viernes, 19 de mayo de 2017

La muerte de Tiberio

En el año 37, Tiberio abandonó Capri quizás con la idea de retornar a Roma para pasar allí sus últimos años, sin embargo, cuando estaba muy cerca de la capital decidió volverse a Campania. En el camino de vuelta comenzó a encontrarse mal por lo que paró en Miseno. Después de  una ligera mejoría, el 16 de marzo entró en una especie de coma dándosele por muerto. Muchos empezaron a celebrar el acceso al trono imperial de Calígula cuando Tiberio volvió a despertar creando un gran desconcierto en quienes habían ya aclamado al nuevo emperador y en el mismo Calígula. A partir de aquí hay varias versiones sobre la muerte del emperador.

La muerte de Tiberio. Jean-Paul Laurens. 1864. Toulouse. Musée Paul Dupuy
Fuente: De Jean-Paul Laurens - http://www.artrenewal.org/asp/database/image.asp?id=5382, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1831105

Hay quien afirma que murió de forma natural, pero son más los que defienden que fue asesinado por Macrón o por Calígula. Tácito cuenta “El 16 de marzo se le cortó la respiración y se creyó que había terminado su vida mortal; ya Cayo César (Calígula), en medio de un corro de felicitaciones, salía para tomar posesión del imperio, cuando de repente se anuncia que Tiberio recupera la voz y la vista y que pide que le lleven alimento para rehacerse de su debilidad. Todos se quedaron aterrados; los circundantes se dispersan y se fingen tristes o ignorantes; Cayo César, clavado en el silencio, en vez del supremo poder aguardaba su propio final. Macrón, sin temblar, manda que ahoguen al viejo echándole mucha ropa encima y que salgan de la habitación. Así acabó Tiberio a los 77 años de edad”. (Anales,  Libro VI, 50, 4-5). Suetonio aporta otras teorías “hay quien dice que Cayo (Calígula) le administró un veneno lento y corrosivo; otros piensan que se le negó el alimento que ansiaba durante una bajada repentina de la fiebre; algunos por último, que fue asfixiado con la almohada, cuando reclamaba, al volver en sí, el anillo que le habían quitado mientras se hallaba inconsciente. Según Séneca, se quitó el anillo cuando se sintió desfallecer como para entregárselo a alguien, y lo retuvo por algún tiempo; luego se lo volvió a poner en el dedo y permaneció durante largo rato inmóvil, con la mano izquierda cerrada; de repente, después de haber llamado a sus criados sin que ninguno de ellos respondiera, se levantó y, al faltarle las fuerzas, cayó muerto no lejos del lecho” (Vida de Tiberio. 73, 2).
Estas teorías se escribieron años después de la muerte de Tiberio. Los historiadores contemporáneos se decantan por una muerte natural, algo nada improbable cuando el emperador contaba con 77 años. El mismo Suetonio reconoce en este sentido que “según algunos autores, el propio Calígula confesó más tarde, si no haber ejecutado el parricidio, sí, al menos haberlo pensado alguna vez; y continuamente se jactaba, en efecto, celebrando su piedad, de haber entrado con un puñal en el dormitorio de Tiberio mientras dormía para vengar el asesinato de su madre y sus hermanos, y de haberse retirado, movido por la compasión, tras haber arrojado el hierro” (Vida de Calígula, 12, 3).


Calígula. Siglo I d.C. París. Museo del Louvre
Fuente: NPZwI/AAAAAAAA8og/PHm9Spqz16M/s1600/EL%2BEMPERADOR%2BCAL%25C3%258DGULA.%2BBLOG%2BIMPERIO%2BROMANO%2BDE%2BXAVIER%2BVALDERAS%2B%25283%2529.jpg

Según nuevamente Suetonio “el pueblo se alegró sobremanera de su muerte, y así, a la primera noticia de ésta, la gente se echó a correr en todas direcciones, mientras unos gritaban: “Tiberio al Tíber!, otros rogaban a la madre Tierra y a los dioses Manes que no acogieran al muerto sino en los impíos, y otros, en fin, amenazaban al cadáver con el gancho y las Gemonías […]. Cuando comenzó el traslado del cuerpo desde Miseno, muchas personas gritaron que había que llevarlo más bien a Atela y quemarlo a medias en el anfiteatro, pero fue transportado a Roma por unos soldados y quemado en funerales públicos” (Vida de Tiberio. 75). Sólo este autor escribe sobre la reacción de júbilo del pueblo. Cierto es que Tiberio era poco amado y que por ello no fue ni siquiera elevado a los altares, pero también es verdad que no se le aplicó la damnatio memoriae. El pueblo romano y las legiones adoraban a Calígula, como hijo que era del llorado Germánico, el romano más amado de todos los tiempos, por lo que la alegría por el acceso al poder de éste y la indiferencia por Tiberio marcaron los funerales. De hecho, cuando la comitiva partió de Miseno, Calígula aunque iba vestido de luto siguiendo el cortejo fúnebre, fue aclamado durante todo el trayecto hacia Roma por una multitud enloquecida por verle investido con la dignidad imperial. Tiberio fue quemado en el Campo de Marte y la urna con las cenizas fueron depositadas en el Mausoleo de Augusto. Calígula fue el encargado de dar el discurso funerario algo que hizo entre abundantes lágrimas, lo que incrementó el fervor de la plebe hacia él.
A pesar del entusiasmo que despertaba Calígula, Tiberio, en su testamento, sólo lo había designado heredero a partes iguales con su otro nieto, Tiberio Gemelo (hijo de Druso el menor), declarando a la vez heredero al uno del otro. Dejó también legados a muchas personas, entre ellas a las vestales, a los soldados y al pueblo romano. 


Moneda que representa a Tiberio Gemelo
Fuente: Di Classical Numismatic Group, Inc. http://www.cngcoins.com, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=3101790

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