viernes, 25 de septiembre de 2015

Druso, el último romano

Druso. Siglo I. Nápoles. Museo Archeologico Nazionale

Nerón Claudio Druso era el segundo hijo de Livia y del primer marido de aquella, Tiberio Claudio Nerón. Nació el 14 de enero del año 38 a.C., estando ya su madre prometida con Augusto, de ahí que corrieran rumores sobre la verdadera paternidad del recién nacido “Hay afortunados que tienen hijos a los tres meses” (Suetonio. Vida de Claudio 1).
Si bien basta una mirada a los retratos que han llegado de Druso para descartar la paternidad de Augusto (las facciones del joven son por completo claudianas muy semejantes a las de su hermano Tiberio), con la finalidad de acallar rumores en una etapa en la que su posición política era muy incierta, envió al pequeño junto con su hermano Tiberio a casa de su padre. Por mi parte pienso que Druso no podía ser de ninguna manera hijo de Augusto pues éste anhelaba más que nada en el mundo un heredero varón de su sangre; nadie le hubiera impedido siendo ya emperador y el hombre más poderoso del mundo reconocerlo como tal o incluso adoptarlo (algo que nunca hizo).


Aula Sacra del Teatro romano con copias de las imágenes de Augusto, Tiberio y Druso. Mérida

Así Druso pasó los primeros años de su infancia alejado de su madre surgiendo un  fuerte vínculo entre los hermanos a pesar de la disparidad de sus caracteres. En 33 a.C. al morir su padre se trasladaron con su madre y su padrastro, siendo educados por éstos a partir de entonces.
Augusto adoraba a Druso y nunca se molestó en disimular su preferencia hacia él entre los hijos de su esposa. Por lo que se extrae de las fuentes era imposible no querer a Druso pues su carácter abierto y franco le hacía ganarse las simpatías de todos, incluido su hermano Tiberio, cuya personalidad era diametralmente opuesta a la suya, pero que jamás albergó hacia Druso envidia alguna. Al contrario, no dudaba en afirmar que se contaba entre las pocas personas a las que amaba sinceramente.


Antonia, Druso y el pequeño Germánico en el Ara Pacis. 13-9 a.C. Roma 2013

En 19 a.C. Druso se casó con Antonia Menor, sobrina favorita de Augusto e hija de Marco Antonio y Octavia. El gran amor que se profesaba la pareja ha quedado plasmado para la posteridad en el friso meridional del Ara Pacis Augustae en una de las escenas más bellas en él representadas. Antonia, que lleva de la mano a Germánico (primer hijo del matrimonio nacido en 15 a.C.) mientras avanza en la procesión vuelve la mirada hacia Druso que la mira con dulzura. Tuvieron dos hijos más: Claudia Livila (nacida en 13 a.C.) y el que sería el futuro emperador Claudio (nacido en 10 a.C.). Hombre de elevados principios morales, siempre se mantuvo fiel a su esposa, que lo acompañaba en sus campañas militares cuando era posible.
Bajo el patrocinio de Augusto, Druso accedió a diversas magistraturas 5 años antes de lo estipulado en las leyes: así fue cuestor en 18 a.C. y pretor en 11 a.C. Con sólo 28 años alcanzó el consulado en 9 a.C.

Druso como magistrado. Siglo I. Museo Nacional de Arte Romano. Mérida 2005

Sin embargo, la política no era algo que entusiasmara particularmente al joven (que se declaraba abiertamente republicano, algo que divertía sobremanera a Augusto), el segundo hijo de Livia se consideraba fundamentalmente un soldado y era entre las legiones, lejos de Roma, donde se sentía plenamente realizado.
Fue un general muy prestigioso y competente, al que sus soldados adoraban, llegándolo a proclamar incluso imperator. Las primeras campañas lideradas por él (junto a Tiberio) tuvieron lugar en los Alpes y la Galia, tras la muerte de Agripa. No obstante, fue en Germania donde Druso consiguió sus éxitos más rotundos.

Druso (Ian Ogilvy). Fotograma de la serie Yo, Claudio. 1976

Durante los meses de invierno de los años 13-12 a.C. reiteradas incursiones de guerreros germanos fueron rechazadas por Druso quien en primavera lanzó nuevos ataques contra las tribus al este del Rin. Parte del ejército se desplazó por tierra y el resto por el mar del norte. En esta ocasión los barcos quedaron varados debido a un descenso de la marea pero gracias a la ayuda de sus aliados frisios salieron del grave aprieto. A pesar del percance, la campaña fue un gran éxito pues se saquearon pueblos enteros lo que disuadió a algunas tribus más a someterse para escapar de la ira romana. Druso mandó edificar algunas fortalezas fijas para controlar mejor la zona a la vez que construyó varios canales gigantescos más allá del Rin, conocidos como canales de Druso, para transportar la flota desde el Rin al Zuiderzee, siendo el primer general romano que navegó el océano septentrional.
En el año 10 a.C. durante una estancia en Roma Druso recibió una ovatio, lo que unido a su inmensa popularidad, motivó a Augusto a otorgarle Imperium proconsular que le permitió regresar a Germania a seguir con su campaña de pacificación de la provincia. Desde la nueva fortaleza de Maguncia combatió a numerosas tribus, tales como los sugambros, queruscos y suevos. A fines de ese año partió hacia Lyon donde se encontró con su hermano Tiberio y con Augusto, que estaba consagrando un altar allí. Viajaba con él su mujer Antonia en avanzado estado de gestación, por  lo que en la ciudad francesa dio a luz a Claudio. Todos regresaron desde allí a Roma para celebrar el nacimiento de un nuevo varón en el seno de la familia imperial.


Campañas de Druso en Germania. 12-9 a.C.
Fuente: "Druso in Germania per Wikipedia" di Cristiano64 - Lavoro proprio, self-made. Con licenza CC BY-SA 3.0 tramite Wikimedia Commons - https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Druso_in_Germania_per_Wikipedia.JPG#/media/File:Druso_in_Germania_per_Wikipedia.JPGç

      Mas Druso no podía vivir mucho tiempo alejado del campamento militar, así que el enero del  9 a.C., tras ser nombrado cónsul volvió a Germania donde inició una nueva campaña de contención de tribus rebeldes. Esta vez condujo sus tropas hasta el río Elba. En las cuatro campañas Druso había conseguido que la mayoría de los pueblos cercanos al Rin y al Elba reconocieran el poder de Roma lo que fue un logro enorme.
En el camino de regreso Druso sufrió un accidente al caer del caballo hiriéndose una pierna de gravedad. A pesar de las misivas imperiales que le instaban al volver a Roma, el joven rechazó moverse de Germania. Después de un mes en el que sufrió grandes dolores murió a causa de la cangrena que le produjo la infección de la herida. A su lado, en su lecho de muerte estuvo su hermano Tiberio, que sufrió la pérdida más grande de su vida, de la que nunca se repuso. De hecho, el primogénito de Livia (que se encontraba en Panonia) al recibir las primeras noticias de la enfermedad de su hermano corrió a su lado, en una travesía frenética a caballo en la que no se permitió ni un segundo de descanso. Al conocer Druso que Tiberio estaba llegando a su campamento, incluso moribundo, envió a sus legiones que salieran a su encuentro y lo recibieran como comandante en jefe. Druso murió en brazos de su hermano.


Un desconsolado Tiberio (George Baker) llora la muere de Druso (Ian Ogilvy)  Fotograma de Yo, Claudio. 1976

El campamento donde murió se llamó desde entonces “el maldito”. Sus soldados le levantaron un cenotafio funerario en Mongontiacum (Maguncia) ciudad situada en la orilla derecha del Rin, en torno al cual debían desfilar cada año. Éste sería el mayor monumento funerario de época romana localizado en la actual Alemania. En la parte frontal del mismo se colocó un poema que le había dedicado el propio Augusto. Igualmente en Roma el Senado le decretó un arco triunfal en la Via Appia y le concedió el título de Germánico que desde entonces podían llevar todos sus herederos.


Cenotafio de Druso en Maguncia (Alemania)

El cuerpo del joven general (contaba sólo con 29 años) fue trasladado a Roma con gran ceremonia encabezando Tiberio el cortejo funerario a pie todo el trayecto. El féretro fue portado por sus soldados y  por ciudadanos insignes de las colonias romanas. Las muestras de dolor se sucedieron a lo largo de todo el recorrido poniendo de manifiesto la popularidad de Druso. Tiberio pronunció el discurso funerario principal en la rostra del Templo del Divino Julio en el Foro Romano mientras que Augusto leyó otro en el Circo Flaminio en el que comenzaba diciendo que rogaba a los dioses que sus queridos nietos Cayo y Lucio se asemejaran a él y que tuvieran una muerte igual de gloriosa. Fue un funeral tan esplendoroso que años después Séneca diría que más que un entierro parecía que se hubiera celebrado un triunfo. Por tercera vez en 4 años se abrieron las puertas del Mausoleo de Augusto para acoger las cenizas de otro miembro de la familia imperial.


Livia. Siglo I a.C. Moscú. Museo Pushkin

Livia estaba destrozada por la muerte de su hijo y para sobrellevar el dolor consultó a un filósofo alejandrino, Ario Didimo, que le aconsejó que no reprimiera sus sentimientos y que colgara retratos de Druso en lugares públicos y privados así como que no dejara de hablar de él. A diferencia de Octavia, no permitió que el dolor la dominara hasta el extremo de volverse amargada y rencorosa; una muestra de la diferencia de caracteres de las dos mujeres. La emperatriz no podía flaquear pues ella era la imagen de Roma.


Antonia Menor. Siglo I a.C. Roma. Museo de las Termas

Sólo una persona resultó inconsolable, la amada esposa de Druso, Antonia, que quedó desolada, hasta tal punto que pidió a Augusto dispensa para no volver a contraer matrimonio, a pesar de su belleza y juventud (tenía 27 años). A partir de entonces se trasladó con su suegra Livia a las estancias que esta poseía en la Casa de Augusto en el Palatino y se dedicó en exclusiva a cuidar a sus hijos y a sus nietos. Cuando murió en 37 d.C. sus últimas palabras suplicaban perdón a Druso por haberle hecho esperar tanto tiempo.


Camafeo con Druso y Antonia. Siglo I d.C, San Pesterburgo. Museo del Hermitage 

A pesar de la conmoción que produjo la muerte de Druso en la familia imperial nuevamente surgieron rumores de juego sucio. Suetonio apunta a que fue mandado envenenar por Augusto debido a sus ideas republicanas, sin embargo, el mismo autor lo descarta al instante pues “a decir verdad, Augusto quería tanto a Druso, que como admitió en alguna ocasión ante el Senado, le consideraba tan heredero suyo como a sus hijos Cayo y Lucio” (Vida de Claudio. 1-5). De hecho el emperador no dudó, por consejo de Druso, durante el año de su consulado en reforzar la posición del Senado e incluso escribió una biografía sobre su hijastro que desgraciadamente se ha perdido.
Ya hemos trazado algunas pinceladas acerca del carácter de Druso: era amable, extrovertido, dulce y encantador. No obstante, no hay que olvidar que era un fiero guerrero, y como tal se comportaba en el campo de batalla, siendo despiadado en la lucha cuando las circunstancias lo requerían. Era además orgulloso y valiente y anhelaba la gloria por lo que con frecuencia persiguió a los jefes enemigos hasta los más recónditos lugares con el ansia de obtener una spolia opima (prestigioso trofeo que se otorgaba a quien en la batalla había derrotado a un general enemigo en combate singular). No obstante, nunca anidaron en él vicios ni maldad alguna.


Copia de bustos de Druso y Tiberio en el Ara Pacis Augustae. Roma

Físicamente era alto y atlético; de gran atractivo, su rostro era absolutamente Claudiano. Como su hermano había heredado la mirada ligeramente apagada de su madre Livia, aunque lo que en Tiberio podía revelar oscuridad en Druso irradiaba viveza y bondad.
Su pronta desaparición fue una gran pérdida para el Imperio romano. Quizás si Druso hubiera tenido una vida más larga el devenir de la dinastía Julio-Claudia hubiera sido muy diferente y no hubiera caído en la degeneración que ésta sufrió tras la muerte de Augusto. Druso era el único camino de Tiberio hacia a la luz, que sin la influencia de su hermano fue volviéndose cada vez más siniestro, maldad que transmitió a su heredero Calígula, que aún siendo nieto de Druso fue el miembro más funesto de la famosa dinastía.

viernes, 18 de septiembre de 2015

El último viaje de Octavia

Octavia. Siglo I a.C. Roma. Museo de las Termas

En el año 11 a.C. Augusto sufrió otra importante pérdida, la de su hermana Octavia, que falleció a los 58 años de edad de una manera tan discreta como había vivido los últimos años de su vida. Fue otro duro golpe para el Príncipe, pues siempre se había sentido muy unido a su hermana, a pesar que desde la muerte de Marcelo en el 23 a.C. ella se había distanciado de todos, incluyéndole a él. Augusto le dedicó un funeral de Estado siendo su yerno Druso (hijo de Livia y marido de su hija Antonia Menor) quien pronunció el discurso funerario en el que alabó las virtudes de una mujer incomparable. 

Augusto (Simon Woods) preside un desfile junto a las dos mujeres de su vida: Octavia (Kerry Condon) a su izquierda y Livia (Alice Henley) a su derecha en una escena de la serie Roma. 2005.

Realmente aunque siguiera con vida, Octavia murió aquel día de finales del año 23 a.C. cuando su hermano colocó en el Mausoleo que estaba construyendo en el Campo de Marte la urna con las cenizas de su adorado hijo Marcelo. Desde ese momento vivió amargada una existencia de retiro lamentando la mala fortuna que le había arrebatado lo que más amaba en la flor de la vida, precisamente a ella, que había vivido siempre supeditada a los intereses de Estado y que por primera vez en su vida empezaba a sentirse plenamente feliz. Ni siquiera el cariño de sus hijas y sus nietos consiguieron sacarla del pozo oscuro de la depresión en la que se sumió.
La historia siempre recordará a Octavia como la mujer que no dudó en sacrificarlo todo por el bienestar de Roma, generosa con los más necesitados, dulce y entregada madre, leal hacia todos, incluso hacia su marido Marco Antonio que la despreció públicamente más de lo que ninguna mujer romana podría soportar. Por todo ello, la Ciudad Eterna sigue recordándola entre las piedras que aún se mantienen en pie del Pórtico que su hermano le dedicó junto al teatro Marcelo.


Pórtico de Octavia. Roma 2013

Al menos la muerte le señaló el camino hacia su malogrado hijo, pues Augusto como homenaje póstumo la enterró junto a él en el mismo nicho del Mausoleo.


Lápida funeraria de Octavia y Marcelo

sábado, 12 de septiembre de 2015

Las extrañas enfermedades de Augusto

           La edición digital del periódico ABC publicó ayer un artículo sobre Augusto en el que se aborda una breve reseña sobre la trayectoria personal, ascenso político y gobierno del Príncipe haciendo hincapié en las múltiples enfermedades que lo torturaron durante un gran período de su vida poniéndolo al borde de la muerte en alguna ocasión.
          Aunque no aporta nada nuevo, el artículo me ha parecido correcto y fiel a la semblanza histórica del protagonista de este blog. Por eso dejo aquí el link: 

             Por mi parte, y como ya he apuntado en alguna ocasión, independientemente de las diferentes dolencias que padeciera Augusto, éstas se agravaban en momentos de gran tensión debido a crisis nerviosas que fueron disminuyendo cuando alcanzó el poder en solitario y una cierta estabilidad (http://augusto-imperator.blogspot.com/2014/02/perfil-de-un-hombre-sencillo.html ).

jueves, 10 de septiembre de 2015

Cartagena (Cartago Nova)



Reconstrucción de la ciudad en el film Cartago Nova

        Cartagena fue fundada en 227 a.C. por el general cartaginés Asdrúbal el bello, cuñado de Amílcar Barca (padre de Aníbal) sobre un asentamiento anterior. Recibió el nombre de Qart Hadasht. Debido a su posición estratégica y a su gran riqueza en yacimientos de minerales pronto se convirtió en la principal colonia cartaginesa en Hispania. Se decía que sus murallas eran inexpugnables.
En 218 a.C. desde Qart Hadasht partió Aníbal Barca con sus elefantes hacia Italia con la intención de conquistar Roma. No obstante, el ascenso fulgurante  de un joven general, Publico Cornelio Escipión, frustraría sus planes pues en 209 con tan solo 27 años, conquistó en 6 días Qart Hadasht, ciudad que él rebautizó como Cartago Nova, dándole la categoría de colonia con derecho romano.


Escipión liberando a Massiva. Gian Battista Tiepolo. 1720. Baltimore. Walters Art Museum

Está conquista fue el punto de partida de la recuperación por parte de Roma del control sobre Hispania pues Escipión, victoria tras victoria se hizo con el dominio de la Península Ibérica expulsando y siguiendo a los cartagineses hasta  África. Ello obligó a Anibal a abandonar Italia donde había obtenido algunas sonoras victorias aunque nunca se atrevió a atacar directamente la capital del Imperio. Ambos generales se enfrentasen en Zama en 202 a.C. La victoria agónica de Escipión supuso el fin de la segunda guerra púnica y el dominio del Mediterráneo por parte de Roma.
Cartago Nova floreció rápidamente convirtiéndose en unas de las ciudades más importantes de la Hispania romana. En 44 a.C. recibió el título de Colonia, recibiendo el nombre de Colonia  Urbs Iulia Nova Carthago. No obstante, fue en época de Augusto cuando alcanzó su mayor apogeo. El Príncipe, durante la reorganización de Hispania de 27 a.C la incluyó dentro de la provincia Tarraconensis llevando a cabo un vasto proyecto de construcciones que monumentalizaron la ciudad. Entre éstas destacan el teatro y el foro que acompañarían al anfiteatro de época republicana.

  • Teatro

Reconstrucción virtual del teatro de Cartago Nova

Es el monumento antiguo más importante de Cartagena. Fue construido por orden de Augusto durante los años 5 y 1 a.C. siendo financiado por sus nietos Cayo y Lucio Césares a quienes está dedicado (tal como queda recogido en los dinteles de acceso al monumento). Los jóvenes, siguiendo la estela de su padre Agripa, participaron activamente en la elección del programa decorativo del edificio.


Dintel con la inscripción dedicada a Cayo
Fuente: «Teatro romano cartagena» de Nanosanchez - Trabajo propio. Disponible bajo la licencia Dominio público vía Wikimedia Commons - https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Teatro_romano_cartagena.jpg#/media/File:Teatro_romano_cartagena.jpg

Con una capacidad para 7.000 espectadores fue descubierto en 1988 por Sebastián Ramallo Asensio, siendo declarado en 1999 Bien de interés cultural, aunque aún no se ha concluido el proceso de restauración.

Teatro de Cartago Nova

 Excavado casi por completo en la roca sigue el modelo arquitectónico de los teatros romanos con las diferentes partes diferenciadas:
  • Cavea: Lugar donde se colocaban los espectadores. Está rematada en su parte posterior por  dos cisternas que servían para la limpieza del edificio
  • Orchestra: Espacio semicircular ubicado delante del escenario.
  • Proscenio: Donde se representaban las obras
  • Scaenae frons: Frente escénico propiamente dicho. Consta de una planta articulada en tres exedras de tendencia curvilínea en la que se alternan dos órdenes de columnas con fustes rojizos y capiteles y basas blancos; esta dualidad cromática combinada con el color grisáceo del entablamento crea un bellísimo juego de color.
  • Porticus post scaenam: Era el lugar destinado a cobijar a los espectadores de las inclemencias meteorológicas. Ubicado detrás de la fachada escénica presenta una doble galería porticada de dos pisos de altura, delimitada por un muro de sillares de arenisca donde se abren exedras semicirculares.
El programa ornamental del teatro es riquísimo y su gran calidad artística denota su elaboración en los propios talleres imperiales bajo la supervisión de los príncipes herederos. La iconografía está destinada a ensalzar el culto imperial enlazándolo con las divinidades romanas.
Entre las obras escultóricas halladas en el teatro destacan una escultura de Apolo (divinidad protectora de Augusto), un bajorrelieve de Rea Silvia (madre de Rómulo y Remo) así como tres altares dedicados a la Triada Capitolina formada por Júpiter, Juno y Minerva.

Altar de Júpiter

Apolo
Fuente: Apolo teatro romano cartagena» de Nanosanchez - Trabajo propio. Disponible bajo la licencia Dominio público vía Wikimedia Commons - https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Apolo_teatro_romano_cartagena.jpg#/media/File:Apolo_teatro_romano_cartagena.jpg

  • Foro romano
            Se situaba en el centro de la ciudad (aproximadamente bajo la actual plaza de San Francisco). En él confluían como era habitual en las ciudades romanas el cardo y el decumano. Hasta ahora se han encontrado el podio de un templo dedicado a la Triada Capitolina y la curia o sede del gobierno local. Durante las excavaciones de este edificio apareció una escultura de finísima factura que representa al emperador con su atuendo de Pontifex Maximus en la línea de la hallada en la Via Labicana de Roma. Con motivo del la conmemoración del bimilenario de la muerte de Augusto una copia de dicha escultura fue colocada en la plaza de San Francisco.

Reconstrucción del Foro

Colocación de la escultura de Augusto en la Plaza de San Francisco 

            Al sur de la plaza se excavó igualmente el Augusteum, local destinado al colegio de augustales, es decir a los sacerdotes destinados al culto de Augusto.

Yacimiento del Foro

            Todos estos edificios están a la espera de un proceso de excavación profundo así como el resto de la plaza.

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Tiberio y Julia, el matrimonio imposible

Después de valorar varias opciones, entre ellas la de desposar a su hija con un simple eques sin peso político, Augusto (quizás influenciado por Livia) decidió que la mejor opción para el futuro del Principado era el matrimonio entre Julia y su hijastro Tiberio, que entonces tenía 31 años.

Julia y Tiberio en el Ara Pacis Augustae. 13-9 a.C. Roma 2013

Aunque el Príncipe nunca sintió gran afecto por Tiberio, descartó a su hermano Druso (su candidato favorito) porque ya estaba casado con su sobrina Antonia (hija de Octavia y Marco Antonio). La pareja, muy bien avenida, ya tenía un hijo: Germánico, sobrino nieto del emperador. Tiberio, por su parte, estaba casado con Vipsania (hija de un anterior matrimonio de Agripa), y también tenía un hijo, Druso el menor.


Vipsania (Sheila Ruskin) y Tiberio (George Baker) en un fotograma de la serie Yo, Claudio. 1976

      El primogénito de Livia sufrió mucho al verse obligado a romper su matrimonio, pues estaba muy enamorado de su esposa, una mujer discreta y dulce que había encajado perfectamente con el carácter reservado y taciturno de Tiberio. Así y todo obedeció, por lo que en el año 11 a.C contrajo matrimonio con Julia. Ésta mostró gran entusiasmo por su nuevo marido, del que dicen que había estado enamorada en su juventud; no obstante, la frialdad de él acabó pronto con su pasión. Tiberio, a pesar de que no congeniaba con la hija de Augusto ni con su carácter caprichoso (la joven incluso estando casada con Agripa había flirteado con él) intentó guardar las apariencias por un tiempo y fingir que vivía un matrimonio feliz. Sin embargo, esta aparente felicidad se esfumó pronto, al morir muy pequeño el único hijo que concibió la pareja.
A partir de ese momento, el aborrecimiento que Tiberio sentía hacia Julia se incrementó, pues Julia para olvidar la muerte del pequeño retomó su alegre vida social, la cual chocaba frontalmente con la personalidad reservada y discreta de su marido, quien no toleraba el hecho de que Julia. como hija de Augusto, gozara de mayor independencia que cualquier otra mujer.


Julia la Mayor. Siglo I a.C. Berlín. Altes Museum

 Por otro lado, Tiberio echaba terriblemente de menos a Vipsania. Cuenta Suetonio que en una ocasión se encontró con ella por la calle y que él le dedicó una mirada tan intensa y llena de tristeza que los ojos se le llenaron de lágrimas. Esto llegó a oídos de Julia, que sintiéndose humillada se quejó a Augusto, quien indignado prohibió a Tiberio cualquier contacto con su primera esposa (Vida de Tiberio. Libro III,.7, 2-3).
Esta situación incrementó el odio de Tiberio hacia Julia por lo que acabó rompiendo la relación marital con ella y trasladándose a otro dormitorio. A raíz de esta ruptura Julia comenzó a comportarse de forma indiscreta para herir a su marido, algo que a la larga le acarrearía su ruina. Por su parte, el ya de por sí difícil carácter de Tiberio empeoró debido a las humillaciones a las que sentía sometido por Julia, por lo que en el año 6 a.C., aún siendo el segundo hombre más poderoso del Imperio no dudó en dejarlo todo y en desterrarse voluntariamente a la Isla de Rodas. A la muerte de Augusto, Tiberio, ya emperador, dejó morir a Julia lentamente de hambre (la joven había sido desterrada por su propio padre primero a Pandataria y después a Reghium).