto pues continuamente repetía que “Cayo vivía para su ruina y la de todos, o que él estaba criando una víbora para el pueblo romano” (Suetonio. Vida de Calígula. 11). Sin embargo, le toleraba cualquier cosa quizás, como apuntan algunos, porque Calígula era la venganza que Tiberio estaba preparando contra el pueblo romano que tanto lo había despreciado durante toda su vida.
Calígula, por su parte se esforzaba en aparentar una vida virtuosa. Contrajo matrimonio con Junia Claudia para disipar los rumores de incesto con sus hermanas. Al mismo tiempo fue nombrado miembro del Colegio de Pontífices y cuestor, lo que le confería honorabilidad.


Claudio (Derek Jacobi), Calígula (John Hurt) y Tiberio (George Baker). Fotograma de la serie Yo, Claudio, 1976

    No obstante, al fallecer de parto su esposa comenzó a acercarse al nuevo prefecto del pretorio Nevio Sutorio Macrón, que había adquirido gran influencia como sustituto de Sejano. Según Tácito el prefecto “que no había descuidado nunca el favor de Cayo César (Calígula), lo cultivaba con más insistencia todavía y tras la muerte de Claudia, empujó a su propia mujer Ennia a atraerse al joven con un amor simulado y a encadenarlo con un pacto de matrimonio; él no se negó a nada con tal de alcanzar el poder; pues aunque era de temperamento exaltado, había aprendido las falsedades de la simulación en el regazo de su abuelo” (Anales. Libro VI, 45,3). Suetonio al referirse a este acercamiento subraya que fue el propio Calígula el que indujo al adulterio a Ennia mediante promesa de matrimonio para captar, por mediación de ella, la voluntad de Macrón. A mí me parece más plausible esta segunda opción, pues dudo que nadie fuese capaz de manipular al intrigante Calígula. Ya sea verdadera una u otra versión, lo cierto es que el vínculo entre Calígula y Macrón se hizo tan evidente que despertó las suspicacias de Tiberio. “Así, a Macrón le reprochó sin mucho misterio, que abandonaba el occidente y miraba al oriente; y cuando en una conversación surgida por casualidad Cayo César (Calígula) se burló de Lucio Sila, (Tiberio) le predijo que él tendría todos los vicios de Sila y ninguna de sus virtudes” (Tácito. Anales. Libro VI, 46,4). 

jueves, 4 de mayo de 2017

Amor y sexualidad en la Antigua Roma

Aprovechando mi reseña anterior sobre las acusaciones vertidas por Suetonio acerca de la supuesta depravación sexual de Tiberio en su retiro de Capri, voy a escribir unas líneas sobre el amor y la sexualidad en un pueblo romano imbuido siempre de una gran sensualidad y  erotismo, elementos que  jugaron un papel fundamental desde los tiempos más remotos. La misma palabra Roma es un anagrama que leído al revés tanto en español como en latín encierra el secreto de ese sentimiento conocido como Amor.

Venus, Anquises y Eneas.. Andrea Caracci. 1597. Roma. Fresco de la bóveda del Palacio Farnesio

Ya en sus legendarios orígenes nos encontramos con varios episodios en los que las relaciones amorosas sellarían el destino de la vaticinada a ser la ciudad más poderosa de la tierra. En primer lugar, Eneas, que huyó de Troya buscando la costa de Italia para fundar una nueva ciudad, es el fruto del amor apasionado entre la diosa Venus y el mortal Anquises (por ello, los Julios decían tener sangre divina al descender de Iulo, hijo de Eneas y a la vez de la diosa del amor). Siglos después Rómulo y Remo fueron concebidos tras la violación de la sacerdotisa Rea Silvia (hija del rey de Alba Longa) por parte del dios Marte. Algunas interpretaciones afirman que la loba que amamantó a los gemelos abandonados a la orilla del río, era en realidad una prostituta, jugando con la segunda interpretación del término lupa que ya en latín tenía el doble sentido que en la actualidad atribuimos a esa palabra. Con posterioridad los romanos raptaron y violaron a las mujeres sabinas que después convertirían en sus castas esposas para sellar la paz con los padres y hermanos de las muchachas. De ahí procede el fingido rapto que tiene lugar en las bodas romanas cuando el marido arranca a la esposa de los brazos de sus padres. Del mismo modo de las sabinas surgió la figura de la matrona romana virtuosa y respetable, cuyos valores en época de Augusto encarnaron a la perfección tanto la emperatriz Livia como su hermana Octavia.

Rapto de las Sabinas. Giambologna. 1582. Florencia. Piazza della Signoria, Loggia dei Lanzi. 2012

Del matrimonio romano llama la atención que el amor, salvo excepciones, se considera algo secundario. Para ellos, la unión legal entre hombres y mujeres libres no es más que un deber civil y social con la finalidad de engendrar hijos educados para hacer grande a Roma. A estas consideraciones se unían los grandes beneficios y alianzas que obtenían las familias a través de un buen matrimonio de sus hijos. Augusto y Livia fueron uno de los pocos matrimonios llevados a cabo por amor, pues por ella puso el Príncipe por primera y última vez en su vida su interés personal por encima del de Roma, al elegir no divorciarse de Livia a pesar de que la emperatriz no pudo darle hijos, tan necesarios para asegurar su sucesión.


Matrimonio entre dos ciudadanos romanos. Museo de Capodimonte

Debido a que estas uniones estaban concebidas para la procreación, el erotismo entre los esposos era algo impensable. La sociedad romana, eminentemente machista, se regía por leyes que imponían a la mujer fidelidad y castidad absoluta mientras que el marido podía entablar fácilmente relaciones fuera del matrimonio. Eso no fue óbice para que muchas féminas llevaran una vida desenfrenada a espaldas de sus maridos, como es el caso de Julia, la hija de Augusto, que pagó con el destierro su vida licenciosa.
Sin embargo, para el hombre romano también había limitaciones, pues las relaciones extraconyugales debían ser con personas de rango inferior para evitar en caso de embarazo que la criatura pudiera reclamarle nada, de ahí que la prostitución y el concubinato de esclavas fueran la mejor alternativa. Entre las prostitutas había esclavas, mujeres libres carentes de recursos y también cortesanas de lujo con buena posición aunque sin un prestigio social real a pesar de que todas debían estar registradas y pagar un impuesto.
Para pagar a las prostitutas en los burdeles se crearon las sprintia, especie de monedas o fichas que no tenían valor legal pero que sustituían al idioma para indicar lo que deseaba el cliente. Algunas teorías que apoyan la imagen de la vida lujuriosa de Tiberio en Capri afirman que fueron creadas por él, pues sólo se usaron durante los siglos I y II d.C.


Sprintiae romanas

Las numerosas imágenes eróticas que nos ha legado la antigua Roma nos desvelan que los romanos vivían fuera del matrimonio una sexualidad más libre que nosotros como ponen de manifiesto los abundantes objetos, relieves y pinturas eróticas encontradas sobre todo entre las ruinas de la ciudad de Pompeya, que muestran como nuestros antepasados conocían innumerables posturas sexuales. De hecho, sólo son excepcionales las imágenes que plasman un cunnilungus pues este tipo de sexo oral significaba el sometimiento del varón a la mujer, algo que el hombre romano machista, viril y dominante no podía permitirse. Al mismo tiempo era como mancillar la boca donde salían los discursos en el Senado para salvaguarda del Estado. Lo mismo ocurre con la homosexualidad, tolerada en Roma, siempre que el hombre romano libre asumiera el rol activo y el acoplamiento fuera con sirvientes o esclavos. En el siglo I d.C. Séneca afirma “La pasividad sexual para un hombre libre es un crimen, para un esclavo una obligación y para un liberto una necesidad”.


La copa Warren muestra escenas homoeróticas. Siglo I d.C. Lóndres. Museo Británico


Pintura erótica que representa un cunnilungus. Siglo I d.C. Termas Suburbanas. Pompeya
Fuente: De User:Fer.filol - Trabajo propio, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1351928

Ovidio en su Arte de Amar que tanto escandalizo a Augusto dedica en su libro tercero un capítulo aconsejando a las mujeres diferentes posiciones eróticas “Cada cual se conozca bien a sí misma y preste a su cuerpo diversas actitudes: no conviene a todas la misma postura. La que destaque por su rostro, muéstrelo en posición supina, y la que tenga hermosa la espalda ofrézcala a los ojos de amante. Milanio cargaba sobre sus hombros las piernas de Atalanta; si las tuyas son tan hermosas lúcelas del mismo modo. La mujer pequeña cabalgue sobre su amigo de tal manera que disimule la diferencia de altura. Andrómaca, que era altísima, nunca se puso sobre los de su esposo Héctor. La que tenga el talle largo, oprima con las rodillas el tálamo y deje caer un poco la cabeza; si sus músculos incitan con la frescura juvenil y sus pechos carecen de máculas, que el amante en pie la vea ligeramente inclinada en el lecho. No creas vergonzoso desatar, como una bacante de Tesalia, los cabellos y dejarlos caer sobre los hombros, y si Lúcina señaló tu vientre con las arrugas, pelea como el ágil parto volviendo las espaldas. Venus se huelga de cien maneras distintas; la más sencilla y de menos esfuerzo es acostarse tendida a medias sobre el costado derecho mientras el amante la abraza por detrás”.


Pintura erótica de la Casa del Centenario. Siglo I d.C. Pompeya

Pintura erótica de las Termas suburbanas. Siglo I d.C. TErmas Suburbanas. Pompeya

      Cuando las excavaciones de Pompeya y Herculano en el siglo XVIII sacaron a la luz múltiples piezas y pinturas de índole eróticas fueron causa de gran asombro y consternación hasta el punto que todas las obras de arte de este tipo fueron escondidas en 1819 en una sala prohibida del Museo de Nápoles, conocida como Gabinete Secreto. Estas piezas sólo podían visitarlas personas de moral reconocida y edad madura que gozaran de un permiso especial. Hasta el año 2.000 no se han abierto al público en general.
Para concluir ¿qué hay de cierto en las lujuriosas bacanales mostradas frecuentemente en el cine? De origen griego, las bacanales tomaron en Roma un carácter más festivo en honor del dios del vino, Baco. Pronto, esta celebración de origen religioso tomo un cariz más erótico. En ellas participaban mayoritariamente hombres mientras las mujeres que acudían eran las prostitutas y esclavas, pues en ellas se bebía vino de forma desmedida y se sucedían los actos de carácter erótico y sexual totalmente carentes de pudor. Fueron prohibidas en 186 d.C. por el Senado Romano pues se convirtieron en un foco de conspiración política, aunque siguieron celebrándose, sobre todo en el sur de Italia. 


La Bacanal de los Andrios. Tiziano. 1526. Madrid. Museo del Prado

martes, 25 de abril de 2017

Tiberio en Capri: Villa Jovis

“El César, tras dedicar los templos de Campania, no sólo advirtió por un edicto que nadie perturbara su descanso, alejando por medio de soldados puestos al efecto la afluencia de ciudadanos, sino que, hastiado de los municipios y colonias y de todos los lugares del continente, se escondió en la Isla de Capri, separada del extremo del promontorio de Sorrento por un estrecho de tres millas. Me inclino a creer que le gustó especialmente su soledad, porque su litoral no tiene puertos y apenas ofrece unos pocos refugios para embarcaciones pequeñas; además es imposible arribar a ella sin que se enteren quienes la guardan. El clima es suave en invierno por la protección de un monte que detiene la fuerza de los vientos; su verano, vuelto al céfiro, es muy agradable también por el mar abierto que la rodea; además miraba a una bahía hermosísima antes de que la erupción del Vesubio cambiara el aspecto del lugar.[…] Tiberio se instaló allí ocupando doce enormes villas con nombres distintos” (Tácito. Anales. Libro IV, 67, 1-3).


Restos de Villa Jovis.

Villa Jovis (Villa de Júpiter) con sus 7.000 m2, era la más grande de las 12 nombradas por Tácito. Se situaba al noreste de la isla, en la cima del Monte Tiberio, a 334 metros de elevación, en la segunda cumbre más alta de la Isla.
El palacio no sigue el esquema de las residencias de ocio romanas, sino que se inspiraba en modelos arquitectónicos helenísticos adaptados a las funciones de gobierno. Se construyó varias terrazas con una elevación de aproximadamente 40 metros. El imponente edificio se divide en cuatro zonas perfectamente diferenciadas:
  • El ala norte destinada a la vivienda.
  • El ala sur era el complejo administrativo. En sus inmediaciones se situaba un faro.
  • El ala este se utilizaba para las recepciones oficiales.
  • El ala oeste se componía de un entramado de muros abiertos desde el que se obtenían espectaculares vistas.
    Debido a las dificultades para surtir de agua la villa, los ingenieros crearon un complejo sistema para garantizar la recolección del agua de la lluvia que recalaba en una gran cisterna.


Reconstrucción de Villa Jovis según Carl Weichardt (siglo XIX)
Fuente: By Carl Weichardt (1846-1906), German architect - Book "Das Schloß des Tiberius und andere Römerbauten auf Capri" from C. Weichardt, Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=15201747


           Aún se conserva parte del pavimento original de ladrillo, un vestíbulo con cuatro columnas y otro que da paso a tres estancias, de las que la central es el Caldarium. De las cinco estancias del piso superior sale una escalera hasta lo más alto de la villa, donde se encontraban los aposentos imperiales, formados por varias estancias con magníficos pavimentos polícromos y una terraza. Encima del mar se sitúa la loggia imperial donde aún se conservan los restos de un Specularium usado para la observación astronómica o como atalaya.
No obstante la magnificencia del edificio, Villa Jovis es famosa sobre todo por los relatos de Suetonio que narran como Tiberio se abandonó entre sus muros a una desenfrenada vida sexual durante los últimos años de su vida y que dieron lugar al nacimiento de la leyenda negra en torno a la figura del emperador. Tácito únicamente refiere sobre la vida de Tiberio en Capri que “cuanto más dedicado estaba antaño a los negocios públicos, tanto más se entregó entonces a excesos ocultos” (Anales. Libro IV, 67, 3).  Sin embargo Suetonio profundiza diciendo que “con la libertad que le ofrecía  el aislamiento y lejos, por decirlo así, de los ojos de la ciudad, dejó por fin salir al exterior todos los vicios que durante tanto tiempo apenas había logrado disimular. Hablaré de ellos, uno por uno desde el principio. En el campamento cuando era todavía soldado bisoño, su exceso apego al vino hacía que le llamaran Biberio, en lugar de Tiberio, Caldio, en vez de Claudio, y Merón, por Nerón”. (Suetonio. Vida de Tiberio. 42, 1).



Grabado francés de Villa Jovis

Continúa Suetonio narrando que “en su retiro de Capri (Tiberio) ideó incluso unos aposentos, sede de obscenidades secretas, donde grupos de muchachas y de jóvenes licenciosos reclutados por doquier, junto a los monstruosos espintrias, unidos de tres en tres fornicaran sucesivamente ante su vista, para excitar de este modo sus apagados deseos. Instaló alcobas por todas partes  y las adornó con cuadros y estatuillas de los más lascivos asuntos, equipándolas además con los libros (pornográficos) de Elefántide, para que todo el mundo tuviera, al ejecutar su cometido, un modelo de la postura que se le ordenaba tomar. Se le ocurrió también disponer en bosques y prados diversos parajes consagrados a Venus y distribuir por cuevas y grutas jóvenes de uno y otro sexo que se ofrecían al placer vestidos de faunos y de ninfas; de ahí que todo el mundo le llamará ya abiertamente “Caprineo”, haciendo un juego de palabras con el nombre de la isla”. (Vida de Tiberio. 43). A estos vicios Suetonio suma el más execrable de todos, el de la pedofilia.
Sin embargo, el mismo autor duda de la veracidad de las historias que se contaban sobre el emperador pues como recoge en el capítulo 44 de la Vida de Tiberio “se le atribuían vicios aún peores y más indignos, de tal naturaleza que apenas es lícito exponerlos u oírlos contar, y menos aún creerlos”. La supuesta desenfrenada vida sexual de Tiberio en Capri aún hoy es objeto de debate.
Suetonio agrandó aún más la leyenda negra de Tiberio en Capri haciendo hincapié en su supuesta crueldad: “Aún puede verse en Capri el lugar donde realizaba sus torturas; desde allí ordenaba arrojar al mar en su presencia a los condenados, después de haberlos sometido a largos y refinados tormentos; un grupo de marineros recogían después los cadáveres y los destrozaban a golpe de remos hasta que no les quedara el menor aliento” (Vida de Tiberio, 62, 2). El acantilado en cuestión se conoce aún hoy como Salto de Tiberio. No obstante, la leyenda ha sido refutada pues se ha demostrado que un cuerpo lanzado desde una altura de 300 metros no acabaría en el fondo del mar sino que se estrellaría contra las rocas. También el escritor francés Maxime du Camp tiró por tierra la macabra historia al lanzar piedras de diversos tamaños y formas por el acantilado comprobando que una tras otras se estrellaban contra las rocas sin caer nunca al mar.

Salto de Tiberio, junto a la Villa Jovis

El primer pensador que reivindicó la figura de Tiberio fue Voltaire en el siglo XVIII y la historiografía contemporánea sigue la línea del gran pensador francés. Varias teorías según mi opinión los confirman. En primer lugar, tras el divorcio de Julia, no se le conoce al emperador ningún interés sexual por mujer ni hombre alguno ¿por qué deberían haber salido sus “verdaderas inclinaciones” a una edad tan avanzada, en la que el deseo decae, habiendo sido tan parco sexualmente durante toda su vida?. Otra evidencia a favor de la falsedad de las afirmaciones de Suetonio es que entre los restos arqueológicos de Villa Jovis no se han encontrado vestigios de ningún tipo de índole sexual, tan abundantes por ejemplo entre las ruinas de las ciudades vesubianas como Pompeya. También es extraño que sólo este autor haya reflejado los hechos con tanta minuciosidad en los detalles.
Cierto es que Tiberio no fue nunca especialmente amado por el pueblo, principalmente debido a su carácter introvertido y retraído que lo alejaban del de su antecesor Augusto, tan afable y siempre cercano a todos. A Tiberio le gustaba la soledad y la vida de aislamiento que le ofrecía la Isla de Capri, incrementada por las medidas de seguridad que él impuso tras la conspiración de Sejano. Ello, unido a la mala fama que le dio su sometimiento a Livia, la muerte de Germánico y el poder que concedió a Sejano selló su impopularidad hasta el punto de haber sido víctima de tan atroces acusaciones, que ciertas o no, marcaron la opinión que de él tenían sus conciudadanos y que aún hoy lo acompañan.

martes, 18 de abril de 2017

Últimos años del gobierno de Tiberio

Todos los juicios por traición y los asesinatos que se produjeron tras la caída de Sejano dañaron para siempre la imagen y la reputación de Tiberio. Desde la muerte del Prefecto del Pretorio, el emperador incrementó su reclusión en Capri y se desinteresó por completo del arbitraje del Estado. “Una vez de regreso en su isla, hasta tal extremo se despreocupó de las tareas de gobierno que, a partir de ese momento, no volvió a cubrir las bajas en las decurias de los caballeros, no cambió a ningún tribuno militar o prefecto ni a ningún gobernador de provincia, tuvo a Hispania y Siria durante varios años sin legados consulares, y dejó que los partos ocuparan Armenia, que los dacios y sármatas devastaran Mesia y los germanos las Galias, con gran deshonra y no mayor peligro del Imperio” (Suetonio. Vida de Tiberio. 41). No obstante lo recogido por el autor de las Vidas de los Doce Césares, el Imperio continuó funcionando sin problema gracias al perfecto engranaje burocrático creado por Augusto. Del mismo modo, las invasiones bárbaras mencionadas no fueron de gran envergadura.


Ruinas de Villa Jovis, residencia de Tiberio en Capri. Siglo I d.C.

Esta dejación de funciones le hizo ganarse el odio del pueblo, acostumbrado a la gran actividad en todos los ámbitos llevada a cabo por Augusto, que estuvo trabajando por la hegemonía de Roma hasta el último día de su vida. A pesar de todo, Tiberio no fue un mal emperador pues fortaleció el Imperio y aumentó considerablemente el Tesoro del Estado.
Los últimos años de su vida estuvo acompañado por sus nietos: el adoptivo Cayo Calígula (único superviviente de los hijos varones de Germánico) y el biológico, Tiberio Gemelo (hijo de Druso el menor), potenciales herederos al trono imperial. En la línea de su pasividad, Tiberio no dejó ninguna disposición para facilitar la sucesión. A pesar de ello, la popularidad de Calígula había empezado a subir hasta límites insospechados durante ese período.
El emperador se volvió paranoico, observando un miedo atroz a ser asesinado, de ahí que siempre estuviera rodeado de soldados y aumentara su aislamiento. Incluso un edicto imperial prohibía acercarse ni siquiera desde lejos a Tiberio, obsesionado con conjuras que buscaban su muerte.
En alguna ocasión intentó volver a Roma pero arrepentido se dio la vuelta sin llegar a entrar en la ciudad. “Durante todo el tiempo que duró su retiro, sólo intentó regresar a Roma dos veces; la primera llegó en trirreme hasta los jardines cercanos a la naumaquia, después de haber repartido por las orillas del Tíber puestos de guardia encargados de alejar a las personas que venían a su encuentro; la segunda avanzó por la Vía Appia hasta el séptimo mojón. Pero, después de haberse limitado a divisar de lejos los muros de la ciudad sin acercarse a ellos, volvió sobre sus pasos; en la primera ocasión, no se sabe por qué motivo; en la segunda, espantado por un prodigio. Tenía entre sus diversiones una serpiente dragón; pues bien, cuando iba a darle de comer en la mano según su costumbre, se la encontró devorada por las hormigas, y se le advirtió que se cuidara de la violencia de la multitud. Así, volvió apresuradamente a Campania” (Suetonio. Vida de Tiberio. 72.).



Busto de Tiberio. Siglo I d.C. Colonia. Romish-Germanisches Museum
Fuente: By Carole Raddato from FRANKFURT, Germany - Tiberius, Romisch-Germanisches Museum, CologneUploaded by Marcus Cyron, CC BY-SA 2.0, 

Así, Tiberio no volvió a traspasar en vida las murallas de Roma. Esta forma de comportase propició el nacimiento de su leyenda negra, aquella que lo convirtió en un anciano lujurioso entregado a vicios y excesos inimaginables; todos esos rumores arruinaron para siempre su encomiable labor como administrador, a pesar del esfuerzo de los historiadores actuales por recuperar su figura.

martes, 11 de abril de 2017

Tiberio y el proceso a Jesús

“Aquel de quien toman nombre (los cristianos), Cristo, había sido ejecutado en época de Tiberio por el procurador Poncio Pilatos” (Tácito. Anales. Libro XV. 44.3).

Cristo ante Pilatos. Duccio di Buoninsegna. 1308. Siena. Museo dell’Opera del Duomo

De esta manera, a comienzos del siglo II d.C., Tácito hacía referencia a que Cristo fue ajusticiado en tiempo de Tiberio. Los Evangelios también aluden a Tiberio, no obstante sólo es nombrado una vez por San Lucas en su Evangelio en un fragmento dedicado a la predicación de Juan el Bautista “En el año quince del imperio de Tiberio César, siendo Poncio Pilatos procurador de Judea y Herodes tetrarca de Galilea […] fue dirigida la palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías en el desierto” (Evangelio según San Lucas. 3,1-2). Aunque en el Nuevo Testamento se hace referencia muchas veces a la figura del César, no se nombra más a Tiberio explícitamente.
Llegado este punto me gustaría analizar someramente hasta que punto el emperador tuvo conocimiento del proceso que se llevó a cabo en Oriente y la responsabilidad de Roma en el mismo. El problema para estudiar el asunto con rigor histórico es que las fuentes son escasas y muchas de ellas nos remiten a escritores cristianos de siglos posteriores de dudosa fiabilidad.
En tiempos de Augusto, Judea había sido anexionada como provincia romana en el año 6 d.C. Desde ese momento, Roma quitó al Sanedrín (órgano supremo del pueblo judío) la competencia de ejecutar las sentencias a muerte, por lo que a partir de ese año las condenas a muerte por parte de los judíos se consideraban ilegales. En esta línea, Flavio Josefo (que vivió entre 37 y el 97 d.C.) en “Las Antigüedades de los judíos” señala que “Pilatos, ante la denuncia de los primeros hombres entre nosotros, le condenó a la cruz” (Libro XVII). Josefo era judío y en este párrafo hace alusión a como Pilatos promovió la ejecución de Jesús a instancias de la denuncia de las autoridades judías (a los que se refiere el autor como primeros hombres entre nosotros).
Pilatos fue designado como prefecto de Judea por Sejano, que sentía un gran odio hacia a los judíos. De ahí que la política del primero en la zona fuera contraria a ellos, chocando frecuentemente con los intereses judíos. Por ejemplo, cuando intentó colocar clandestinamente en el ángulo del templo de Jerusalén estandartes militares con las imágenes de Augusto y Tiberio. Esto originó grandes protestas por parte de los judíos que le obligaron a ceder, teniendo que trasladar las imágenes a Cesárea. Pero en otras ocasiones, los desafíos del prefecto acabaron en graves revueltas, como cuando construyó un acueducto con la tesorería del templo.

Piedra de Pilatos. Su descubrimiento demostró la vericidad del personaje de Pilatos, que dedica un edificio a Tiberio. Siglo I d.C. Jerusalén. Museo de Israel

       ¿Por qué entonces Pilatos se puso del lado de las autoridades judías en el proceso contra Jesús? Hay quien relaciona su decisión de ceder ante ellos para intentar salvar su vida debido a sus vinculaciones con Sejano, pues si liberaba al reo, Tiberio podía considerar su intervención como alta traición, en caso de que los judíos lo denunciaran ante el emperador por interceder ante un hombre que se proclamaba rey y desdeñaba la autoridad imperial. Así, evitando disturbios en Judea, Pilatos pasaba desapercibido y evitaba ser mandado llamar a Roma, donde podría relacionársele con Sejano. Por otro lado, tras la muerte de su colega de gobierno, Tiberio ordenó cambiar en Oriente a una política más favorable hacia las costumbres judías.
Esto deja claro que lo que primó en el proceso de Jesús fueron las presiones judías y la sumisión a los bajos intereses de la política, verdaderos culpables de la sentencia de muerte contra el que empezaban a llamar Cristo, a quien según los evangelios el propio Pilatos consideraba inocente “Me habéis traído a este hombre como alborotador del pueblo, pero yo le he interrogado delante de vosotros y no he hallado en este hombre ninguno de los delitos de que le acusáis. Ni tampoco Herodes, porque nos lo ha remitido. Nada ha hecho pues que merezca la muerte” (Evangelio según San Lucas, 23, 14-17). El único delito de Jesús fue que su creciente popularidad ponía en jaque a las autoridades judías.
A pesar de este convencimiento Pilatos permitió que Jesús fuera crucificado, por lo que esta acción le otorga la responsabilidad última de la muerte del proclamado Mesías. El prefecto de Judea prefirió condenar a un inocente antes que afrontar los posibles problemas que podía ocasionarle el inicio de una revuelta judía que hiciera que su nombre sonara en Roma y, consecuentemente, podría suponerle un probable ajusticiamiento por sus vínculos con Sejano, si era llamado ante el  César.


Pilatos se lava las manos ante Cristo. Maestro de Cappenberg.1520.

En cuanto a Tiberio, es imposible determinar su conocimiento del asunto, tanto más cuando las fuentes principales romanas no mencionan ningún tipo de interés en él, más allá de lo que sugiere Tácito. Sabemos nuevamente por Flavio Josefo que en el 36 d.C. Pilatos fue destituido de su cargo y enviado a Roma para que diera cuentas ante Tiberio de una matanza que había llevado a cabo entre los samaritanos tras reprimir brutalmente una revuelta provocada por éstos. Antes de llegar a la capital del Imperio, Tiberio había fallecido. Nunca podremos saber qué datos nos hubiera ofrecido el encuentro entre los dos si hubiera tenido lugar. Desde ese momento la figura de Pilatos se pierde en la oscuridad de los siglos.
¿Es posible que el Prefecto de Judea haya realizado un informe para el emperador? No es improbable del todo, puesto que todos los asuntos orientales eran mirados con lupa por Roma, debido a la conflictividad de sus fronteras; mucho más en un caso de alta traición, como era considerada la causa de Jesús y que además supuso el nacimiento de una nueva religión. En caso de haber sido así, es dudoso que el anciano Tiberio prestara mucha atención al asunto, de lo contrario hubiera sido referido por algunos de sus biógrafos.



Cristo Crucificado. Diego de Silva Velázquez. 1632. Madrid. Museo del Prado
Fuente: De Diego Velázquez - [1], Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=4214227

    Según Tertuliano, hijo de un centurión convertido al cristianismo, que vivió a caballo entre los siglos II y III d.C., Tiberio habría propuesto al Senado el reconocimiento de un nuevo culto nacido dentro del judaísmo “Pilatos, que era cristiano en su conciencia, comunicó todos los hechos referentes a Cristo al entonces emperador Tiberio” y continúa “después Tiberio, bajo cuyo reinado el nombre de cristiano apareció por primera vez en el mundo, sometió al Senado los hechos que le habrían sido referidos desde Siria y Palestina, hecho que habría puesto de relieve la verdad de la divinidad de Cristo, y manifestó su parecer como favorable. Pero el Senado, no habiendo podido verificar por sí mismo los hechos, votó negativamente. Pero el César persistió en su convencimiento y amenazó con castigar a los acusadores de los cristianos”No obstante, esta fuente es incierta, pues la verdad es que en estos primeros momentos la doctrina cristiana no se diferenciaba mucho de la judía.