domingo, 18 de febrero de 2018

Puñales en el Palatino

“Hubo muchos prodigios que anunciaron su asesinato. En Olimpia, la estatua de Júpiter que había ordenado desmontar y trasladar a Roma, soltó de improviso una carcajada tan imponente que los andamios se vinieron abajo y los obreros huyeron a la desbandada; acto seguido apareció un individuo llamado Casio, que pretendía haber recibido en sueños la orden de inmolar un toro a Júpiter. El Capitolio de Capua fue alcanzado por un rayo el día de los idus de marzo, así como en Roma la habitación del intendente del Palacio. Hubo quienes opinaron que el segundo prodigio anunciaba al emperador un peligro proveniente de sus guardias y que el primero presagiaba un nuevo regicidio, como el que se había perpetrado otrora esa misma fecha. Asimismo, cuando consultó acerca de su horóscopo al astrólogo Sila, éste afirmó que su muerte estaba próxima con toda certeza. Las Fortunas de Anzio le advirtieron también que se guardara de Casio; por este motivo había dado orden de matar a Casio Longino, por entonces procónsul de Asia, sin recordar que Querea también se llamaba Casio”.
Suetonio. Vida de Calígula, 57, 1-3

Amanece sobre la colina Palatina. Parece un día normal, el sol brilla en el cielo a pesar del frio del invierno romano y los pájaros sobrevuelan el Foro; pero el bullicio creciente del pueblo que se encamina en masa hacia el teatro portátil de madera, levantado en el suelo más sagrado de Roma, señala que hoy no es un día cualquiera. Se celebran los juegos palatinos en honor del divino Augusto, algo que augura dinero y comida gratis para todos. Es el 24 de enero del año 41 de nuestra era.

Calígula. Siglo I de.C. Copenhage. New Carlsberg Glyptotek

El dueño del mundo, a escasos metros de allí, se ha despertado en su palacio de excelente humor, algo no muy habitual, pues las noches insomnes le pasan factura cada mañana; de sobra es conocido por todos que Calígula no duerme apenas. Vestido con una amplia túnica de vivos colores al más puro estilo oriental con su sien coronada de áureo laurel se dispone a salir hacia el teatro. A la puerta de sus aposentos le espera su guardia germana, formada por aguerridos guerreros que lo escoltaran hasta su lugar en el palco imperial. En la puerta del corredor que comunica el palacio con el teatro, el tribuno Casio Querea le sale al encuentro para requerirle el santo y seña del día. Calígula, dirigiéndose a él en su tono de burla habitual, le indica “dame un besito”. El veterano pretoriano se cuadra y repite la contraseña con semblante serio que no desvela ninguna emoción. El emperador se acerca a él y, con gestos obscenos, frunce los labios acercando su boca a la del soldado para un instante después alejarse entre sonoras carcajadas flanqueado por los germanos. El día no podía haber comenzado mejor.

Guardia pretoriana. Relieves del arco de Claudio. Siglo I d.C. París. Museo del Louvre

Sin embargo algo no va bien, pues al sacrificar un flamenco en honor de Augusto, la sangre del animal ha salpicado la túnica de Calígula. No es un buen presagio. Pero el emperador no ha prestado demasiada atención al escabroso detalle.
Cuando hace su entrada en el teatro la muchedumbre lo aclama. Y su regocijo aumenta al ver a los espectadores luchar entre ellos por hacerse con algunos de los regalos lanzados a la grada.
En el palco se rodea de sus más fieles colaboradores. Calígula aplaude pletórico la actuación de Mnéster su actor preferido, al que invita a acercarse para, a continuación, besarlo sonoramente ante el estupor de las masas. Aunque es algo habitual en él, el pueblo no se resigna a un emperador de actitudes tan poco romanas.


Mascaras teatrales de Villa Adriana. Siglo II d.C. Roma, Museos Capitolinos

El sol se acerca a su punto más alto. Es cerca de la una de la tarde. Viniciano insta a Calígula a salir a comer algo, pero el emperador tiene aún el estómago pesado de la copiosa cena de la noche anterior por lo que declina el ofrecimiento. Al poco, el senador se levanta y se disculpa ante él con la excusa de ir a las letrinas. Se aleja por el pasadizo oscuro que había traído a Calígula hacia allí, y de la oscuridad emergen otros hombres que le exigen que atraiga al emperador como sea. Entre las sombras se dibuja la figura imponente de Casio Querea que amenaza con matar al emperador en el mismo palco. Entre los otros conspiradores lo serenan, a sabiendas que cualquier error puede acabar en un baño de sangre que les costaría la vida a todos.
Viniciano vuelve junto a Caligula. Mientras se encamina hacia él acompañado de varios pretorianos ha pensado un plan para convencerlo a abandonar su sitio. Le dice que ha llegado la compañía de actores niños, descendientes de las más nobles familias de Asia, y que están ansiosos por saludarle. El César se levanta entusiasmado y sigue al senador nuevamente por el pasadizo escoltado sólo por los pretorianos. Lo acompañan su tío Claudio y algunos senadores. La comitiva se desvía hacia la puerta del palacio seguida por la guardia germana. Calígula, no obstante, continúa caminando solo por el lóbrego pasadizo bajo la escolta de los pretorianos con la intención de saludar a los niños. Los soldados han dispersado a la multitud devota que seguía a Calígula y que podrían servirle de escudo.


La muerte de Calígula


El silencio y la oscuridad, sólo rota por la tenue luz que entra por las pequeñas ventanas, lo envuelve todo. Se oyen pisadas militares procedentes del otro extremo del corredor. Otro grupo de pretorianos encabezados por Casio Querea sale al encuentro del emperador. Calígula sonríe mientras comenta con sorna y en voz alta que hacia él avanza Venus uniformada, en un nuevo ataque al tribuno. Cuando ambos hombres están frente a frente rodeados de pretorianos, Calígula vuelve a preguntar a Querea el santo y seña del día. El soldado lo mira con fiereza, al mismo tiempo que saca una afilada daga de su cinto, mientras le espeta cerca del rostro que el santo y seña del día ha cambiado, y que no puede ser otro que ¡libertad!. Ante el estupor de Calígula, Querea le clava la daga entre el brazo y el cuello en una herida no mortal cercana a la clavícula. El emperador, gimiendo de dolor, trata de huir pero otra puñalada asestada por Cornelio Sabino le hace caer de rodillas. Y en ese preciso momento la mayoría de conjurados, como lobos enfebrecidos, clavan una y otra vez sus espadas en el cuerpo del príncipe que con los ojos elevados a lo alto implora la protección de Júpiter. Se piensa que fue Aquila o quizás el mismo Querea quien le asestó el golpe de gracia. Y hay incluso quien dice que algunos de los conjurados se jactaron de haber bebido su sangre.
Al ver el cuerpo destrozado del emperador, los conjurados huyen a refugiarse irónicamente en la casa de Germánico, padre de Calígula. En cuanto los guardias germanos se han enterado del asesinato se lanzan en busca de los asesinos matando con gran furia a todas las personas que se interponen a su paso. Su rabia no se debe a la lealtad, sino al hecho de haber perdido al benefactor que los cubría de oro.
Poco a poco se va extendiendo un rumor por el teatro aunque las noticias son contradictorias. Ante la duda, creyendo que sea incluso una treta del propio Calígula, nadie se atreve a mostrar sus sentimientos ni a moverse de sus asientos. Cuando se confirma la muerte del César, la plebe que en principio exige con violencia la muerte de los asesinos, pausadamente se dispersa y abandona el teatro. Incluso los germanos deponen las armas. Un silencio sepulcral inunda las calles de Roma.
En el Palacio imperial, uno de los conspiradores, Junio Lupo se mueve sigiloso para acabar con la vida de la emperatriz Cesonia y de su hija Drusila. La esposa de Calígula es degollada mientras que la niña, que acaba de cumplir dos años, es estrellada contra la pared.

El asesinato de Cesonia. 1624-1703. Lazzaro Baldi. Roma. Galeria Spada

En el oscuro pasadizo el cadáver del dueño del mundo yace abandonado convertido en un despojo. Sólo un hombre de rasgos orientales y porte regio se atreve a acercarse a él. Con mucha delicadeza y ayudado por un esclavo coloca el cuerpo del emperador en una litera y abrigado por la noche lo lleva en secreto hasta los jardines de Lamia en el Esquilino. Allí lo quema como puede y lo entierra a toda prisa bajo una capa de fino césped. El hombre en cuestión es Herodes Agripa, amigo íntimo y leal del emperador, que esos días se encontraba en Roma como su invitado. Pocas semanas después, al volver del exilio las hermanas de Calígula, Agripina y Livila rescataron sus restos y los incineraron debidamente. Probablemente sus cenizas fueron sepultadas en el Mausoleo de Augusto, aunque no hay certeza. Incluso en Nemi buscan hoy en día sus restos. Según un rumor popular sólo entonces el fantasma de Calígula dejó de atormentar a los guardias de los jardines de Lamia y cesaron los horripilantes ruidos que resonaban de noche en el escenario del crimen.


Moneda de Herodes Agripa
Fuente: De Classical Numismatic Group, Inc. 
CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=3198715

Así, acabó sus días el último hijo varón de Germánico, con sólo 28 años de edad, de manera tan violenta como había vivido. El príncipe más aclamado al llegar al trono que, con la atrocidad de sus actos, pasó a encabezar desde entonces cualquier lista de los peores gobernantes de la historia.


Criptopórtico de Nerón. Pasadizo donde asesinaron a Calígula. Roma. Palatino

“Cayo murió de este modo, después de haber gobernado a los romanos durante 4 años  y 4 meses. Fue un hombre que, incluso antes de obtener el imperio, tenía un carácter duro y sin sentimientos, entregado a los placeres, amigo de la delación. Se atemorizaba por todo, y por ésto, una vez en el poder, estaba dispuesto a matar. Cuando disfruto del imperio, se comportó feroz y locamente aun contra aquellos que de ninguna manera debía tratar indebidamente, matando y no respetando las leyes y buscando las riquezas para sí. Quiso ser más que los dioses y las leyes, y resultó perverso para el pueblo. Aquello que la ley consideraba vergonzoso y condenable, parecíale más honorable que la virtud. No tenía en cuenta a los amigos, aunque estuvieran ubicados en altos puestos. Se indignaba contra ellos, infligiéndoles castigos por la menor causa. Para él, eran enemigos todos los que eran respetados por su virtud: quería que se cumpliera lo que ordenaba su indómita y desenfrenada voluntad. […]. No se recuerda de él ninguna acción grande o digna de un rey que haya hecho en beneficio de sus contemporáneos o la posteridad, excepto los trabajos realizados en los alrededores de Regio y Sicilia para recibir a los navíos llenos de trigo que venían de Egipto, obra muy considerable y favorable a la navegación. Pero no la terminó: la dejó inconclusa por su negligencia. Se preocupó, en cambio de cosas inútiles, de modo que gastaba grandes cantidades en placeres. […]. De nada le sirvieron las cosas buenas que aprendió  en su instrucción para librarse de la maldad a la que se inclinaba. Resulta difícil moderarse y gobernarse para aquellos que no están obligados a dar cuenta de lo que hacen y que tienen expedito el camino para proceder arbitrariamente. Al principio era tenido en gran estima por haberse esforzado en emular a los mejores en saber y reputación; luego, el exceso de sus injusticias terminó por destruir el afecto que sus contemporáneos le tenían y alimento un odio secreto” (Flavio Josefo. Antigüedades Judías. Libro XIX, 2, 5).

domingo, 11 de febrero de 2018

La conjura definitiva

Como hemos ido desgranando en anteriores artículos, Calígula había puesto contra las cuerdas a todas las instituciones del Estado, entre las que había anidado un fuerte odio hacia el emperador.
Sin embargo, el núcleo principal de la conjura que acabaría con su vida no procedía de la aristocracia sino de su entorno su entorno más cercano. Todas las fuentes coinciden en señalar al liberto Calixto y a los prefectos del pretorio como las mentes que planearon el asesinato y a los propios pretorianos, liderados por Casio Querea, como los autores materiales del tiranicidio.

Guardia pretoriana. Relieve de la columna de Trajano. 114 d.C. Roma.


Calixto era el más influyente de los libertos imperiales. Tanto Tácito como Flavio Josefo recogen su participación en la conspiración. “Había llegado a la cima del poder, igual al del tirano, gracias al miedo que inspiraba a todos y a la gran fortuna que había acumulado. Se apoderaba de todo lo que podía y era insolente con todos usando su poder con injusticia. Sabía que Cayo (Calígula) era implacable y tan terco que nunca desistía de lo que había decidido; por esto y muchas otras cosas se sentía en peligro, especialmente por su gran fortuna” (Antigüedades Judías, XIX, 10).
En cuanto a los prefectos del pretorio, sólo uno de ellos, Marco Arrecino Clemente, aparece en los escrito de Josefo, aunque eso no indica que el otro no estuviera implicado pues Calígula en su ansia de molestar a todo el mundo, intentaba enemistar a los dos, para impulsarlos a denunciarse mutuamente. Clemente aunque no participó en la ejecución fue el encargado de tantear a aquellos pretorianos que sí intervendrían.
Las fuentes nos han dejado algunos de los nombres de éstos, resaltando todos que el principal ejecutor fue Casio Querea. Papinio, Cornelio Sabino y Junio Lupo lo acompañaron aquella mañana.

Busto de Calígula. Siglo I d.C. Nueva York. Metropoltan Museum 
 Fotografía propiedad de Bill Storage, Laura Maish, John Pollini y Nick Stravrinides

También formaron parte de la conjura algunos miembros del Senado. Josefo señala los nombres de Annio Viniciano, Valerio Asiático y Emilio Régulo. Éste último, cometió el error de contar detalles del complot a algunos amigos, por lo que fue ejecutado días antes de la muerte del emperador. Probablemente este hecho aceleró los planes de los asesinos, por miedo a ser denunciados.
Según Josefo, fue Querea quien comenzó a quejarse ante Papinio y Clemente de sus remordimientos por los crímenes cometidos al servicio de Calígula. Comentó que se sentía en el deber de procurar la libertad para todo. Ante las dudas del prefecto, contactó con Cornelio Sabino, y ambos con Viniciano. Así se habrían puesto en contacto las dos ramas unidas bajo el santo y seña de “Libertad”.
No obstante, investigadores modernos ponen en duda el papel de Querea como autor intelectual de la conjura. Igualmente contraponen el relato a la afirmación de Tácito de secreto complot, por lo que una conjura con un elevado número de participantes hubiera estado destinada a fracasar. Por eso la versión más extendida es que Calixto y los dos prefectos del pretorio, quizás apoyados por un número pequeño de senadores, eligieron a alguien cercano a Calígula con motivos personales para desear su muerte y lo suficientemente insensato para pensar en las consecuencias, triunfara o fracasara la conjura. Casio Querea, alguien acostumbrado a cumplir órdenes no a exigirlas, reunía todos los requisitos y seguramente él mismo, arrastró a sus compañeros más leales.


Claudio. Siglo I d.C. Roma. Museos Vaticano

Se ha especulado también sobre una posible participación de Claudio, el cual tenía suficientes motivos para odiar a su sobrino, a pesar de ser el hijo de su querido hermano Germánico. Aunque Calígula lo había ridiculizado y sometido constantemente a crueles humillaciones durante todo su Principado, es muy improbable su implicación, pues el tío del emperador hasta ese momento no había sido tomado en serio por nadie. Además, cuando ocupó el trono imperial una de sus primeras medidas fue castigar duramente a los principales asesinos, que no hubieran dudado en delatarlo.

domingo, 4 de febrero de 2018

Calígula y su guardia pretoriana

Calígula reformó levemente la guardia pretoriana para evitar que un solo prefecto acumulara tanto poder como Sejano o Macrón. Por este motivo dividió el mando del cuerpo de élite encargado de su seguridad entre dos prefectos. Sólo nos ha llegado el nombre de uno de ellos, Arrecino  Clemente.


Guardia pretoriana. Relieves del arco de Claudio. Siglo I d.C. París. Museo del Louvre

En los últimos meses de su Principado la obsesión de Calígula por evitar una conjura le llevó a numerosos procesos y ejecuciones. En uno de éstos, según cuenta Dión Casio, uno de los condenados fingió ser un conspirador y prometió revelar los nombres de sus cómplices entre los que incluyó a los más fieles colaboradores del emperador: al liberto Calixto y a los dos prefectos del pretorio. Sólo los salvó que el delator mencionara también a la esposa de Calígula, cuya lealtad estaba fuera de toda duda. Así y todo, el César mandó llamar a los otros tres implicados y les gritó. “yo estoy solo y desarmado; vosotros sois tres y lleváis armas; si me odias y queréis acabar conmigo: ¡ea, matadme!”. Los tres se postraron servilmente a sus pies y le juraron fidelidad proclamando su inocencia.
El emperador intuía que algo muy grande se estaba fraguando en contra de él y actuó en consecuencia con toda su dureza, siendo incapaz de llegar al corazón de la trama. Así, no daba un paso sin estar rodeado de su guardia imperial germana y de sus pretorianos. La primera contaba en esta época entre 500 y 1000 miembros reclutados en la provincia de Germania inferior y muy bien pagados. Sin embargo, no sospechaba que uno de los cerebros de la conjura definitiva para acabar con su vida lo estaba gestando él mismo en el seno del Pretorio.


Busto de Calígula. Siglo I d.C. París. Museo del Louvre.
 Fotografía propiedad de Bill Storage, Laura Maish, John Pollini y Nick Stravrinides
Fuente: http://www.rome101.com/Portraiture/Caligula/


             Entre los pretorianos, Calígula tenía una peculiar relación con uno de sus tribunos: Casio Querea. Éste era un valeroso soldado, superviviente de la batalla de Teutoburgo y muy cercano a su padre Germánico. Calígula tenía a Querea como su hombre de confianza para hacerle el trabajo sucio en muchas ocasiones. Sin embargo, el veterano de mil batallas no llevaba muy bien este rol dentro de la corte imperial. Se cuenta que Calígula le ordenó torturar a una liberta, Quintilia, que supuestamente había sido testigo de injurias contra el emperador. La chica quedó en tal lamentable estado, sin dejar de mantenerse firme en su inocencia, que hasta Calígula conmovido la perdonó y recompensó. Desde entonces Casio Querea ya no fue el mismo, pues cada vez le encomendaban trabajos más degradantes.
A ello se unen las frecuentes burlas que soportaba por parte del emperador a causa de su voz aflautada a pesar de su complexión fuerte y varonil. Dice Suetonio, “Casio era ya viejo y Cayo tenía la  costumbre de prodigarle toda suerte de ultrajes, tratándole de cobarde y afeminado. Cuando se presentaba ante él para pedirle la consigna, le contestaba “Príapo” (dios fálico) o Venus (diosa femenina), y si le daba las gracias por una razón cualquiera, le tendía la mano a besar con actitud y movimientos obscenos” (Vida de Calígula, 56, 2).


Estela funeraria del pretoriano Pomponio Próculo. L’Aquila. Museo Nacional de los Abruzzo

Continúa Flavio Josefo que [Querea] hacía mucho tiempo que servía en el ejército y estaba descontento de la conducta de Cayo. Éste le encargó la percepción de los impuestos, así como también de las deudas atrasadas que se debían al fisco del César. Se demoró en la percepción de estas cargas, porque habiendo sido duplicadas, y atendiendo más bien a su carácter que a las órdenes de Cayo se compadecía de aquellos a quienes tenía que exigírselas. El César se indignó con él, acusándole de molicie en la percepción de los impuestos. Lo insultaba de mil maneras; especialmente cuando le daba la palabra de orden el día que estaba de servicio; escogía un nombre deshonroso y femenino. Lo humillaba de este modo, aunque él mismo participaba en la celebración de ciertos ritos que había instituido; se vestía con ropas femeninas y se colocaba en la cabeza trenzas para simular aspecto de mujer. Querea cuando recibía la consigna, se llenaba de cólera; pero se irritaba todavía más cuando la transmitía a los demás, pues sabía que entonces se convertiría en motivo de risa; de modo que los demás tribunos se divertían a su costa, pues todas las veces que iba a peadir al emperador la consigna, predecían, que traería como de costumbre, motivo de regocijo”. (Las Antigüedades de los judíos, XIX, 5).
 La consigna era algo sagrado en el contexto militar. Hasta ahora se habían utilizado siempre palabras insignes como Roma o Augusto. Pero, Calígula en su línea de agraviar a todas las instituciones, no obvió a su propia guardia.

domingo, 28 de enero de 2018

Los barcos de Calígula en Nemi

“Mandó fabricar navíos liburnos de diez filas  de remos, con las popas adornadas de piedras preciosas y las velas tornasoladas, en los que había termas, pórticos y comedores de gran amplitud, e incluso una gran variedad de vides y árboles frutales; en estas naves celebraba durante el día banquetes amenizados con danzas y conciertos, mientras recorría las costas de Campania”
Suetonio. Vida de Calígula (37,2)

              
Lago de Nemi


             En la zona central de las Colinas Albanas, a 25 kms al sureste de Roma, se localiza Nemi, en cuyo lago cada verano tiene lugar un fenómeno conocido como Speculum Dianae (Espejo de Diana) caracterizado por el maravilloso reflejo de la luna en el centro del lago. Seguramente por este motivo lo eligió Calígula para construir los dos espectaculares navíos similares a los que se hace referencia Suetonio.
              Tras la muerte del emperador, el Senado ordenó que se destruyeran todas sus obras, fruto de su carácter megalómano. Los barcos fueron hundidos en la profundidad del lago y cayeron en el olvido. Sin embargo, de vez en cuando los pescadores sacaban a la luz objetos antiguos enredados entre sus redes. Ello fraguó la leyenda que en lo profundo del lago se hallaba algún navío colosal.


Uno de los barcos, según National Geographic. 2014


              En 1446, Próspero Colonna propietario de ese territorio fue el primero en querer hallar que escondía el lago de Nemi por lo que encargó la exploración a buceadores profesionales genoveses. Éstos vieron un único barco y al intentar sacarlo a la superficie con técnicas inapropiadas arrancaron parte del mismo, que durante mucho tiempo fue expuesta en Roma.
Así, durante otras ocasiones a través de los siglos se intentaron sacar a la luz los restos de los navíos imperiales. No obstante, no fue hasta 1927, ordenado por Benito Mussolini, cuando se decidió vaciar el lago mediante grandes centrifugadoras. En la primavera de 1928 fue rescatado el primer barco. Entonces se construyó un Museo de las Naves donde fueron expuestos los navíos. Desgraciadamente, el 31 de mayo de 1944, un incendio devastador lo redujo a cenizas.  De las gigantescas naves sólo se salvaron los bronces que aún hoy se exponen en Roma.


Restos del navío

Cabeza de Medusa que adornaba la barandilla que rodeaba al timón. Roma. Museo de las Termas

Cabeza de león. Roma. Museo de las Termas

Cabeza de lobo. Roma. Museo de las Termas

       Las naves medían respectivamente 70 metros de largo por 20 de ancho y 73 metros de largo por 26 metros de ancho. Demuestran el gran desarrollo tecnológico que tenían los romanos en la construcción de barcos de gran envergadura. Probablemente tenían una doble función: lujosa residencia (se ubicaba junto a una gran villa que había pertenecido a Julio César) y lugar de culto destinado a Diana, junto a su santuario.
              En 1988 el Museo de las Naves romanas se reabrió en Nemi aunque las piezas más importantes se exponen en el Museo de la Termas de Roma. El Museo de Nemi cuenta con dos partes diferenciadas: una dedicada a los dos barcos con exposición de modelos a escala y copia de objetos encontrados en las naves y piezas originales (como tuberías de plomo con el nombre del emperador, mosaicos y pavimentos de mármol con incrustaciones). Y otra dedicada al Lago Nemi y al Santuario de Diana.


Pavimento de mármol

Precisamente uno de estos pavimentos de mármol ha retornado el pasado mes de octubre al Museo de Nemi, encontrado por los Carabineros de los Bienes Culturales, en casa de un particular en Nueva York durante una operación extraordinaria de recuperación de obras de arte robadas. El fragmento en el que destacan figuras geométricas en bellos colores rojos, verdes, ocre y azules pertenecía al puente de mando.
El pasado año 2017, varias investigaciones infructuosas han pretendido sacar a la luz una tercera nave. Años antes el descubrimiento de una estatua colosal en Nemi también dio alas a los arqueólogos para afirmar que habían encontrado la tumba de Calígula, algo que tampoco se confirmó. Todo ello es consecuencia de la gran fascinación que sigue despertando la figura del emperador más controvertido de Roma.


domingo, 21 de enero de 2018

Que me odien, siempre que me teman

Tras abandonar la bahía de Nápoles Calígula se encaminó por fin hacia Roma. El espectáculo ofrecido por el emperador en Bayas no hizo más que ahondar la tensa relación entre Calígula y el Senado debido a que el emperador disfrutaba cada vez más humillando a la nobleza.  En los siguientes meses tuvieron lugar una serie de procesos sin mucho fundamento.


La Batalla de Accio. Lorenzo A. Castro

Ello queda reflejado en la conmemoración anual de la Batalla de Accio en la que Augusto se impuso a Marco Antonio y Cleopatra. Calígula despreciaba a su abuelo Agripa, al que consideraba indigno de llevar su sangre por ser de baja estirpe. Por este motivo le gustaba decir que su madre Agripina era fruto del incesto entre el emperador Augusto y su única hija, Julia. No obstante, se sentía orgulloso de ser biznieto de Marco Antonio, por lo que en esta ocasión se presentó como descendiente de aquel. Esta actitud desconcertó al Senado pues Antonio era uno de los personajes considerados nefastos en la historia de Roma. La motivación del emperador era un pretexto sólido para acusar a los cónsules y senadores, pues los habría hecho caer en desgracia tanto si hubieran hecho sacrificios para festejar la victoria de Augusto como si los hubieran hecho por la derrota de Antonio, pues ambos eran sus bisabuelos. Como consecuencia, Calígula destituyó a los dos cónsules. Uno de ellos se suicidó, por lo que se especula sobre un motivo más profundo detrás de las destituciones como la existencia de un posible complot que pretendía atentar contra la vida del emperador.
Estas actuaciones fueron seguidas por una serie de procesos por lesa majestad. Dión Casio esgrime como excusa para éstas la necesidad urgente de recaudar fondos tras los descomunales gastos ocasionados por el puente de Bayas. Los condenados acababan en la cárcel o arrojados por la roca Tarpeya, a menos que se suicidasen. No había garantías ni para los enviados al destierro pues podían morir por el camino o durante el exilio.
También por esta época pareció diluirse el entusiasmo demostrado por el pueblo al inicio del Principado por Calígula. El emperador ya no sólo se contentaba con provocar a los senadores sino que también disfrutaba irritando a la plebe. Los motivos de Calígula, según Dión Casio, eran pueriles. Su ira se sustentaba en que la gente no mostraba el mismo interés por los espectáculos que antaño, que no aplaudía suficientemente a sus actores preferidos o que se enfervorecían por cosas que a él no le gustaban tanto. Así, los hacía esperarle largas horas e incluso le molestaba que lo aclamaran como joven Augusto, pues entendía que le recriminaban tener tanto poder a tan corta edad.
En este contexto se inscribe el famoso episodio en el que un Calígula irritado ante el fervor del pueblo por la victoria en el Circo de un equipo que él detestaba exclamó “Lástima que el pueblo romano no tenga una sola cabeza, para cortarla de un solo tajo”.


Mosaico de los Aurigas. Siglo IV. Museo Nacional de Arte Romano. Mérida 2014

Suetonio revela algunas de estas actuaciones en relación a la masa popular “En las representaciones teatrales, para sembrar un motivo de discordia entre la plebe y el orden ecuestre, concedía sus liberalidades demasiado temprano, a fin de que los asientos reservados a este último estamento fueran ocupados incluso por las gente de más baja condición. En los combates de gladiadores hacía a veces retirar los toldos cuando el sol quemaba más, y ordenaba que no se dejara salir a nadie; eliminaba asimismo los número de costumbre, y en su lugar, presentaba fieras que  no se tenían en pie, gladiadores que no valían nada, y, como espadachines, padres de familia respetables, pero que se distinguían por algún defecto físico. A veces, ordenó incluso cerrar los graneros y condenó al pueblo a pasar hambre” (Vida de Calígula, 26, 4-5).
Sin embargo, al peligroso camino iniciado por Calígula en contra del Senado y el Pueblo le quedaba la parada más temeraria: contra el ejército y su propia guardia pretoriana. Algunos de los procesos contra los senadores habían sido dirigidos hacia personajes que contaban con tropas bajo su mando. Del mismo modo, ya analicé cómo en su viaje a Germania condenó a Getúlico comandante al mando de las tropas allí acantonadas.

domingo, 14 de enero de 2018

El puente más increible: de Pozzuoli a Baia

“Sé que la mayoría ha creído que Cayo (Calígula) imaginó este puente para rivalizar con Jerjes, el cual provocó una gran admiración cuando cubrió de forma similar el Helesponto, que sin embargo es bastante más estrecho; y que según otros, su intención era atemorizar con la fama de alguna obra grandiosa a los germanos y britanos, a los cuales hostilizaba. Pero cuando yo era niño, oía contar a mi abuelo que el motivo de esta obra, revelado por los esclavos personales del emperador, habían sido las palabras del astrólogo Trásilo a Tiberio, cuando se hallaba angustiado a propósito de su sucesor y más inclinado hacia su verdadero nieto, asegurándole que Cayo (Calígula) tenía tantas posibilidades de ser emperador como de recorrer a caballo el golfo de Bayas”.
Suetonio. Vida de Calígula. 19, 3


Golfo de Pozzuoli con Baya a la izquierda y Pozzuoli a la derecha


En mayo del año 40 a.C. (según Séneca la fecha más acertada), Calígula llegó a las afueras de Roma tras su periplo de viajes por Germania y la Galia. Para sorpresa de todos no entró en la ciudad, sino que se dirigió hacia el sur rumbo a la bahía de Nápoles, donde puso en marcha uno de los espectáculos más impactantes de su Principado: un inmenso puente para unir Puteoli (el puerto más grande de Italia, actual Pozzuoli) con Bayas (un célebre lugar de ocio), durante un recorrido de más de 5 kilómetros de mar.
Para conseguirlo  confiscó barcos mercantes en todo el Mediterráneo, los unió y creo un gran puente de pontones a lo largo del cual se habían amontonado grandes pilas de tierra y se habían construido estaciones de servicio con agua corriente para que asemejara la Via Appia.

El Puente de Calígula. Ferdinando Roberto. Principios del siglo XIX

Al llegar a Bayas, el emperador ofreció sacrificios a Neptuno (dios del mar) y a la Envidia. Ataviado con la armadura que se dice había arrebatado al cadáver de Alejandro Magno y capa dorada, con la cabeza coronada por hojas de encina, cabalgó a lomos de su caballo bajo el sol estival resplandeciendo como un dios, seguido de una hilera de soldados totalmente uniformados a pie y a caballo. Calígula quería demostrar que era el señor no sólo de todo el orbe, sino también de los mares.
El mundo jamás había visto algo así, por lo que una multitud se agolpó en la costa para contemplar extasiada la tremenda puesta en escena llevada a cabo por el emperador.
¿Pero que pretendía Calígula con algo así?. En primer lugar, con el eco de las palabras de Trasilo resonando en sus oídos, volver a demostrar que para él, dueño del mundo, todo era posible.

Probable estatua de Calígula a caballo. Siglo I d.C. Londres. Museo Británico

En segundo lugar, ridiculizar una vez más al Senado y a las tradiciones de Roma, pues en vez de contentarse con celebrar un triunfo tras su vuelta del Norte a la manera tradicional, optó por esta forma de celebración donde no estuvieran presentes senadores ni magistrados algunos. Sólo se rodeó de los pretorianos y de sus mejores amigos. A su lado, para demostrar su supremacía universal, cabalgaba un príncipe parto como rehén.
Cuando anocheció, se encendieron grandes hogueras que iluminaban a los hombres que habían participado en el desfile mientras se celebraban banquetes en los barcos atracados  a lo largo de todo el puente. Para aumentar la diversión, Calígula, cuando hubo bebido y comido cuanto quiso, arrojó a algunos de sus acompañantes al mar, al mismo tiempo que ordenó que unos barcos fueran embestidos por otros.
Aún en el siglo XVIII se conservaban restos del puente, que algunos historiadores tachan como una idea innovadora y visionaria para acercar ambos polos del Golfo, independientemente del motivo que animó al emperador a levantarlo.
Tras haber demostrado a los nobles los irrelevantes y aburridos que eran frente a él que era capaz de cabalgar sobre el mar, lleno de euforia decidió regresar a Roma.

domingo, 7 de enero de 2018

Julia Livila

Julia Livila era la hermana pequeña de Calígula y la menos famosa de las tres. Nació aproximadamente en el año 18 d.C. en la Isla de Lesbos, por tanto era 6 años menor que el emperador.
Cuando apenas contaba con 1 año de edad se produjo la muerte, en extrañas circunstancias, de su padre Germánico lo que la condenó a una infancia convulsa. Tras la caída en desgracia y muerte de su madre y hermanos mayores, pasó a vivir con su abuela Antonia la Menor junto con sus hermanas. En 29 d.C., tras la muerte de la emperatriz Livia, Calígula también se instaló con ellas.

Moneda con Calígula en el anverso y sus tres hermanas en el reverso
Fuente: By Classical Numismatic Group, Inc. http://www.cngcoins.com, CC BY-SA 2.5, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=29068141

Las fuentes aportan pocos datos sobre Livila. Aún en vida de Tiberio, la joven contrajo matrimonio en 33 d.C. con Marco Vinicio. Cuando su marido fue nombrado procónsul de Asia, Livila lo acompañó a Oriente. Después, en los primeros momentos de su Principado, Calígula la colmó de honores, al igual que a sus hermanas mayores. Como ellas, fue acusada de cometer incesto con el emperador, algo que no está demostrado.
Como he apuntado en otras ocasiones, la obsesión de Calígula por su hermana Drusila y el desinterés total demostrado por éste, tras la muerte prematura de la muchacha, por sus otras dos hermanas, enfrió las relaciones entre Calígula y Livila.
En 39 d.C. fue acusada de participar en la conspiración de Getúlico para acabar con la vida del emperador, por lo que fue desterrada por éste a la isla de Pandataria junto a su otra hermana Agripina la menor.

Villa de Punta Eolo en Pandataria donde vivían los exiliados de la familia imperial. Siglo I a.C.

En 41 d.C., cuando Calígula fue asesinado, regresó a Roma de la mano del nuevo emperador, su tío Claudio. Éste sentía una tierna simpatía hacia su sobrina lo que despertó la suspicacia de la emperatriz Mesalina que la acusó injustamente de adulterio con Séneca, por lo que fue mandada ejecutar por Claudio en el año 42 d.C. El filósofo también fue condenado a muerte aunque la pena le fue conmutada por el exilio. Los celos de Mesalina impidieron la salvación de Livila. Una vida desdichada para una joven nacida en cuna de oro.
Su lápida funeraria es una de las que se encontraron en el interior del Mausoleo de Augusto. La inscripción funeraria dice así “LIVILLA GERMANICI CAESARIS FILIA HIC SITA EST”. En los Museos Vaticano también se conserva una preciosa urna de alabastro que debió contener sus cenizas. Probablemente su hermana Agripina la enterró allí cuando se convirtió en emperatriz.

Lápida funeraria de Livila. Siglo I d.C. Roma. Museos Vaticano