domingo, 28 de mayo de 2017

El legado de Tiberio

Tengo que reconocer que Tiberio nunca ha sido santo de mi devoción, quizás influenciada por la antipatía que el hijo de Livia despertaba en mi admirado Augusto y en parte, también guiada por las impresiones de los historiadores antiguos de las que he ido dejando pinceladas en mis relatos. No obstante, el estudio más pormenorizado del personaje, aún sin que eso lo coloque entre mis romanos favoritos ni lo libere de todas sus sombras, ha conseguido inspirarme un inusitado respeto hacia él y, en ocasiones, incluso cierta compasión.
Actualmente la historiografía moderna coincide en afirmar que Tiberio fue un emperador aceptable además de un excelente militar y administrador. Evidentemente, también era un hombre de una época en la que el bien y el mal se concebían de forma muy diferente a como los entendemos hoy en día.

Tiberio. Siglo I d.C. Roma. Museos Vaticano

A pesar de que nunca deseó el poder absoluto, asumió sus responsabilidades con Roma al fallecer Augusto sin descendientes de su sangre. No obstante, Tiberio que siempre había albergado sentimientos republicanos, quiso devolver la capacidad de decisión al Senado, hasta el punto de consentir sin represalias que se aprobaran mociones a las que él mismo era contrario. Sin embargo, los senadores no se fiaban de las intenciones del emperador, lo que acabo desanimándolo.
Esto, unido a una serie de circunstancias adversas, tales como los frecuentes enfrentamientos con Livia, la muerte de su hijo Druso, la traición de Sejano…. contribuyó a que el emperador desatendiera cada vez más sus obligaciones gubernamentales. Su excesivo aislamiento en Capri no mejoró su situación sino que al contrario le granjeó por siempre el odio de un pueblo que se sentía abandonado y, que jamás le perdonó su supuesta implicación en la muerte de Germánico, aún cuando probablemente el joven héroe muriera por causas naturales.

Germánico. Siglo I d.C. Copenhage. New Carlsberg Glyptotek

La animadversión del pueblo aumentó debido a que Tiberio no llevo a cabo grandes juegos ni repartos de donativos para la plebe, pues todos los historiadores coinciden en decir que Tiberio había heredado unas arcas del Estado vacías y que saneó la economía consiguiendo dejar un amplio superávit a su muerte.  A pesar de los sentimientos del vulgo, el emperador tomó muchas medidas para mejorar las condiciones de los más necesitados, como librar Italia de bandas de ladrones, realizar obras públicas para desviar ríos y lagos que confluían en el Tíber y así evitar inundaciones, garantizar el abastecimiento regular de la ciudad tomando medidas contra los especuladores y repartir alimentos. Incluso Tácito revela que Tiberio donó 100 millones de sestercios para restaurar lo destruido por un incendio en el Aventino en el año 36. Nuevamente Tácito relata que en una ocasión que hubo escasez de monedas en circulación Tiberio repartió otros 100 millones de sestercios entre las bancas para ser devueltos sin intereses en 3 años.
Quizás lo que se critica también a Tiberio es que fuera excesivamente conservador, pues continuó, entre otras cosas, con la política de Augusto de defender la dignidad de los órdenes prohibiéndose a los hijos de senadores y caballeros ejercer de gladiadores o como artistas de teatro, siguió castigando con el exilio el adulterio de las matronas y emitió leyes contra el lujo y el despilfarro. Su postura es más radical que la de Augusto en determinados temas como el papel de la mujer en política, a lo que Tiberio era totalmente contrario, de ahí sus grandes desavenencias con Livia a la que privó de múltiples honores.
Por otra parte, en lugar de planificar nuevas conquistas, decidió fortalecer el Imperio mediante la edificación de defensas, mediante la diplomacia y manteniéndose al margen de las disputas entre monarcas extranjeros.
Tiberio tampoco se caracterizó por llevar a cabo grandes obras públicas. Antes de ser emperador restauró los Templos de la Concordia y Cástor y Pólux en el Foro Romano y ya en el trono imperial además de agrandar sus grandes villas en Roma, Sperlonga y Capri construyó un templo a Augusto e inició las tareas de restauración del Teatro de Pompeyo.

Puente de Tiberio. Siglo I d.C. Rímini

Fuera de Roma, en su honor Herodes Antipas puso su nombre a la ciudad de Tiberíades ubicada en la costa occidental del mar de Galilea y, en Rímini se completó el fantástico puente iniciado en tiempos de Augusto y que hoy se conoce como Puente de Tiberio.

viernes, 19 de mayo de 2017

La muerte de Tiberio

En el año 37, Tiberio abandonó Capri quizás con la idea de retornar a Roma para pasar allí sus últimos años, sin embargo, cuando estaba muy cerca de la capital decidió volverse a Campania. En el camino de vuelta comenzó a encontrarse mal por lo que paró en Miseno. Después de  una ligera mejoría, el 16 de marzo entró en una especie de coma dándosele por muerto. Muchos empezaron a celebrar el acceso al trono imperial de Calígula cuando Tiberio volvió a despertar creando un gran desconcierto en quienes habían ya aclamado al nuevo emperador y en el mismo Calígula. A partir de aquí hay varias versiones sobre la muerte del emperador.

La muerte de Tiberio. Jean-Paul Laurens. 1864. Toulouse. Musée Paul Dupuy
Fuente: De Jean-Paul Laurens - http://www.artrenewal.org/asp/database/image.asp?id=5382, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1831105

Hay quien afirma que murió de forma natural, pero son más los que defienden que fue asesinado por Macrón o por Calígula. Tácito cuenta “El 16 de marzo se le cortó la respiración y se creyó que había terminado su vida mortal; ya Cayo César (Calígula), en medio de un corro de felicitaciones, salía para tomar posesión del imperio, cuando de repente se anuncia que Tiberio recupera la voz y la vista y que pide que le lleven alimento para rehacerse de su debilidad. Todos se quedaron aterrados; los circundantes se dispersan y se fingen tristes o ignorantes; Cayo César, clavado en el silencio, en vez del supremo poder aguardaba su propio final. Macrón, sin temblar, manda que ahoguen al viejo echándole mucha ropa encima y que salgan de la habitación. Así acabó Tiberio a los 77 años de edad”. (Anales,  Libro VI, 50, 4-5). Suetonio aporta otras teorías “hay quien dice que Cayo (Calígula) le administró un veneno lento y corrosivo; otros piensan que se le negó el alimento que ansiaba durante una bajada repentina de la fiebre; algunos por último, que fue asfixiado con la almohada, cuando reclamaba, al volver en sí, el anillo que le habían quitado mientras se hallaba inconsciente. Según Séneca, se quitó el anillo cuando se sintió desfallecer como para entregárselo a alguien, y lo retuvo por algún tiempo; luego se lo volvió a poner en el dedo y permaneció durante largo rato inmóvil, con la mano izquierda cerrada; de repente, después de haber llamado a sus criados sin que ninguno de ellos respondiera, se levantó y, al faltarle las fuerzas, cayó muerto no lejos del lecho” (Vida de Tiberio. 73, 2).
Estas teorías se escribieron años después de la muerte de Tiberio. Los historiadores contemporáneos se decantan por una muerte natural, algo nada improbable cuando el emperador contaba con 77 años. El mismo Suetonio reconoce en este sentido que “según algunos autores, el propio Calígula confesó más tarde, si no haber ejecutado el parricidio, sí, al menos haberlo pensado alguna vez; y continuamente se jactaba, en efecto, celebrando su piedad, de haber entrado con un puñal en el dormitorio de Tiberio mientras dormía para vengar el asesinato de su madre y sus hermanos, y de haberse retirado, movido por la compasión, tras haber arrojado el hierro” (Vida de Calígula, 12, 3).


Calígula. Siglo I d.C. París. Museo del Louvre
Fuente: NPZwI/AAAAAAAA8og/PHm9Spqz16M/s1600/EL%2BEMPERADOR%2BCAL%25C3%258DGULA.%2BBLOG%2BIMPERIO%2BROMANO%2BDE%2BXAVIER%2BVALDERAS%2B%25283%2529.jpg

Según nuevamente Suetonio “el pueblo se alegró sobremanera de su muerte, y así, a la primera noticia de ésta, la gente se echó a correr en todas direcciones, mientras unos gritaban: “Tiberio al Tíber!, otros rogaban a la madre Tierra y a los dioses Manes que no acogieran al muerto sino en los impíos, y otros, en fin, amenazaban al cadáver con el gancho y las Gemonías […]. Cuando comenzó el traslado del cuerpo desde Miseno, muchas personas gritaron que había que llevarlo más bien a Atela y quemarlo a medias en el anfiteatro, pero fue transportado a Roma por unos soldados y quemado en funerales públicos” (Vida de Tiberio. 75). Sólo este autor escribe sobre la reacción de júbilo del pueblo. Cierto es que Tiberio era poco amado y que por ello no fue ni siquiera elevado a los altares, pero también es verdad que no se le aplicó la damnatio memoriae. El pueblo romano y las legiones adoraban a Calígula, como hijo que era del llorado Germánico, el romano más amado de todos los tiempos, por lo que la alegría por el acceso al poder de éste y la indiferencia por Tiberio marcaron los funerales. De hecho, cuando la comitiva partió de Miseno, Calígula aunque iba vestido de luto siguiendo el cortejo fúnebre, fue aclamado durante todo el trayecto hacia Roma por una multitud enloquecida por verle investido con la dignidad imperial. Tiberio fue quemado en el Campo de Marte y la urna con las cenizas fueron depositadas en el Mausoleo de Augusto. Calígula fue el encargado de dar el discurso funerario algo que hizo entre abundantes lágrimas, lo que incrementó el fervor de la plebe hacia él.
A pesar del entusiasmo que despertaba Calígula, Tiberio, en su testamento, sólo lo había designado heredero a partes iguales con su otro nieto, Tiberio Gemelo (hijo de Druso el menor), declarando a la vez heredero al uno del otro. Dejó también legados a muchas personas, entre ellas a las vestales, a los soldados y al pueblo romano. 


Moneda que representa a Tiberio Gemelo
Fuente: Di Classical Numismatic Group, Inc. http://www.cngcoins.com, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=3101790

viernes, 12 de mayo de 2017

Tiberio y Calígula


Busto de Calígula. Siglo I d.C. Copenhage. Carsberg Glytotek Museum

           Cayo Calígula fue el único de los hijos varones de Germánico y Agripina que consiguió sobrevivir a Sejano. Varios son los motivos que propiciaron esta circunstancia. En primer lugar, era el más joven e inofensivo políticamente hablando de los tres y, por ello, el menos cercano a las maniobras de su madre. Después, ante los hechos que precipitaron la ruina de sus familiares directos, el adolescente estuvo bajo la protección de su bisabuela Livia, siendo entonces intocable y, tras la muerte de ésta, de su abuela Antonia, una de las únicas personas por las que Tiberio sentía un profundo cariño y respeto (hay que recordar que era su cuñada como viuda de su hermano Druso).
              Tras la caída en desgracia de Agripina y sus dos hijos mayores, Calígula con 19 años fue llamado por Tiberio a Capri donde asumió la toga viril sin ceremonia alguna. El joven se adaptó perfectamente a la vida en Villa Jovis. Según Suetonio “En Capri, a pesar de todas las asechanzas que le tendieron para incitarle y forzarle a prorrumpir en quejas, no dio jamás pretexto alguno, como si se le hubiera borrado por completo de la memoria la desgracia de los suyos y a ninguno de ellos le hubiera ocurrido nada; pasaba incluso por alto, con un disimulo increíble, lo que él mismo tenía que aguantar, y se mostraba tan servicial con su abuelo (por adopción) y su corte, que con razón se dijo que no había esclavo mejor ni peor amo” (Vida de Calígula. 10,2).
              A pesar de que consiguió ganarse la confianza de Tiberio, el viejo emperador conocía la naturaleza cruel y depravada de su joven nieto pues continuamente repetía que “Cayo vivía para su ruina y la de todos, o que él estaba criando una víbora para el pueblo romano” (Suetonio. Vida de Calígula. 11). Sin embargo, le toleraba cualquier cosa quizás, como apuntan algunos, porque Calígula era la venganza que Tiberio estaba preparando contra el pueblo romano que tanto lo había despreciado durante toda su vida.
Calígula, por su parte se esforzaba en aparentar una vida virtuosa. Contrajo matrimonio con Junia Claudia para disipar los rumores de incesto con sus hermanas. Al mismo tiempo fue nombrado miembro del Colegio de Pontífices y cuestor, lo que le confería honorabilidad.


Claudio (Derek Jacobi), Calígula (John Hurt) y Tiberio (George Baker). Fotograma de la serie Yo, Claudio, 1976

    No obstante, al fallecer de parto su esposa comenzó a acercarse al nuevo prefecto del pretorio Nevio Sutorio Macrón, que había adquirido gran influencia como sustituto de Sejano. Según Tácito el prefecto “que no había descuidado nunca el favor de Cayo César (Calígula), lo cultivaba con más insistencia todavía y tras la muerte de Claudia, empujó a su propia mujer Ennia a atraerse al joven con un amor simulado y a encadenarlo con un pacto de matrimonio; él no se negó a nada con tal de alcanzar el poder; pues aunque era de temperamento exaltado, había aprendido las falsedades de la simulación en el regazo de su abuelo” (Anales. Libro VI, 45,3). Suetonio al referirse a este acercamiento subraya que fue el propio Calígula el que indujo al adulterio a Ennia mediante promesa de matrimonio para captar, por mediación de ella, la voluntad de Macrón. A mí me parece más plausible esta segunda opción, pues dudo que nadie fuese capaz de manipular al intrigante Calígula. Ya sea verdadera una u otra versión, lo cierto es que el vínculo entre Calígula y Macrón se hizo tan evidente que despertó las suspicacias de Tiberio. “Así, a Macrón le reprochó sin mucho misterio, que abandonaba el occidente y miraba al oriente; y cuando en una conversación surgida por casualidad Cayo César (Calígula) se burló de Lucio Sila, (Tiberio) le predijo que él tendría todos los vicios de Sila y ninguna de sus virtudes” (Tácito. Anales. Libro VI, 46,4). 

jueves, 4 de mayo de 2017

Amor y sexualidad en la Antigua Roma

Aprovechando mi reseña anterior sobre las acusaciones vertidas por Suetonio acerca de la supuesta depravación sexual de Tiberio en su retiro de Capri, voy a escribir unas líneas sobre el amor y la sexualidad en un pueblo romano imbuido siempre de una gran sensualidad y  erotismo, elementos que  jugaron un papel fundamental desde los tiempos más remotos. La misma palabra Roma es un anagrama que leído al revés tanto en español como en latín encierra el secreto de ese sentimiento conocido como Amor.

Venus, Anquises y Eneas.. Andrea Caracci. 1597. Roma. Fresco de la bóveda del Palacio Farnesio

Ya en sus legendarios orígenes nos encontramos con varios episodios en los que las relaciones amorosas sellarían el destino de la vaticinada a ser la ciudad más poderosa de la tierra. En primer lugar, Eneas, que huyó de Troya buscando la costa de Italia para fundar una nueva ciudad, es el fruto del amor apasionado entre la diosa Venus y el mortal Anquises (por ello, los Julios decían tener sangre divina al descender de Iulo, hijo de Eneas y a la vez de la diosa del amor). Siglos después Rómulo y Remo fueron concebidos tras la violación de la sacerdotisa Rea Silvia (hija del rey de Alba Longa) por parte del dios Marte. Algunas interpretaciones afirman que la loba que amamantó a los gemelos abandonados a la orilla del río, era en realidad una prostituta, jugando con la segunda interpretación del término lupa que ya en latín tenía el doble sentido que en la actualidad atribuimos a esa palabra. Con posterioridad los romanos raptaron y violaron a las mujeres sabinas que después convertirían en sus castas esposas para sellar la paz con los padres y hermanos de las muchachas. De ahí procede el fingido rapto que tiene lugar en las bodas romanas cuando el marido arranca a la esposa de los brazos de sus padres. Del mismo modo de las sabinas surgió la figura de la matrona romana virtuosa y respetable, cuyos valores en época de Augusto encarnaron a la perfección tanto la emperatriz Livia como su hermana Octavia.

Rapto de las Sabinas. Giambologna. 1582. Florencia. Piazza della Signoria, Loggia dei Lanzi. 2012

Del matrimonio romano llama la atención que el amor, salvo excepciones, se considera algo secundario. Para ellos, la unión legal entre hombres y mujeres libres no es más que un deber civil y social con la finalidad de engendrar hijos educados para hacer grande a Roma. A estas consideraciones se unían los grandes beneficios y alianzas que obtenían las familias a través de un buen matrimonio de sus hijos. Augusto y Livia fueron uno de los pocos matrimonios llevados a cabo por amor, pues por ella puso el Príncipe por primera y última vez en su vida su interés personal por encima del de Roma, al elegir no divorciarse de Livia a pesar de que la emperatriz no pudo darle hijos, tan necesarios para asegurar su sucesión.


Matrimonio entre dos ciudadanos romanos. Museo de Capodimonte

Debido a que estas uniones estaban concebidas para la procreación, el erotismo entre los esposos era algo impensable. La sociedad romana, eminentemente machista, se regía por leyes que imponían a la mujer fidelidad y castidad absoluta mientras que el marido podía entablar fácilmente relaciones fuera del matrimonio. Eso no fue óbice para que muchas féminas llevaran una vida desenfrenada a espaldas de sus maridos, como es el caso de Julia, la hija de Augusto, que pagó con el destierro su vida licenciosa.
Sin embargo, para el hombre romano también había limitaciones, pues las relaciones extraconyugales debían ser con personas de rango inferior para evitar en caso de embarazo que la criatura pudiera reclamarle nada, de ahí que la prostitución y el concubinato de esclavas fueran la mejor alternativa. Entre las prostitutas había esclavas, mujeres libres carentes de recursos y también cortesanas de lujo con buena posición aunque sin un prestigio social real a pesar de que todas debían estar registradas y pagar un impuesto.
Para pagar a las prostitutas en los burdeles se crearon las sprintia, especie de monedas o fichas que no tenían valor legal pero que sustituían al idioma para indicar lo que deseaba el cliente. Algunas teorías que apoyan la imagen de la vida lujuriosa de Tiberio en Capri afirman que fueron creadas por él, pues sólo se usaron durante los siglos I y II d.C.


Sprintiae romanas

Las numerosas imágenes eróticas que nos ha legado la antigua Roma nos desvelan que los romanos vivían fuera del matrimonio una sexualidad más libre que nosotros como ponen de manifiesto los abundantes objetos, relieves y pinturas eróticas encontradas sobre todo entre las ruinas de la ciudad de Pompeya, que muestran como nuestros antepasados conocían innumerables posturas sexuales. De hecho, sólo son excepcionales las imágenes que plasman un cunnilungus pues este tipo de sexo oral significaba el sometimiento del varón a la mujer, algo que el hombre romano machista, viril y dominante no podía permitirse. Al mismo tiempo era como mancillar la boca donde salían los discursos en el Senado para salvaguarda del Estado. Lo mismo ocurre con la homosexualidad, tolerada en Roma, siempre que el hombre romano libre asumiera el rol activo y el acoplamiento fuera con sirvientes o esclavos. En el siglo I d.C. Séneca afirma “La pasividad sexual para un hombre libre es un crimen, para un esclavo una obligación y para un liberto una necesidad”.


La copa Warren muestra escenas homoeróticas. Siglo I d.C. Lóndres. Museo Británico


Pintura erótica que representa un cunnilungus. Siglo I d.C. Termas Suburbanas. Pompeya
Fuente: De User:Fer.filol - Trabajo propio, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1351928

Ovidio en su Arte de Amar que tanto escandalizo a Augusto dedica en su libro tercero un capítulo aconsejando a las mujeres diferentes posiciones eróticas “Cada cual se conozca bien a sí misma y preste a su cuerpo diversas actitudes: no conviene a todas la misma postura. La que destaque por su rostro, muéstrelo en posición supina, y la que tenga hermosa la espalda ofrézcala a los ojos de amante. Milanio cargaba sobre sus hombros las piernas de Atalanta; si las tuyas son tan hermosas lúcelas del mismo modo. La mujer pequeña cabalgue sobre su amigo de tal manera que disimule la diferencia de altura. Andrómaca, que era altísima, nunca se puso sobre los de su esposo Héctor. La que tenga el talle largo, oprima con las rodillas el tálamo y deje caer un poco la cabeza; si sus músculos incitan con la frescura juvenil y sus pechos carecen de máculas, que el amante en pie la vea ligeramente inclinada en el lecho. No creas vergonzoso desatar, como una bacante de Tesalia, los cabellos y dejarlos caer sobre los hombros, y si Lúcina señaló tu vientre con las arrugas, pelea como el ágil parto volviendo las espaldas. Venus se huelga de cien maneras distintas; la más sencilla y de menos esfuerzo es acostarse tendida a medias sobre el costado derecho mientras el amante la abraza por detrás”.


Pintura erótica de la Casa del Centenario. Siglo I d.C. Pompeya

Pintura erótica de las Termas suburbanas. Siglo I d.C. TErmas Suburbanas. Pompeya

      Cuando las excavaciones de Pompeya y Herculano en el siglo XVIII sacaron a la luz múltiples piezas y pinturas de índole eróticas fueron causa de gran asombro y consternación hasta el punto que todas las obras de arte de este tipo fueron escondidas en 1819 en una sala prohibida del Museo de Nápoles, conocida como Gabinete Secreto. Estas piezas sólo podían visitarlas personas de moral reconocida y edad madura que gozaran de un permiso especial. Hasta el año 2.000 no se han abierto al público en general.
Para concluir ¿qué hay de cierto en las lujuriosas bacanales mostradas frecuentemente en el cine? De origen griego, las bacanales tomaron en Roma un carácter más festivo en honor del dios del vino, Baco. Pronto, esta celebración de origen religioso tomo un cariz más erótico. En ellas participaban mayoritariamente hombres mientras las mujeres que acudían eran las prostitutas y esclavas, pues en ellas se bebía vino de forma desmedida y se sucedían los actos de carácter erótico y sexual totalmente carentes de pudor. Fueron prohibidas en 186 d.C. por el Senado Romano pues se convirtieron en un foco de conspiración política, aunque siguieron celebrándose, sobre todo en el sur de Italia. 


La Bacanal de los Andrios. Tiziano. 1526. Madrid. Museo del Prado