miércoles, 15 de febrero de 2017

El Final de Agripina la Mayor

La muerte de Livia supuso un cambio radical en la política de Sejano mientras que Tiberio prolongaba su retiro en Capri, despreocupado de las tareas de gobierno. El Prefecto del Pretorio inició entonces una serie de juicios amañados contra senadores y ricos caballeros, a los que proscribía y les confiscaba sus bienes que iban a parar a las arcas del Estado y a la suya propia.
La mayoría de ellos fueron acusados de laesa maiestas u ofensa a la majestad imperial por la elaboración de versos difamatorios o por haber realizado comentarios subversivos que delataban oposición al gobierno de Tiberio. Muchas de las víctimas optaban por el suicidio para conservar su patrimonio para sus hijos
        Este estrato social empezó a vivir un infierno pues nadie sabía de qué o cuándo le iban a acusar de algo. Lo más afectados fueron especialmente aquellos cercanos al círculo de Agripina, viuda de Germánico. La intención de Sejano no era otra que eliminar a todos los posibles rivales que se interpusieran en su camino hacia el trono imperial, por lo que la familia del añorado general se convirtió en el principal escollo a salvar.

Agripina la Mayor. Siglo I d.C. Roma. Museos Capitolinos

La popularidad de Agripina y sus hijos no dejó de aumentar desde la muerte de Germánico, a quien el pueblo romano había amado más que a ningún otro general. El hijo mayor, Nerón, había vestido la toga viril en el año 23 d.C., un año antes que su hermano Druso. Poco tiempo antes, Tiberio recomendó a Nerón ante el Senado pidiendo que se le permitiera acceder a la cuestura cinco años antes de la edad legal. Así, consiguió alcanzar el pontificado en el año 20 d.C.  Narra Tácito que “el primer día en que Nerón hizo su entrada en el Foro se repartieron donativos al pueblo, alegre de ver ya crecido a uno de los hijos de Germánico” (Anales. III, 29, 3). 
      A la muerte de Druso, hijo del emperador en el año 23, Tiberio tomó a los adolescentes Nerón y Druso de la mano y dirigiéndose al Senado exclamó: “Padres Conscriptos, cuando estos niños se quedaron sin padre, los entregué a su tío y le rogué, aunque tenía su propia descendencia, que los cuidara como a su propia sangre y los ayudara, y que los hiciera semejantes a sí mismo para bien de la posteridad. Una vez que nos ha sido arrebatado Druso, a vosotros vuelvo mis ruegos y en presencia de la patria y de los dioses os emplazo: a estos biznietos de Augusto, nacidos de los más esclarecidos antepasados, acogedlos, guiadlos, cumplid vuestro deber y el mío. Éstos ocuparán, Nerón y Druso, el lugar de vuestros padres. Habéis nacido en tal condición que vuestros bienes y vuestros males trascienden al Estado” (Tácito. Anales. IV, 8,4). El pueblo estaba encantado pues toda la veneración que sentían por Germánico la habían trasladado a sus hijos, en especial a Nerón, favorito de Agripina y el que más se asemejaba a su padre en físico y actitud, aunque tenía una personalidad más débil que aquel.


Tiberio (George Baker) y Sejano (Patrick Stewart) en un fotograma de la serie Yo, Claudio, 1976

       No obstante, Sejano se había encargado de alimentar un odio creciente en Tiberio hacia Agripina y sus hijos, subrayando una y otra vez la ambición sin límites de la última nieta de Augusto que seguía con vida aunque, según él, conspiraba contra el emperador, apoyándose en el respaldo del pueblo que cuanto más adoraba a la descendencia de Germánico más detestaba a Tiberio. Ella por sí misma, de carácter fuerte y siempre dominada por un gran orgullo, se comportaba de forma que parecía confirmar los recelos del César. En una ocasión estando Tiberio ofreciendo un sacrificio ante al dios Augusto, Agripina le recriminó la persecución que padecían sus amigos “tomando el hecho como ocasión de reproche, (Agripina) le dijo que no era consecuente ofrecer víctimas al divino Augusto y perseguir a sus descendientes; que su divino espíritu no se había transmitido a efigies mudas; ella su verdadera imagen nacida de su sangre celestial sentía su peligro y se ponía de luto” (Tácito. Anales. IV, 52, 2). Tiberio le contestó sarcásticamente con un verso griego “Si tú no eres reina, hijita, ¿crees que se te hace una afrenta? (Suetonio. Vida de Tiberio. 53,1). En otra ocasión advertida maliciosamente por secuaces de Sejano de que Tiberio quería envenenarla, Agripina se negó a comer la fruta que le ofrecía Tiberio en un banquete, llenando de ira al emperador pues entendía que lo estaba acusando implícitamente de envenenador. Con posterioridad, una hastiada Agripina imploró a Tiberio llorando, que le buscara un marido, algo que el emperador no estaba dispuesto a concederle debido a la trascendencia política de tal unión.


Tiberio y Agripina la mayor. Pedro Pablo Rubens. 1614. Washington. National Gallery of Art

              Uno de los candidatos que Agripina barajaba como su futuro esposo era Cayo Asinio Galo. Esta proposición supuso la ruina del senador pues Tiberio lo odiaba al haber estado casado con su amada Vipsania (ya fallecida), tras su obligado divorcio. Fue encarcelado sin un juicio previo y se le dosificaba la comida a fin de mantenerlo con vida pero con las justas fuerzas, pues Tiberio deseaba para él el mayor sufrimiento.
           Sin embargo, mientras Livia vivió ni Tiberio ni Sejano se atrevieron a tocar a la progenie de Germánico, pues aquella los protegía. Pero en el año 30, sólo meses después del fallecimiento de la emperatriz,  Sejano urdió una trama para acabar con Agripina y sus dos hijos varones mayores. Convenció a Tiberio de que la nieta de Augusto y Nerón estaban conspirando contra él, a través de engaños y falsos confidentes. Tiberio envió entonces al Senado una carta contra ambos en la que acusaba a Nerón de amores viciosos con muchachos. Contra Agripina sólo alegaba lo arrogante de su gesto y su carácter rebelde. En ese momento, el pueblo, afín desde siempre a Germánico, rodeó la Curia portando imágenes de Agripina y Nerón. Esta situación paralizó por un tiempo la sentencia. No obstante, Sejano se quejó de que Roma estaba al borde del golpe de estado así que Tiberio volvió a arremeter contra ellos y los juzgó personalmente sin la intervención del Senado. Así Agripina fue desterrada a la Isla de Pandataria (la misma en que murió su madre Julia) y Nerón a Pontia. Antes de partir Agripina perdió un ojo a causa de una disputa con un centurión.


Moneda con Tiberio en el anverso y Nerón y Druso en el reverso

El segundogénito Druso, de carácter más violento, se salvó por el momento pues, envidioso de la preferencia que su madre otorgaba a su hermano, no dudó en testificar contra él engatusado por Sejano. Sin embargo, sólo un año después fue acusado igualmente de traición y fue encarcelado. Quizás Tiberio prefería tenerlo cerca por si tenía que aplacar al pueblo.
El año 31, Nerón fue mandado asesinar por Sejano, quien puso en conocimiento de Agripina el final de su hijo predilecto. Ella misma, obligada a comer por Tiberio, se dejó morir de hambre en el año 33, el mismo en que murió de inanición Druso al quien encontraron en su celda muerto habiendo intentado devorar la lana de su colchón. Un muy triste final para los pocos descendientes que quedaban de Augusto. Un último destello del odio de Tiberio por Agripina se trasluce del hecho que sólo muerta ésta, ordenó a matar a Plancina (la mujer de Pisón, presunto autor del envenenamiento de Germánico) que era una protegida de Livia. Mientras que la nieta de Augusto vivió no quiso darle esa satisfacción.
En este momento de los hijos varones de Germánico sólo quedaba Cayo César, al que todos llamaban Calígula, que contaba en esta época,18 años. Éste, que había vivido con Livia, pasó a vivir con su abuela Antonia a la muerte de aquella. En el año 31, viendo el peligro inminente sobre su cabeza se trasladó a vivir con Tiberio a Capri logrando reconciliarse con él; algo que no es de extrañar pues Calígula era un maestro del fingimiento, y pocas personas en la historia han logrado superar su vileza, incluso a tan corta edad. “(Calígula) ocultaba un ánimo feroz bajo una engañosa modestia, sin que hubiera alterado el tono de su voz la condena de su madre ni el exterminio de sus hermanos; según tuviera el día Tiberio, él adoptaba un aire igual, y con palabras no muy distintas a las suyas. De ahí el agudo y tan divulgado dicho del orador Pasieno de que “nunca fue mejor el esclavo ni peor el amo” (Tácito. Anales. VI, 20, 1).


Cayo César Calígula. Siglo I d.C. New York. Metropolitan Museum of Art. Foto de Bill Storage, Laura Maish, John Pollini y Nick Stravrinides

4 comentarios:

  1. UUUfff!!!!!!!!!!! Estos romanos son de película de terror.

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  2. Desde luego que sí...y queda aún lo peor de lo peor que es Calígula. Ya te decía yo cuando recelabas de Augusto, que él era lo mejorcito que te ibas a encontrar. Saludos

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  3. Con todo lo malo que haya hecho Augusto no se compara a lo que hicieron estos personajes de Tiberio y Caligula, el Cesar actuaba en funcion de su gran imperio, pero los otros parece lo hacian por puro sadismo.

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    1. Evidentemente Augusto era un hombre de un tiempo, en el que el bien y el mal se medía de una forma muy diferente al nuestro. Cometió errores, pero para mí es uno de los mejores políticos que ha existido que dedicó hasta el último día de su vida al bienestar de su pueblo y a la mayor gloria de Roma. Saludos

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