miércoles, 22 de febrero de 2017

La caída de Sejano

Tras la desaparición de la escena política de la familia de Germánico y con la perpetua estancia del emperador en Capri, Sejano vivió el máximo apogeo de su poder siendo nombrado cónsul junto a Tiberio (éste in absentia) en el año 31. El poder del prefecto del pretorio era tan inmenso que todos lo miraban como si él fuese el verdadero emperador. Se le decretaron múltiples honores: que el día de su cumpleaños fuera reconocido como fiesta nacional, una embajada de ciudadanos debía recibirlo cada vez que regresaba a Roma y se ofrecían sacrificios por él al mismo nivel que se ofrecían por Tiberio.


Moneda emitida en conmemoración del consulado de Sejano
Fuente: De Classical Numismatic Group, Inc. http://www.cngcoins.com, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=2385745

Sin embargo, su cruel comportamiento acabó suponiendo su ruina.  Ese mismo año, Sejano fue destituido y condenado a muerte por parte del emperador. Aún hoy los motivos de este desenlace no están claros.
La versión más extendida es la de Flavio Josefo. Según él, Antonia la Menor (cuñada de Tiberio y madre de Germánico) alertó a Tiberio de una conjura que Sejano estaba preparando en Roma para destituirlo. Ella se habría enterado a través de un cliente del prefecto. En la versión de Dión Casio es el propio Tiberio el que personalmente decide poner fin a la acumulación de poder de Sejano, ante las señales de que pretendía suplantarle.
Para no levantar sospechas (pues Sejano contaba con el favor de los pretorianos), el emperador lo cubrió de aún más honores, permitiendo incluso que su nombre fuera escrito junto al suyo en documentos oficiales. Al mismo tiempo le concedió la mano de su nieta Julia Livila (hija de Druso y de la ex amante de Sejano, Claudia Livila). No obstante, por otro lado, había parado un proceso contra un enemigo de Sejano, nombrando a este último sacerdote junto a Calígula, por quien mostraba cada vez más una singular predilección, jugando la baza del amor del pueblo por la familia de Germánico. Finalmente, renunció al consulado instando al prefecto a renunciar también. La gente estaba desconcertada por lo que empezaron a evitar a Sejano.


Sejano (Patrick Steward) es detenido por la guardia pretoriana en un fotograma de la serie Yo, Claudio, 1976
Fuente: http://imperioromanodexaviervalderas.blogspot.com.es/2016/09/poderio-y-caida-de-lucio-elio-sejano.html

El 17 de octubre del año 31, Tiberio nombró secretamente a Quinto Sutorio Macrón como Prefecto del Pretorio, anteriormente prefecto de las cohortes urbanas. Éste se ganó el apoyo de parte de los pretorianos. Del mismo modo informó a Sejano de que el emperador le había concedido la potestas tribunicia. El Senado fue convocado en el Templo de Apolo Palatino y, Sejano se dirigió allí exultante con su nuevo logro. Macrón permaneció fuera del recinto y cambió la guardia por hombres de su confianza. En la sesión del Senado se leyó una carta enviada por Tiberio en la que alababa a Sejano. De repente, al final de la misma, el emperador comenzó a acusar enérgicamente al prefecto de traición, anunciando su destitución y ordenando su arresto inmediato e ingreso en la Cárcel Marmetina. Durante el traslado, el pueblo lo cubrió de insultos mientras destrozaban todas sus estatuas a su paso. Mientras, en la Castra Praetoria los pretorianos habían aceptado ya a Macrón como su nuevo jefe.


Interior de la Cárcel Marmetina. Siglos  IV- II a.C. Roma
Fuente: http://www.nationalgeographic.com.es/historia/actualidad/carcel-mamertina-sido-reabierta-publico-roma_10539/6

El Senado se volvió a reunir y condenó a Sejano a muerte. Probablemente esa misma noche fue estrangulado y su cuerpo fue arrojado por la escalera de las Gemonias, después de haber sido despedazado por una masa enfurecida. Inmediatamente, fueron ejecutados familiares y amigos de Sejano, incluidos los hijos de éste con su primera mujer, Apicata. La ejecución de la niña de 11 años fue uno de los actos más deplorables de la Antigua Roma: como una antigua ley prohibía ejecutar a una virgen, fue violada antes de ser ejecutada. La pequeña no cesaba de gritar que no lo volvería a hacer, en alusión a alguna travesura infantil. La madre de los niños se suicidó después de mandar una carta a Tiberio en la que acusaba a Sejano de la muerte de su hijo, Druso, con la complicidad de la mujer de éste, Claudia Livila. Esta confesión fue corroborada por esclavos y la propia Livila. Según Dión Casio, por deferencia a su cuñada Antonia (madre de Livila), Tiberio dejó su castigo en manos de ésta. Aunque algunos dicen que Livila se suicidó, la versión más extendida es que su propia madre la encerró en una habitación dejándola morir de hambre. Tanto a Livila como a Sejano se le aplicó la damnatio memoriae, de ahí que no hayan llegado hasta nosotros representaciones fiables de ninguno de los dos.

miércoles, 15 de febrero de 2017

El Final de Agripina la Mayor

La muerte de Livia supuso un cambio radical en la política de Sejano mientras que Tiberio prolongaba su retiro en Capri, despreocupado de las tareas de gobierno. El Prefecto del Pretorio inició entonces una serie de juicios amañados contra senadores y ricos caballeros, a los que proscribía y les confiscaba sus bienes que iban a parar a las arcas del Estado y a la suya propia.
Este estrato social empezó a vivir un infierno pues nadie sabía de qué o cuándo le iban a acusar de algo. Lo más afectados fueron especialmente aquellos cercanos al círculo de Agripina, viuda de Germánico. La intención de Sejano no era otra que eliminar a todos los posibles rivales que se interpusieran en su camino hacia el trono imperial, por lo que la familia del añorado general se convirtió en el principal escollo a salvar.


Agripina la Mayor. Siglo I d.C. Roma. Museos Capitolinos

La popularidad de Agripina y sus hijos no dejó de aumentar desde la muerte de Germánico, a quien el pueblo romano había amado más que a ningún otro general. El hijo mayor, Nerón, había vestido la toga viril en el año 23 d.C., un año antes que su hermano Druso. Poco tiempo antes, Tiberio recomendó a Nerón ante el Senado pidiendo que se le permitiera acceder a la cuestura cinco años antes de la edad legal. Así, consiguió alcanzar el pontificado en el año 20 d.C.  Narra Tácito que “el primer día en que Nerón hizo su entrada en el Foro se repartieron donativos al pueblo, alegre de ver ya crecido a uno de los hijos de Germánico” (Anales. III, 29, 3). 
      A la muerte de Druso, hijo del emperador en el año 23, Tiberio tomó a los adolescentes Nerón y Druso de la mano y dirigiéndose al Senado exclamó: “Padres Conscriptos, cuando estos niños se quedaron sin padre, los entregué a su tío y le rogué, aunque tenía su propia descendencia, que los cuidara como a su propia sangre y los ayudara, y que los hiciera semejantes a sí mismo para bien de la posteridad. Una vez que nos ha sido arrebatado Druso, a vosotros vuelvo mis ruegos y en presencia de la patria y de los dioses os emplazo: a estos biznietos de Augusto, nacidos de los más esclarecidos antepasados, acogedlos, guiadlos, cumplid vuestro deber y el mío. Éstos ocuparán, Nerón y Druso, el lugar de vuestros padres. Habéis nacido en tal condición que vuestros bienes y vuestros males trascienden al Estado” (Tácito. Anales. IV, 8,4). El pueblo estaba encantado pues toda la veneración que sentían por Germánico la habían trasladado a sus hijos, en especial a Nerón, favorito de Agripina y el que más se asemejaba a su padre en físico y actitud, aunque tenía una personalidad más débil que aquel.


Tiberio (George Baker) y Sejano (Patrick Stewart) en un fotograma de la serie Yo, Claudio, 1976

       No obstante, Sejano se había encargado de alimentar un odio creciente en Tiberio hacia Agripina y sus hijos, subrayando una y otra vez la ambición sin límites de la última nieta de Augusto que seguía con vida aunque, según él, conspiraba contra el emperador, apoyándose en el respaldo del pueblo que cuanto más adoraba a la descendencia de Germánico más detestaba a Tiberio. Ella por sí misma, de carácter fuerte y siempre dominada por un gran orgullo, se comportaba de forma que parecía confirmar los recelos del César. En una ocasión estando Tiberio ofreciendo un sacrificio ante al dios Augusto, Agripina le recriminó la persecución que padecían sus amigos “tomando el hecho como ocasión de reproche, (Agripina) le dijo que no era consecuente ofrecer víctimas al divino Augusto y perseguir a sus descendientes; que su divino espíritu no se había transmitido a efigies mudas; ella su verdadera imagen nacida de su sangre celestial sentía su peligro y se ponía de luto” (Tácito. Anales. IV, 52, 2). Tiberio le contestó sarcásticamente con un verso griego “Si tú no eres reina, hijita, ¿crees que se te hace una afrenta? (Suetonio. Vida de Tiberio. 53,1). En otra ocasión advertida maliciosamente por secuaces de Sejano de que Tiberio quería envenenarla, Agripina se negó a comer la fruta que le ofrecía Tiberio en un banquete, llenando de ira al emperador pues entendía que lo estaba acusando implícitamente de envenenador. Con posterioridad, una hastiada Agripina imploró a Tiberio llorando, que le buscara un marido, algo que el emperador no estaba dispuesto a concederle debido a la trascendencia política de tal unión.


Tiberio y Agripina la mayor. Pedro Pablo Rubens. 1614. Washington. National Gallery of Art

              Uno de los candidatos que Agripina barajaba como su futuro esposo era Cayo Asinio Galo. Esta proposición supuso la ruina del senador pues Tiberio lo odiaba al haber estado casado con su amada Vipsania (ya fallecida), tras su obligado divorcio. Fue encarcelado sin un juicio previo y se le dosificaba la comida a fin de mantenerlo con vida pero con las justas fuerzas, pues Tiberio deseaba para él el mayor sufrimiento.
           Sin embargo, mientras Livia vivió ni Tiberio ni Sejano se atrevieron a tocar a la progenie de Germánico, pues aquella los protegía. Pero en el año 30, sólo meses después del fallecimiento de la emperatriz,  Sejano urdió una trama para acabar con Agripina y sus dos hijos varones mayores. Convenció a Tiberio de que la nieta de Augusto y Nerón estaban conspirando contra él, a través de engaños y falsos confidentes. Tiberio envió entonces al Senado una carta contra ambos en la que acusaba a Nerón de amores viciosos con muchachos. Contra Agripina sólo alegaba lo arrogante de su gesto y su carácter rebelde. En ese momento, el pueblo, afín desde siempre a Germánico, rodeó la Curia portando imágenes de Agripina y Nerón. Esta situación paralizó por un tiempo la sentencia. No obstante, Sejano se quejó de que Roma estaba al borde del golpe de estado así que Tiberio volvió a arremeter contra ellos y los juzgó personalmente sin la intervención del Senado. Así Agripina fue desterrada a la Isla de Pandataria (la misma en que murió su madre Julia) y Nerón a Pontia. Antes de partir Agripina perdió un ojo a causa de una disputa con un centurión.


Moneda con Tiberio en el anverso y Nerón y Druso en el reverso

El segundogénito Druso, de carácter más violento, se salvó por el momento pues, envidioso de la preferencia que su madre otorgaba a su hermano, no dudó en testificar contra él engatusado por Sejano. Sin embargo, sólo un año después fue acusado igualmente de traición y fue encarcelado. Quizás Tiberio prefería tenerlo cerca por si tenía que aplacar al pueblo.
El año 31, Nerón fue mandado asesinar por Sejano, quien puso en conocimiento de Agripina el final de su hijo predilecto. Ella misma, obligada a comer por Tiberio, se dejó morir de hambre en el año 33, el mismo en que murió de inanición Druso al quien encontraron en su celda muerto habiendo intentado devorar la lana de su colchón. Un muy triste final para los pocos descendientes que quedaban de Augusto. Un último destello del odio de Tiberio por Agripina se trasluce del hecho que sólo muerta ésta, ordenó a matar a Plancina (la mujer de Pisón, presunto autor del envenenamiento de Germánico) que era una protegida de Livia. Mientras que la nieta de Augusto vivió no quiso darle esa satisfacción.
En este momento de los hijos varones de Germánico sólo quedaba Cayo César, al que todos llamaban Calígula, que contaba en esta época,18 años. Éste, que había vivido con Livia, pasó a vivir con su abuela Antonia a la muerte de aquella. En el año 31, viendo el peligro inminente sobre su cabeza se trasladó a vivir con Tiberio a Capri logrando reconciliarse con él; algo que no es de extrañar pues Calígula era un maestro del fingimiento, y pocas personas en la historia han logrado superar su vileza, incluso a tan corta edad. “(Calígula) ocultaba un ánimo feroz bajo una engañosa modestia, sin que hubiera alterado el tono de su voz la condena de su madre ni el exterminio de sus hermanos; según tuviera el día Tiberio, él adoptaba un aire igual, y con palabras no muy distintas a las suyas. De ahí el agudo y tan divulgado dicho del orador Pasieno de que “nunca fue mejor el esclavo ni peor el amo” (Tácito. Anales. VI, 20, 1).


Cayo César Calígula. Siglo I d.C. New York. Metropolitan Museum of Art. Foto de Bill Storage, Laura Maish, John Pollini y Nick Stravrinides

martes, 7 de febrero de 2017

Livia en la literatura y el cine




       A pesar de la importancia de Livia en la historia de la Antigua Roma, no hay mucha bibliografía específica sobre ella, particularmente en castellano. Para mi estudio pormenorizado sobre la gran emperatriz, me he basado fundamentalmente en la obra de Matthew Denninson, Livia l’imperatrice di Roma, un libro que desde la óptica de la historiografía moderna traza un perfil más humano de la mujer que tuvo que cargar durante siglos con el estigma de manipuladora y ambiciosa, hasta el límite de convertirse en una asesina, que le impuso Tácito en sus Anales. Dennison quiere dejar claro durante todo el libro que ese es el precio que tuvo que pagar Livia al ser capaz, siendo mujer,  de atreverse a ejercer el poder que Augusto le otorgó. Aquello era demasiado para un mundo romano regido desde siempre sólo por hombres. En esta línea de restitución de la emperatriz están las obras de Anthony Barret, Livia: First lady of Imperial Rome o la Livia de Lorenzo Braccesi, así como la novela del colombiano Enrique Serrano, La diosa mortal.
Como ya expuse en su día en mi reseña sobre la vida y personalidad de Livia, entre los escritores antiguos sólo Tácito y Dion Casio insinúan la afición de Livia a usar el veneno cuando alguien se cruzaba en su camino, siendo más numerosos los autores que alaban su carisma y singularidad como Veleyo Patérculo o Suetonio (quien no dudó en relatar con todo lujo de detalles los crímenes que se atribuyen a Tiberio, Calígula o Nerón y, sin embargo, nada apunta sobre Livia en este sentido).


Las diferentes edades de Livia (Sian Phillips) en Yo, Claudio. 1976

En la línea de Tácito y Dión está la maravillosa obra de Robert Graves Yo, Claudio de 1934 que tanto ha contribuido a crear la imagen negativa de la emperatriz. En ella, Livia es la protagonista femenina absoluta hasta el momento de su muerte. Manipula y mueve todos los hilos de la familia imperial, sin pararse ante nada, para conseguir que su hijo Tiberio herede el Imperio, como finalmente ocurrió. Si despojamos a la Livia que dibuja Graves del vestido de asesina despiadada y manipuladora que le endosó el escritor británico, el personaje concentra toda la fuerza y el carisma que sí debió tener la emperatriz y que tan magistralmente llevó a la pequeña pantalla en la homónima serie la actriz Sian Phillips en 1976, cuya imagen me cuesta desligar de ella en sus años de madurez.


Martina Stella como la joven Livia en la miniserie Augusto, el primer emperador, 2003

Livia aparece también en todas las obras dedicadas a su marido, como un personaje secundario, pero siempre de vital importancia en su vida. En los últimos tomos de la saga dedicado a Roma por Colleen McCullough, Livia aparece representada en la línea que la retratan los historiadores contemporáneos pero aunque es descrita como una mujer que empieza a despuntar como pilar fundamental en la vida del futuro Augusto, es aún una Livia muy joven e inexperta. La saga acaba tras la batalla de Accio, sobre el año 30 a.C. por lo que al final de la misma la futura emperatriz contaba con sólo 28 años.


Charlotte Rampling como la Livia madura en la miniserie Augusto, el primer emperador, 2003

En cuanto a la pequeña pantalla, Livia aparece en varias producciones además de en la mencionada Yo, Claudio, aunque en éstas se muestra de nuevo como un personaje sórdido aunque sin matices de envenenadoras. Entre ellas destacan la miniserie Augusto, el primer emperador romano en la que la emperatriz es representada en su juventud por Martina Stella y en sus años de madurez por Charlotte Rampling. En la serie Roma, Livia aparece en la segunda temporada siendo interpretada por Alice Henley. Aquí incluso la dibujan como una mujer viciosa a la que le gusta el sadomasoquismo en una imagen muy alejada de su famoso virtuosismo. Para mi gusto, ninguna de estas interpretaciones (exceptuando a Sian Phillips) logra captar la esencia de la emperatriz ni en lo referente a su aspecto físico ni en su personalidad arrolladora.


Livia (Alice Henley) seguida de cerca por Augusto (Simon Woods) en la serie Roma, 2005

miércoles, 1 de febrero de 2017

Adiós, Livia, adiós

Atardece en Prima Porta, una anciana mujer camina con dificultad apoyando sus pasos en un cimbreante bastón. Así y todo, avanza erguida y su regia presencia refleja la dignidad que siempre la ha acompañado. En la mano que le queda libre porta una corona de laurel que ella misma ha trenzado y que coloca con infinita ternura a los pies desnudos de la escultura más hermosa que conserva de su marido, la que se trajo consigo cuando huyó del estrés de la gran Urbe, aquella que lo representa eternamente joven y bello como a él le gustaba ser admirado. Al mirarlo, apenas puede entender cómo ha podido sobrevivir los últimos 15 años sin él. Y en eso tampoco le ha fallado pues sabe que lo único que la ha mantenido atada a este mundo es la certeza de que sólo ella podía garantizar la perdurabilidad de la obra a la que ambos habían dedicado toda una vida. Sin embargo, la lágrima trémula que se le escapa al contemplarlo como cada día, se pierde en la débil sonrisa que emana de su rostro ajado al presentir que está próxima la hora de su partida y que pronto, muy pronto, volverán a estar juntos para siempre.

Livia como Ceres. Siglo I d.C. París. Museo del Louvre
Fuente: http://museodelretrato.blogspot.com.es/2011/02/livia-drusila-mujer-de-augusto.html

 “En el consulado de Rubelio y Fufio Julia Augusta encontró la muerte a una edad muy avanzada. De una moralidad a la manera antigua, amable incluso más allá de lo que se consideraba propio en las mujeres de antaño, madre dominante, esposa complaciente, bien acomodada tanto a las artes de su marido como a la simulación de su hijo. Su funeral fue modesto y su testamento quedó largo tiempo incumplido. Su elogio lo pronunció ante la Rostra su biznieto Cayo César (Calígula), el que más adelante alcanzó el poder universal” (Tácito. Anales. Libro V. 1, 1-4).
Así, sin hacer ruido y sin haber estado nunca enferma de gravedad abandonó este mundo la más grande emperatriz de Roma a la edad de 87 años. Tengo que decir que cuando a una edad muy corta comencé a leer sobre Augusto y su familia, influenciada como toda una generación por Robert Graves, aborrecía a Livia. Sin embargo, cuando como historiadora y con espíritu racional empecé a quitar toda la ponzoña vertida sobre ella, descubrí debajo a una mujer única, bella, pero que no destacó precisamente por su hermosura sino por una inteligencia fuera de lo común, que fue la que la convirtió en la mejor consejera y colaboradora de Augusto en la ardua tarea de poner los cimientos del Imperio romano. Livia terminó de cautivarme desde el momento en que contemplé por primera vez los frescos de la Villa de Prima Porta, que constituyen para mí el más exquisito ejemplo de pintura romana. En ese mismo instante llegué a la conclusión que alguien con un gusto tan exquisito y delicado  tenía que ser forzosamente alguien excepcional.

Livia. Siglo I d.C. Copenhage. Carlsberg Glytotep
Fuente: http://museodelretrato.blogspot.com.es/2011/02/livia-drusila-mujer-de-augusto.html

Livia es  sin duda una de las mujeres más poderosas de la historia. Pues ella materializó todo lo que otras soberanas anhelaron ser: una verdadera reina de reinas, sin necesidad de que su cabeza fuese ceñida por corona alguna ni por suntuosas joyas. El resto de emperatrices romanas, incluida la famosa Agripina madre de Nerón, sólo fueron un pálido reflejo de la fascinación que consiguió suscitar Livia a lo largo de los siglos.
Dejando claro que Livia trabajó siempre a la sombra de su marido asumiendo ante el público el papel de sumisión que como mujer romana le correspondía, alcanzó logros jamás conseguidos por ninguna mujer en la época, porque ella encarnó a la perfección todos los valores que Augusto quería transmitir a la sociedad romana. Y él la recompensó por ello, tanto en vida como de manera póstuma.
Por ello, al final de sus días la emperatriz seguía siendo una mujer inmensamente rica  que manejaba su propia fortuna, con casi un millar de sirvientes y una infinita red de clientes desplegados por todo el Imperio. Su patrimonio comprendía varias ciudades de Judea, propiedades en Egipto con viñedos, pantanos con papiros, huertos y graneros, una propiedad en Asia menor, además de la citada villa de Prima Porta donde ella misma cultivaba el laurel con la que los emperadores realizaban sus coronas. Controlaba además otras actividades comerciales: una fábrica de ladrillos en Campania, una mina en la Galia, inmuebles para alquilar en Roma y una gran reserva en dinero líquido.
Tiberio consciente del gran carisma de su madre fue apartándola progresivamente del poder, y debido a las crecientes desavenencias entre ambos no la visitó ni una sola vez durante su último año de vida, pero aun así seguía temiendo su enorme influencia. “Mientras vivió Augusta quedaba todavía un refugio (para la prudencia), porque Tiberio tenía un respeto inveterado a su madre y ni siquiera  Sejano osaba anteponerse a su autoridad” (Tácito. Anales. Libro V, 3,1).


Livia. Siglo I d.C. Efeso. Museo

Su funeral fue modesto y no estuvo a la altura de su dignidad, pues Tiberio se empeñó en que pasara lo más desapercibido posible. Ni siquiera asistió al mismo y dejó que su discurso funerario lo leyera el joven de 17 años Cayo Calígula. Del mismo modo paralizó la lectura de su testamento y declinó la mayoría de los honores que el Senado pretendía decretar en su honor, impidiendo incluso que fuera consagrada como diosa. “Tiberio se excusó por carta de haber faltado a las supremas honras de su madre, sin cambiar en nada su ameno modo de vida, con el pretexto de importantes ocupaciones; además, los honores a su memoria generosamente acordados por el Senado, los atenúo aparentando modestia, aceptando sólo unos pocos y añadiendo que no se le decretara un culto divino, puesto que así lo había querido ella misma. Incluso en esa misma carta increpó las amistades mujeriles, censurando indirectamente al cónsul Fufio pues había gozado éste de especial aprecio de Augusta” (Tácito. Anales. Libro V, 2).

Una Livia muy anciana (Sian Philips) se despide de su nieto Claudio (Derek Jacobi) en un fotograma de la serie Yo, Claudio, 1976

Livia tuvo que esperar 13 años a que su nieto Claudio siendo emperador la divinizara en el año 42 d.C. devolviéndole todos los honores que sobradamente le correspondían. Una gran pérdida para el mundo romano, que sólo podía dar gracias a los dioses por haber podido disfrutar tanto tiempo de esta incomparable mujer.

martes, 24 de enero de 2017

El ascenso de Sejano

En el año 26 d.C. Tiberio decidió retirarse a la isla de Capri (a su suntuosa Villa Jovis), dejando todos los asuntos de gobierno en las manos de su Prefecto del Pretorio, Lucio Elio Sejano, de quien el emperador dependía cada vez más a medida que crecía su aborrecimiento por el poder.

Busto de Tiberio. Siglo I d.C. Colonia. Romish-Germanisches Museum
Fuente: By Carole Raddato from FRANKFURT, Germany - Tiberius, Romisch-Germanisches Museum, CologneUploaded by Marcus Cyron, CC BY-SA 2.0, 

Sejano nació en 20 a.C. en el seno de una familia de orden equestre originaria de Volsinii (actual Bolsena en Etruria). Su abuelo entró en la esfera de la familia imperial a través de su amistad con Terencia, la mujer de Mecenas (uno de los más grandes colaboradores de Augusto). Entre los años 2 y 4 a.C. Sejano fue nombrado miembro de la guardia pretoriana, acompañando al nieto y heredero de Augusto, Cayo Cesar, en su campaña en Armenia en el año 1 a.C.. Cuando Tiberio se convirtió en emperador nombró a Sejano Prefecto del Pretorio, como colega de su padre Lucio Seio Estrabón, aunque al año siguiente éste último fue nombrado gobernador de Egipto quedando Sejano como el único comandante al mando del prestigioso cuerpo.
Y fue entonces, a partir del año 17,  cuando Tiberio realizó un profundo cambio en la estructura y funcionamiento de la guardia pretoriana: dejó de ser un simple cuerpo de salvaguarda del emperador para convertirse en una organización de gran influencia en la vida administrativa, en los asuntos de gobierno y en la Seguridad Pública pues el nuevo César le traspasó la protección de la ciudad. En ese momento, los distintos campamentos en los que los pretorianos se dispersaban por la ciudad de Roma fueron trasladados a uno construido especialmente para ellos, la Castra Praetoria, dándole a Sejano el mando de entre 6.000 y 9.000 soldados, en los que aquel sustentó su anhelo de poder.


Sejano (Patrick Stewart) en un fotograma de la serie Yo, Claudio

En su  nueva posición, Sejano cultivó desde el primer momento el favor de Tiberio, un hombre desconfiado y carente de afectos sinceros a su alrededor, convirtiéndose pronto en su principal asesor. El emperador no dudaba en demostrar su afecto hacia él, llamándole su “compañero” y mandando erigir estatuas del prefecto por toda la ciudad. Del mismo modo, lo nombró pretor y nombró a los seguidores de Sejano en importantes puestos.
Estos privilegios concedidos al prefecto del pretorio no sentaron nada bien a la clase senatorial ni a algunos miembros de la familia imperial, especialmente a Druso, el hijo de Tiberio. La enemistad entre ellos se remonta al año 15 cuando ambos partieron hacia Germania y Panonia a sofocar un motín de las legiones allí acantonadas. Esta animadversión fue creciendo a lo largo de los años, incrementándose a la muerte de Germánico cuando Druso fue nombrado claramente sucesor al trono del Imperio y Tiberio empezó a delegar tareas de gobierno en él. A pesar de ello, Sejano no cesó en su empeño de acercarse a la familia imperial consiguiendo concertar el matrimonio entre su hija y el hijo del futuro emperador Claudio, sobrino nieto de Tiberio. Este matrimonio no llegaría a celebrarse.
 Entre los dos se originó incluso una pelea en la que Druso golpeó a Sejano. Éste último, inseguro aún de su posición en esta etapa, ocultaba su fiero carácter y le respondía con un tono amable que denigraba aún más al hijo de Tiberio que “se quejaba repetidamente de que su padre, teniendo un hijo vivo, llamara a otro como ayudante en el Imperio” (Tácito. Anales. Libro IV, 7, 1).


Druso el Menor. Siglo I d.C. Museo de las Termas. Roma 2013

Sin embargo Sejano entre bambalinas, sedujo a la esposa de Druso, Claudia Livila y entre ambos envenenaron al hijo de Tiberio en 23 d.C. haciendo creer a todos que su muerte había acaecido de forma natural a causa de los numerosos excesos de la vida licenciosa que llevaba en la que predominaba su asistencia a banquetes, bacanales y prostíbulos
Tiberio, amargado porque sus planes se habían frustrado, empezó poco a poco a desentenderse de las tareas de gobierno dejando gran parte de los asuntos que antes delegaba en Druso en manos de Sejano, mientras que crecían los hijos de Germánico (en esa época el mayor Nerón tenía 17 años) y su único nieto natural Tiberio Gemelo (su hermano había fallecido siendo muy pequeño).
No obstante, Sejano, que es uno de los personajes más ambiciosos y oscuros de la antigua Roma, tenía otros planes. Así en el año 25, tras divorciarse de su esposa Apicata solicitó al emperador la mano de Livila para asegurarse un puesto en la dinastía Julio Claudia como candidato al trono imperial. Pero él no era Agripa ni Tiberio Augusto, así que para estupor de todos el emperador declinó su oferta dándole un toque de atención y recordándole cual era su posición: “te engañas, Sejano, si crees que permanecerás en el mismo rango social, y que Livila, que estuvo casada primero con Cayo César (nieto de Augusto) y luego con Druso, va a hacerse a la idea de envejecer al lado de un caballero romano. Suponiendo que yo lo permita ¿crees que lo soportarán quienes han visto a su hermano, a su padre y a nuestros mayores en los más altos mandos? Cierto que tú quieres permanecer en el lugar que ocupas; pero aquellos magistrados y notables que, aunque tú no quieras, llaman a tu puerta y te consultan sobre todo, no ocultan sus quejas de que ya hace tiempo que has sobrepasado el nivel propio de un caballero y que has superado con mucho las amistades de mi padre; y por envidia a ti, me acusan también a mí” (Tácito. Anales. Libro IV, 40,4).
Esta replica inesperada no amilanó a Sejano, sólo lo obligó a cambiar de estrategia. Por un lado, consiguió casar a su hermana Elia Petina con el sobrino del emperador Claudio (en el año 28) y por otro, empezó a idear en su mente la eliminación uno a uno de todos los descendientes de Germánico, aprovechando los recelos de Tiberio hacia lo que él creía la desmesurada ambición de Agripina la mayor (nieta de Augusto y madre de los jóvenes).
Así, con Tiberio en Capri, Sejano leía toda la correspondencia entre él y el Senado. A pesar de ello, sus aspiraciones desmedidas se veían frenadas por el gran poder que aún detentaba desde la sombra una anciana mujer de 87 años que, aunque retirada de la vida pública en su Villa de Prima Porta, seguía poseyendo una inmensa red de influencias y, por encima de todo, el favor del pueblo de Roma, siendo su única presencia capaz de mantener a raya tanto a Tiberio como a Sejano. Livia, que seguía gozando de una salud de hierro, aunque también recelaba de Agripina, quizás por fastidiar a su hijo y parar los pies a Sejano, la tenía bajo su protección tanto a ella como a sus hijos. De hecho, el menor de ellos, Cayo Calígula (que a la muerte de Druso el menor tenía 11 años), vivía con ella desde el momento en que las relaciones entre Agripina y Tiberio comenzaron a tensarse. 


Livia (Sian Phillip) en unn fotograma de Yo, Claudio. 1976

martes, 17 de enero de 2017

La Villa de Tiberio en Sperlonga

Las fuentes discrepan si Tiberio sintió o no la pérdida de su hijo Druso. Suetonio afirma que “no amó con cariño de padre a ninguno de sus hijos, no ya al adoptivo Germánico, sino tampoco a su hijo legítimo, Druso, cuyos vicios le exasperaban […]. Y así, ni siquiera su muerte le afectó lo más mínimo, sino que casi inmediatamente después de los funerales, volvió a sus obligaciones habituales prohibiendo prolongar el duelo. Mas aún cuando unos embajadores ilienses le presentaron sus condolencias con un poco de retraso, les contentó en tono de broma, como si el dolor se le hubiera borrado ya de la memoria, que él también les daba el pésame por la pérdida de un conciudadano tan ilustre como Héctor” (Vida de Tiberio. Libro III, 52, 1-2). Tácito sigue esta misma línea pero matiza que Tiberio tomó esta actitud porque volcarse en el trabajo le ayudaría a superar su pérdida (Anales. Libro IV, 8,3).


Gruta en la Villa de Tiberio en Sperlonga

        Lo cierto es que en esta época, se empieza a evidenciar una alarmante dejadez de los asuntos de gobierno por parte del emperador, quien cada vez con más frecuencia los delegaba en el prefecto del pretorio, Lucio Elio Sejano. Tres años antes que su hijo (en el año 20) había muerto Vipsania, su primera esposa y gran amor de su vida, a la que nunca olvidó y que de alguna manera lo ataba a Roma. Ahora, desaparecido también Druso, salvo su madre Livia con las que las relaciones eran casi inexistentes en estas fechas, no le quedaba ningún fuerte vínculo que le obligara a permanecer en Roma por lo que el emperador comenzó a pasar largas temporadas en sus suntuosas villas en el sur de Italia, entre las que destacaba por su belleza y por su simbiosis perfecta entre la arquitectura y la naturaleza, la de Sperlonga, elegida en esta época por Tiberio por delante de la más conocida Villa Jovis en Capri.

Restos de la Villa de Tiberio en Sperlonga

La villa, comenzada a  excavar en 1957, tenía una longitud de más de 300 metros. Sus restos revelan que era un lugar fuera de lo normal pues en él se unen arquitectura y naturaleza, mar y tierra, espectáculos y cultos.
 Se constituye de varios edificios dispuestos en forma de terrazas orientadas hacia el mar. Las primeras estructuras están datadas en época republicana y quizás pertenecieron al abuelo materno de Livia.
La casa propiamente dicha se divide en varios ambientes articulados en torno a un patio porticado, entre los cuales se reconocen habitaciones para el servicio, una caldera y un horno para preparar pan. El esquema general del edificio es el de una construcción circular en una zona unida a una cuadrangular de la misma anchura. Este tipo de planta ya fue usado en el teatro de Pompeyo  e imitado por Adriano en su villa de Tivoli en siglo II d.C.


Planimetría de la Villa de Tiberio en Sperlonga.

A principios del siglo I d.C., se le añade un largo pórtico de dos naves y una gruta natural que surge junto a la villa y que fue enmarcada en un proyecto arquitectónico como ingreso monumental a la misma. Para ello se hicieron intervenciones en los muros y se colocaron esculturas de gran valor artístico inspiradas en las hazañas de Ulises y mosaicos con téseras de cristal. En el fragmento de una inscripción aparecen los nombres de Agesandro, Atenodoro y Polidoro los escultores del famoso Laooconte, por lo que las piezas deben ser copias de bronces griegos, aunque no está acreditada la autoría de todas. En el interior de la gruta se sitúa una gran piscina circular unida a otras externas con diferentes sistemas.


Gruta en la Villa de Tiberio en Sperlonga

Cabeza de Ulises. Siglo I d.C. Sperlonga. Museo Archeologico Nazionale


La cavidad principal, de 22 metros de diámetro, está tallada en la misma roca. Un islote central acogía el grupo de Escila mientras que a ella se abrían dos ambientes menores: a la izquierda una estancia circular que albergaba al fondo un triclinio y a la derecha un ninfeo con cascadas y juegos de agua en cuyo fondo se abría un nicho decorado con el grupo escultórico de Polifemo. Asientos tallados en la piedra destinados a los espectadores se distribuían a ambos lados. El estanque central está cubierto por una bóveda rocosa que el arquitecto ha dejado al natural.


Interior de la Gruta

Grupo de Escila. Siglo I d.C. Sperlonga. Museo Archeologico Nazionale


Reconstrucción del grupo de Escila. Siglo I d.C. Sperlonga. Museo Archeologico Nazionale


Reconstrucción del grupo de Polifemo. Siglo I d.C. Sperlonga. Museo Archeologico Nazionale


 Entre la piscina circular y la rectangular se colocaron grupos escultóricos más pequeños: el rapto del Palladión o el grupo de Ulises que transporta el cuerpo de Aquiles. Una escultura de Ganimedes secuestrado por el águila de Júpiter estaba colocada en alto sobre la apertura de la gruta.


Reconstrucción de la Gruta con la decoración escultórica
Fuente: http://villaditiberio.altervista.org/


Ganímedes secuestrado por el águila. Siglo I d.C. Sperlonga. Museo Archeologico Nazionale


La gruta comunica con una piscina rectangular de 30 metros de largo de agua marina, en cuyo centro se levantó una isla artificial de 16x8 metros compuesta de dos partes: del lado de la gruta, un islote cuadrado, rodeado por un pórtico de columnas, que alojaba el triclinio del emperador sobre un pequeño lago; del otro lado encontramos cuatro estanques del mismo tamaño en los que seguramente habría peces.


La gran piscina marina

Vista panorámica del entorno en el que se abre la gruta

Todas estas instalaciones constituyen un fantástico centro de ritual al que acudían emperador y su corte. Para que los espectáculos estuvieran a la altura probablemente se usarían máquinas que permitieran crear apariciones, antorchas, nieblas artificiales, música y sonidos especiales, representando la victoria de Ulises sobre su entorno asociado a la figura del emperador.
También se utilizaba este lugar único para la predicción del futuro, materia a la que Tiberio era muy aficionado. Por este motivo, los cuatro estanques con peces servían para la ictomancia o la adivinación por medio del color, los movimientos y velocidad de los peces. Estas prácticas tuvieron gran apogeo en la antigua Roma al igual que la astrología, el estudio de los vuelos de los pájaros o la realizada por los augures al analizar las vísceras de los animales sacrificados.



Tiberio abandonó la villa de Sperlonga en el año 26 pues una grieta en la bóveda natural de la gruta ocasionó un desprendimiento que acabó con la vida de varios de sus invitados. A él le salvó la vida Sejano, lo que acrecentó su confianza ciega en el prefecto del pretorio.“Quiso la suerte que por aquellos días un peligro que amenazó al César aumentara los rumores vanos y le proporcionara a él motivo para fiarse más de la amistad y lealtad de Sejano. Estaban comiendo en una villa que se llama Spelunca (actual Sperlonga), entre el mar de Amiclas y los montes de Fondi, en una caverna natural. Las rocas de su entrada se derrumbaron de repente aplastando a varios de sus servidores. Cundió el miedo entre todos, y los que asistían al banquete se dieron a la fuga. Sejano, cubriendo al César con sus rodillas, rostro y manos, se opuso a las piedras que caían, y en tal actitud fue hallado por los soldados que habían llegado a prestar ayuda. Se hizo más poderoso con ello, y aunque diera consejos perniciosos, era escuchado con confianza, en la idea que no le inquietaban sus propios intereses” (Tácito. Anales. Libro IV, 59, 1-2).
El caso de la gruta de Sperlonga no es único pues se tiene constancia que con posterioridad Claudio, Nerón y Domiciano construyeron otras similares.

martes, 10 de enero de 2017

Druso el menor


Druso el menor. Siglo I d.C. Madrid. Museo del Prado
Fuente: De Luis García, CC BY-SA 2.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=951749


         Tras la muerte de Germánico en el año 19 d.C., la sucesión recayó en el hijo natural de Tiberio, Druso Julio César, más conocido como Druso el menor, para diferenciarlo del hermano de su padre. Druso se reveló desde el principio como un joven capaz y hábil militar, a pesar de su carácter violento y su afición a la vida disoluta; sin embargo mientras vivió Germánico, siempre estuvo eclipsado por la figura magnética de aquel.
Druso fue el único hijo de Tiberio, nacido el año 14 a.C. como Tiberio Claudio Druso, fruto del matrimonio de aquel y su amada esposa Vipsania Agripina. Dos años después (en el 12 a.C) estando su madre de nuevo embarazada, ella y Tiberio fueron obligados a divorciarse por orden de Augusto y Livia, para que el joven contrajera matrimonio con Julia, hija del emperador. Tiberio con gran dolor se separó de su querida Vipsania, que del disgusto perdió el hijo que esperaba. Druso se trasladó siendo muy pequeño con su padre al palacio imperial. Cuando Tiberio marchó a Rodas algunos años después, el niño se quedó allí junto a su odiada segunda esposa, por lo que se educó un poco salvajemente, sin una figura paterna que le impusiera disciplina.


Druso el menor. Siglo I d.C. Paris. Museo del Louvre
Fuente: Di User:Jastrow, own work, 2008-04-11, CC BY 2.5,

Cuando Tiberio volvió de Rodas en 2 a.C., como un simple privado, se llevó a su hijo con él (Druso contaba entonces con 12 años) a la Villa que  había sido de Mecenas en el Esquilino. En esta época tuvo lugar la ceremonia de asunción de la toga virilis por parte del muchacho, que fue acompañado por su padre al Templo de Marte Vengador; Tiberio se ocupó de no llamar la atención para no irritar a Augusto, con el que aún estaba enfrentado.
No obstante, en el año 4 a.C., cuando la muerte de Cayo César obligó a Augusto a adoptar a Tiberio, tanto el padre como el hijo, se colocaron en primera línea de la vida política, aunque desde el principio el emperador mostró su preferencia por Germánico, imponiendo a Tiberio la adopción de éste a pesar de la existencia de Druso, sólo un año menor que él. En esa época Druso contrajo matrimonio con su prima Claudia Livila, hermana de Germánico y viuda de Cayo César. De este matrimonio nacieron 3 hijos: Julia Livia y una pareja de gemelos: Tiberio y Germánico Gemelo.


Druso el menor y Livila en el Gran Camafeo de Francia. 19 d.C. París. Gabinete de Medallas

La carrera política de Druso se inició en el año 11 d.C. cuando Augusto lo nombró cuestor; ya desde dos años antes se le había permitido asistir a las sesiones del Senado, a pesar de no ser senador. En el año 13 fue nombrado miembro permanente del Comité restringido del Senado que el anciano Augusto había creado para facilitarle la labor. Así poco a poco fue participando en la vida pública, y tras la muerte de Augusto en el año 14, Druso leyó en público cuatro libros en los que se recogían las palabras del difunto emperador sobre sus funerales, sobre la decoración de su mausoleo, sobre la administración y las últimas instrucciones sobre el poder asignado a Tiberio y al pueblo. Del mismo modo, Druso leyó un elogio fúnebre dedicado Augusto desde la Rostra. En el testamento del primer emperador romano, Druso aparece designado sucesor de segundo grado junto a Germánico.
Durante ese año, dentro de los disturbios que se produjeron tras la muerte de Augusto, en Panonia se produjo una rebelión militar. Para calmarla Tiberio decidió enviar a Druso al frente de dos cohortes de pretorianos, a pesar de su escasa experiencia militar. No obstante, el joven solucionó la crisis con gran habilidad.
Este éxito le abrió las puertas del consulado al año siguiente (15 d.C.). Ese mismo año, en el que fue decretado un triunfo a Germánico, Druso obtuvo la organización de los juegos de gladiadores, ofrecidos en nombre del hermano, juegos recordados por su excesiva crueldad, llegando a horrorizar a un pueblo romano siempre tan ávido de sangre. Por ello, Tiberio tuvo que recriminarle.


Moneda con Tiberio en el anverso y Druso y Germánico en el reverso
Fuente: Di Classical Numismatic Group, Inc. http://www.cngcoins.com, CC BY-SA 2.5, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=10582213

En aquella época empezó una gran división en la corte entre los partidarios de Druso y aquellos de Germánico. Tiberio que siempre miraba al adorado Germánico con suspicacia favorecía a su hijo natural. No obstante, los dos jóvenes se apreciaban sinceramente y se mantenían indiferentes a esta polémica.
En el año 17, Druso fue enviado como gobernador a la provincia de Iliria, para hacer prácticas en el servicio militar y ganarse el favor de las legiones allí acantonadas, para que Druso tuviera el apoyo del ejército como lo tenía Germánico. Al mismo tiempo, Tiberio encomendó a Druso la organización de las nuevas provincias que había creado al dividir Iliria en dos provincias diferentes: Dalmacia y Panonia. Además, Tiberio pretendía alejar a Druso de los vicios de la urbe a los que era muy adicto. 
     En el año 19, Druso comenzó a conquistar gloria militar en Germania con una brillante estrategia de apoyar conflictos internos. Tanto él como su hermano adoptivo recibieron por esa época una ovación decretada por el Senado. Cuando ese mismo año murió Germánico, Druso acompañó al hermano de éste, el futuro emperador Claudio y a los hijos de Germánico en Brindisi cuando Agripina desembarcó con las cenizas de su marido. Su dolor puso de manifiesto lo unido que estaba a su hermano adoptivo.
Acabado el luto, Druso volvió a Iliria. Pisón, indagado por su implicación en la muerte de Germánico buscó su apoyo, creyendo que se habría alegrado con la muerte de su rival. Sin embargo, el hijo de Tiberio le respondió que si se probaba su participación en el asesinato de su hermano, sería implacable hacia su persona.

Druso el menor. Siglo I d.C. Roma, Museo de la Termas
Fuente: Di © José Luiz Bernardes Ribeiro /, CC BY-SA 3.0,

        Al poco tiempo Druso volvió a Roma, ingresando en esta época en el Colegio de Augures. En el año 21 fue investido cónsul por segunda vez, por lo que Tiberio, su colega de consulado aprovechó para marcharse a Nola una temporada, con la finalidad de que su hijo se habituara a desempeñar solo las funciones de gobierno. Druso aprovecho la oportunidad para ganarse adeptos. Así al año siguiente, Tiberio pidió al Senado la tribunicia potestad para Druso (sólo reservada al emperador o a su sucesor designado), algo que le fue concedido de inmediato. Druso que en ese momento se encontraba con Tiberio en Campania, escribió una carta de agradecimiento al Senado, algo que no sentó bien, pues fue tomado como un acto de prepotencia, pues siendo tan joven debería haberse presentado en persona.
Pero el camino de Druso hacia el poder no iba a ser un camino de rosas pues durante estos años fue aumentando en la sombra la influencia sobre Tiberio de uno de los personajes más siniestros de la antigua Roma, Lucio Elio Sejano, el prefecto del pretorio, un hombre con una ambición sin límite que quiso aprovechar la confianza que el emperador depositaba cada vez más frecuentemente en su persona para acceder al trono imperial. De hecho el poder de Sejano era tan grande que tenía bajo su mando directo todas las cohortes presentes en Roma y era él mismo quien nombraba centuriones y tribunos entre personal de su absoluta confianza, leales a él, no a Tiberio.


Sejano (Patrick Stewart) y Livila (Patricia Quinn) en un fotograma de la serie Yo, Claudio. 1976

Aunque la sucesión imperial estaba asegurada con Druso, sus hijos y los tres hijos varones de Germánico, Sejano planificó la eliminación de cada uno de ellos. Su primer objetivo fue Druso, con quien su relación era mala, pues en una ocasión había sido golpeado por el hijo de Tiberio en un ataque de ira.  Al mismo tiempo, Druso se quejaba a su padre de los privilegios que cada vez con más frecuencia concedía al prefecto. Para acabar con él, tomó de amante a Livila, la mujer de aquel, que a instancias de éste le suministró un veneno de efecto lento, para que la muerte del heredero imperial pareciese  causada por una enfermedad. Así, Druso murió el 14 de septiembre del año 23.
Todos, incluido Tiberio, pensaron que Druso había muerto debido a sus muchos vicios. Los funerales fueron mucho más fastuosos que los de su hermano adoptivo, sin embargo el dolor del pueblo fue más bien simulado pues todos ansiaban el ascenso al poder de los hijos de su amado Germánico.
Como he ido desgranando, Druso era de carácter violento y muy dado a abandonarse a los placeres y los vicios. Era tan aficionado a las luchas de gladiadores que una de las espadas largas usadas por éstos se llamo drusica en su honor. Incluso se le conocía con el sobrenombre de Cástor (como un aclamado gladiador debido a la pelea en la que golpeó a un guardia pretoriano siendo muy joven). Se le conoce también por poner de moda el comer cinco o seis almendras amargas a la vez para inmunizarse contra la borrachera. Igualmente era arrogante y soberbio, intolerante e impulsivo. Sin embargo, y a pesar de todo era leal a sus amigos, tal y como quedo reflejado en su relación con Germánico y eficaz en las tareas de gobierno, aunque nunca tuvo el carisma necesario para ganarse a las masas que lo respetaban con príncipe imperial pero que nunca lo amaron.


Pollice Verso. Jean Leon Gerome. 1872. Phoenix. Art Gallery
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