lunes, 27 de julio de 2015

Pontifex Maximus

Augusto Pontifex Maximus. Siglo I d.C. Museo de las Termas. Roma 2013

En el 13 a.C., tras casi cuatro años de ausencia, Augusto y Agripa volvieron a Roma, el primero desde Occidente y el segundo desde las provincias orientales. El Príncipe entró en la ciudad de noche para intentar pasar desapercibido y evitar nuevos honores. No obstante, el Senado decretó la construcción de un altar dedicado a la Pax Augustea imperante tras la pacificación de la Galia e Hispania. El Ara  Pacis Augustae se convirtió en uno de los más sublimes ejemplos de la relivaria antigua.
Augusto y Agripa  renovaron su imperium por otros cinco años, concediéndosele a Agripa por primera vez el imperium maius, lo que igualaba sus competencias a las de su suegro y colega.
Ese mismo año, se consagró igualmente el Teatro Marcelo. En la ceremonia de inauguración tuvieron lugar además de imponentes luchas de fieras los denominados juegos troyanos, en los que jóvenes de alta alcurnia participaban en exhibiciones ecuestres simulando batallas. Gran expectación  generó la intervención en ellos con tan sólo 7 años del pequeño Cayo, nieto y  heredero de Augusto. El niño fue recibido con una gran ovación lo que irritó al Príncipe que no quería que sus nietos fueran adulados en exceso sin merecerlo. Algo a lo que contribuyó también Tiberio cediéndole el sitio de honor junto a su abuelo, que recibió una gran reprimenda de su padrastro.

Cayo César con vestimenta troyana. Ara Pacis Augustae. Roma 2013

En esta misma línea, el emperador no permitió que se le concediesen a sus hijastros Tiberio y Druso, los más que merecidos triunfos por sus éxitos en los Alpes, si bien aceptó que se les condecorase con insignias militares y que Tiberio accediera al consulado por primera vez a la edad de 29 años.
Por su parte, el propio Augusto obtuvo en marzo del año siguiente (12 a.C.) uno de los más importantes cargos del Estado que aún no ostentaba: el de Pontifex Maximus. A finales del 13 a.C., murió su antiguo colega triunviral, Lépido, a quien el entonces Octavio había destituido del triunvirato pero no lo había despojado de la dignidad de máxima autoridad religiosa, aunque sólo la ejerciera nominalmente. Este puesto no fue ocupado por nadie más que no fuera emperador hasta que en 382 d.C., el emperador Graciano renunció a él a favor del Obispo de Roma, quien lo sigue ostentando.
Augusto celebró la toma de posesión con gran pompa. Siempre se sintió muy identificado con su papel de principal exponente de la religión pues aunque el pueblo romano no era especialmente creyente, sentían gran respecto en relación a la idea de que Roma se había convertido en la capital del mundo gracias a la protección de los dioses, de los que siempre fue favorita. Por ello, nadie mejor que el hijo de un dios para desempeñar la labor de principal sacerdote de Roma e intermediario con los protectores de la ciudad de Tíber. Del mismo modo Augusto aprovechó su gran popularidad entre las clases bajas para asociar su Genius con el de los lares compitales (espíritu que protegía cada distrito de la ciudad cuyas imágenes se adornaban con flores dos veces al año). Así su presencia se convirtió en una constante en el día a día de los ciudadanos de todas las clases sociales.

Altar de lares con el genius de Augusto flanqueado por Cayo y por su hija Julia como Venus. Copia del Siglo II d.C. Florencia. Galleria degli Ufizzi

Tradicionalmente, el Pontifex Maximus tenía su residencia en la Casa de las Vestales. Sin embargo, Augusto, tras restaurar el templo de Vesta (dañado por un incendio) lo cedió a las sagradas sacerdotisas e inauguró la costumbre de residir en su casa del Palatino, parte de la cual estaba consagrada como templo y él había convertido nominalmente en propiedad pública con la idea de realizar sus funciones religiosas adecuadamente tal y como marcaba la tradición, sin ofender a las deidades.
La prueba del gran apego del Príncipe hacia el Pontificado Máximo es que la mayoría de las imágenes suyas que se han conservado lo retratan en ese papel, siendo la más hermosa de ellas la que se conserva en el Museo de las Termas de Roma.


Siglo I d.C. Roma. Museo de las Termas 2013

Siglo I d.C. Roma. Museo Pío Clementino


Siglo I d.C. Ancona. Museo Archeologico delle Marche


Siglo I d.C. Chiusi. Museo Nazionale Etrusco


Siglo I d.C. Museo Nacional de Arte Romano. Mérida 2014

domingo, 19 de julio de 2015

La Galia romana

Además de Nimes (que según mi opinión conserva los más bellos ejemplos del arte romano en Francia) existen otras ciudades en el país galo donde la presencia de Roma y de Augusto han dejado honda huella como demuestran los importantes vestigios de la Edad de Oro que aún se alzan en su suelo. Intentaré hacer una selección de los más importantes.

  • Vienne (Iulia Viennensis)

            Convertida en colonia romana en 50 a.C. por Julio César, conserva en buen estado un templo dedicado a Augusto.


         Finalizado en 15 d.C., el templo estaba consagrado a Augusto y Roma. El emperador, muy reacio a que se le rindiese culto en la capital del Imperio, era más permisivo a la hora de permitirlo en las provincias, aunque siempre uniendo su nombre al de la diosa Roma (conciente de que era una forma de estar presente en la vida de los ciudadanos de tan vasto territorio que no podían verlo ni tener contacto con él). De todas formas este templo se inauguró un año después de su muerte. Cuando Livia fue divinizada en tiempos de Claudio, también se dedicó a ella.
            Es un hermano pequeño de la Maison Carrée de Nimes. Inspirado igualmente en los principios vitruvianos, es hexástilo, pseuperíptero y de orden corintio. Se eleva sobre un alto podio desde el que dominaba el Foro romano. Tiene una longitud de 14,25 metros x 27 metros de ancho. Su altura es de 17,36 metros. A la cella (reconstruida) se accedía a través de una escalera frontal.

Detalle

           En la Edad Media fue convertido en iglesia cristiana, pasando durante la Revolución Francesa a ser un lugar de culto a la Razón. Posteriormente ha sido tribunal, museo y biblioteca hasta que Prosper Merimée lo restauró en 1852.

  • Arlés (Iulia Arelate Sextanorum)

Reconstrucción de Arlés

            Es otra localidad de gran raigambre romana. Conserva restos de un teatro de época augustea comenzado en los años de su fundación (40-30 a.C) y finalizado en el 12 a.C., por tanto es uno de los primeros teatros en piedra edificados por los romanos. Tiene el esquema típico de los teatros latino con cavea o graderío, orchestra, proscenio (escenario) y scenae frons (frente escénico). Tenía cabida para 10.000 espectadores.

Teatro

            El frente escénico estaba sostenido en tres niveles con columnas corintias y adornado con una rica decoración, lo que testimonia la importancia de la colonia. Probablemente tenía una especie de cornisa que lo protegía de las inclemencias del tiempo.

Detalle del Teatro

            El teatro estuvo funcionando hasta principios del siglo V d.C., siendo usado a partir de entonces como cantera. Redescubierto en 1828 fue reconstruido aunque sólo se conservan dos columnas del escenario y parte del graderío.

Venus de Arlés. Siglo I a.C, París. Museo del Louvre
Fuente:  "Venus of Arles Louvre Ma439 n01" by Marie-Lan Nguyen - Own work. Licensed under CC BY 2.5 via Wikimedia Commons - https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Venus_of_Arles_Louvre_Ma439_n01.jpg#/media/File:Venus_of_Arles_Louvre_Ma439_n01.jpg

            En él se encontraron importantes esculturas como la Venus de Arlés, hoy en el Museo del Louvre y la de Augusto heroizado, que deja constancia del profundo calado del culto a Diuvs Augustus elevado a los altares tras su muerte.

Augusto heroizado. Siglo I d.C. Arlés. Musée Departemental Arles Antique

            Igualmente de época augustea son los criptopórticos del Foro (construcciones subterráneas que constituían un granero para almacenar el trigo), realizados entre el 30-20 a.C., en los mismos años que el Foro propiamente dicho que constaba de cuatro pórticos monumentales unidos por galerías cubiertas, conservándose sólo dos fragmentos.
            Igualmente cuenta con un anfiteatro famoso pero de finales del siglo I d.C.

  • Orange (Iulia Firma Secundarum Arausio)
            Fue fundada por los veteranos de la Legio III Gallica de Julio César. Tuvo una gran expansión durante el principado de Augusto, quien construyó el teatro, uno de los mejores conservados del mundo romano.


Teatro de Orange

            El escenario aún se mantiene en pie casi en su totalidad conservando sus medidas originales (103 metros de ancho por 37 de alto). Preside desde una hornacina central la escultura de Augusto.
            A partir del siglo IV cayó en desuso y fue usado como cantera hasta que en el siglo XIX, nuevamente Prosper Merimée inició su restauración.
            En 2006 se le añadió una techumbre de cristal y vidrio para proteger el muro antiguo del escenario.



            El otro importante monumento de ésta época es el Arco de triunfo en honor de Augusto, construido a partir del año 10, aunque también contiene inscripciones dedicadas a su sucesor, Tiberio. Es uno de los arcos de tres vamos más antiguos que han llegado hasta nuestros días. El arco central es mayor que los laterales. Cada fachada presenta columnas corintias adosadas. Está decorado con relieves de escenas militares, incluyendo batallas navales.


Arco de Orange
            Tanto el arco como el teatro fueron nombrados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1981.

  • Autun (Augustodonum)
            La ciudad (cuyo nombre latino significa “La Fortaleza de Augusto”) fue fundada por el mismo emperador en las inmediaciones de Bribacte, capital de los eduos, más o menos con los mismos objetivos que otras colonias augusteas: asegurar el control de la zona e imponer la romanización a los pueblos rebeldes circundantes. Se convirtió en la residencia del prefecto de la Galia.


Porte d'Arroux

            De la época de Augusto se conservan dos de las puertas de acceso a la ciudad: la Porte d’Arroux (que marcaba el inicio el extremo norte del cardo máximo) y la Porte de Saint André (señalaba el extremo este del decumano máximo). Ambas presentan dos vanos grandes para el tránsito de vehículos y 2 pequeños para el de los peatones.


Porte de Saint André

            Las murallas (igualmente del siglo I a.C.) conserva gran parte de su recorrido (que abarcaba unos 6 kms) y de sus 53 torreones.


Murallas romanas de Autun
Fuente:  « Autun remparts » par Christophe.Finot — Travail personnel. Sous licence CC BY-SA 1.0 via Wikimedia Commons - https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Autun_remparts.jpg#/media/File:Autun_remparts.jpg


  • Lyon (Lugdunum)
            Fue fundada en 43 a.C. por Lucio Munacio Planco (lugarteniente de Julio César). Agripa la convirtió en el punto de partida de las principales vías de la Galia, siendo nombrada en 27 a.C. como capital del país galo.
            En 12 a.C., el hijo menor de Livia, Druso mandó construir allí un templo en honor de Augusto y Roma, decorado con bellísimas esculturas traídas de toda la Galia. Junto a él (iniciado en 19 a.C.) se construyó el anfiteatro, en sus inicios con cabida sólo para 1.800 personas hasta que Adriano lo amplió aumentando la capacidad a 20.000.
            El teatro, uno de los más antiguos de la Galia, fue construido en 15 a.C. Albergaba unos 10.000 espectadores. Construido junto a la colina de Fourvière, igualmente fue ampliado en tiempos de Adriano.


Teatro de Lyon

domingo, 12 de julio de 2015

Zaragoza (Caesar Augusta)

Copia del Augusto de Prima Porta en Zaragoza

En su tercera visita a Hispania, tras pacificar el país, Augusto fundó sobre una ciudad ibérica ya romanizada (Salduie) la que sería una de las más importantes colonias hispana, Caesar Augusta (Zaragoza), siendo la única en todo el Imperio que ostentó su nombre completo. Se piensa que la fecha de la fundación fue en el año 14 a.C., quizás coincidiendo con el cumpleaños del emperador (el 23 de septiembre). Por ello, fue declarada colonia inmune lo que le suponía la exención de determinados tributos así como el derecho a acuñar monedas. En la fundación participaron legionarios supervivientes de las guerras cántabras.
Caesar Augusta asumió desde el primer momento el papel de cabecera regional e incluso rigió un Convento Jurídico (órgano menor con funciones administrativas y judiciales que resolvía cuestiones que no podían ser solventadas en la gestión municipal). Al mismo tiempo, gracias a su puerto fluvial, se convirtió en un gran foco comercial, gozando incluso de capitalidad religiosa, con derecho a un culto propio.
La ciudad tenía el esquema propio de las colonias romanas: plano hipodámico con un cardo y un decumano. En ella se construyeron todos los edificios característicos de las urbes romanas.
No son muchos los restos que quedan de la época de Augusto, aunque sí de años posteriores. Es curioso como la ciudad romana se refleja aún en la disposición de las calles de Zaragoza.

  • Muralla romana


             Construida entre el siglo I y el siglo III de nuestra, medía 3.000 metros y constaba de 120 torres. El trazado debió tener una altura de 10 metros y 4 de espesor.
            De época augustea se conservan restos de opus caementicius adosados a la parte posterior del muro de sillería.
            En 1933 fue declarado monumento nacional.


  • Foro

Restos del Foro de Caesar Augusta

Estaba situado en las postrimerías del Puerto Fluvial siendo el lugar donde confluía la vida social, civil, religiosa política y sobre todo económica y mercantil.
Se empezó a construir bajo el Principado de Augusto, pero fue Tiberio quien lo acabó.
De la época de Augusto se conservan un mercado, una cloaca y tuberías de agua potable.
Probablemente había otro Foro en el lugar tradicional (intersección de cardo y decumano) aunque no se han encontrado restos.


Reconstrucción del Templo del Foro de Caesar Augusta (debajo de lo que hoy sería la Seo)

  • Puerto Fluvial

Maqueta del puerto fluvial

            Se convirtió en el tercero más importante de Hispania, tras el de Logroño y Tortosa,
            A finales del siglo I d.C. se completó con la construcción de un mercado. Las edificaciones portuarias se extendían a la orilla derecha del Ebro y estaban situadas en el ángulo nordeste del Foro con el que se conectaba a través de unas escaleras.

  • Termas


            En funcionamiento desde el sigo I a.C., se ubica entre el teatro (de época de Tiberio) y el Foro. Se han conservado restos de las letrinas y de una Natalio (piscina al aire libre) de época de Claudio.

viernes, 3 de julio de 2015

El Panteón de Agripa, la apoteosis del arte romano

Vista exterior del Panteón de Agripa. Roma 2011
           
  Aunque la construcción más conocida y aclamada de Roma sea el Coliseo, sin duda alguna, la más amada por los romanos de todas las épocas y su mayor joya arquitectónica, es el Panteón de Agripa. No hay nadie que conozca que al volver de Roma no me haya comentando que lo que más le ha impresionado, de entre todas sus maravillas, es el templo circular diseñado por el yerno de Augusto y posteriormente reconstruido por Adriano, el único que es capaz de conectar el cielo con la tierra a través del óculo de la que aún sigue siendo una de las cúpulas más impresionantes que se puedan contemplar. Por eso y por tantos motivos, ningún rincón de Roma más adecuado para dedicarle la entrada número 100 de este blog. Desde aqui mi agradecimiento a Francisco Javier Díaz Benito por ayudarme a ilustrar una de la más hermosa obras arquitectónicas que existen.
           El Panteón es el monumento antiguo mejor conservado de la capital de Italia debido a que era tal su belleza que ni siquiera los bárbaros que invadieron la ciudad, tras la caída del Imperio romano, osaron derribarlo. Cuando Roma cayó bajo dominio eclesiástico, el emperador bizantino Focas lo regaló al Papa Bonifacio VIII que lo consagró como iglesia cristiana en honor de Santa María de los Mártires. Su esquema arquitectónico y su cúpula han sido fuente de inspiración durante todas las épocas posteriores convirtiéndose en uno de los modelos más imitados del mundo. Nada hace presagiar cuando lo contemplamos en la Piazza della Rotonda que ese edificio de genuino aspecto severo y de dimensiones relativamente pequeñas (si lo comparamos con el Coliseo o las Pirámides de Gizeh) pueda encerrar en su interior la inmensidad más absoluta, fruto de la ingeniería romana, la única capaz de crear el más bello y perdurable edificio de todos los tiempos.

Interior de la cúpula. Roma 2011

           Los historiadores del arte no se ponen de acuerdo sobre si el panteón que erigió Agripa  (destruido en incendio de 80 d.C.) tenía un esquema similar al que contemplamos hoy en día. Lo cierto es que debió ser un edificio excepcional para que Adriano se propusiera reconstruirlo y dejar inalterable en el frontón la inscripción que aludía a su constructor: “M. AGRIPPA. L. F. COS. TERTIUM. FECIT” (Marco Agrippa, hijo de Lucio lo construyó durante su tercer consulado). Esa referencia es la que hizo creer desde la antigüedad que el edificio se databa en el siglo I a.C., hasta que en el siglo XIX, unas tareas de investigación profundas estipularon que los materiales de construcción eran propios del siglo II d.C.

El Panteón de Agripa

Detalle de la inscripción. Roma 2013

            Marco Vipsanio Agripa, gran ingeniero y arquitecto, englobó la construcción del templo (pagado de su propio patrimonio) dentro del proyecto de urbanización que estaba realizando en el Campo de Marte. Datado en 27 a.C. se ubicaba entre la Basílica de Neptuno y la Saepta Julia en un terreno de su propiedad.
            La intención primera de Agripa era dedicar el templo a Augusto y a la gens Julia, creando un edificio destinado al culto imperial; por ello su idea originaria era colocar una imagen  del Príncipe junto a la de su padre adoptivo, el Divino Julio. Augusto desestimó está propuesta, pero permitió colocar una escultura de César divinizado en el interior flanqueado por Venus y Marte, mientras que la suya propia junto a una de Agripa se colocarían en el pórtico exterior en sendas hornacinas que flanqueaban la puerta de ingreso.



Maqueta del área de Agripa en el Campo de Marte

            Agripa levantó el edificio en el lugar donde se creía que Rómulo había subido a los cielos. Hay quien sostiene (pues existen vestigios arqueológicos de su primitiva orientación norte) que la entrada del Panteón conectaba con la entrada del Mausoleo de Augusto, creando un vínculo entre el fundador de Roma y el hombre que había devuelto la paz al mundo romano.
            Los expertos tampoco pueden asegurar si el edificio original era redondo o si en cambio era de planta rectangular. Lo que sí es cierto es que el ancho de la cella era prácticamente el mismo al del edificio actual aunque era más pequeño (la rotonda ocuparía la antigua plaza augustea que separaba el Panteón de la basílica de Neptuno).
         Plinio el viejo cuenta que sus capiteles eran de bronce y que su decoración comprendía cariátides y multitud de esculturas. Se piensa que el frontón estaba decorado por un águila imperial también en bronce sosteniendo la corona cívica.

El edificio de Adriano


Planta y corte transversal del Panteón de Adriano

            En el 80 d.C. el Panteón fue arrasado por un incendio; restaurado por Domiciano, en el año 110 fue nuevamente destruido por un rayo. Parece que los dioses se habían aliado para favorecer que de las cenizas surgiera el edificio más hermoso de la antigüedad cuya autoridad  se atribuye incluso al sirio Apolodoro de Damasco, arquitecto de Trajano, o como gustaba decir a Miguel Ángel, a los mismos ángeles.
            La generosidad de Adriano no tiene límites al volver a colocar el friso donde se indicaba la autoría de Agripa, algo muy poco común en una época, en la que borrar el legado anterior para engrandecer la propia gloria, era un comportamiento muy habitual. Al reconocer la valía de Agripa, tan querido aún hoy por el pueblo romano, el emperador de origen hispano se glorificó más aún.

Exterior

Foto propiedad de Francisco Javier Díaz Benito. Roma 2014

            El nuevo Panteón se data en 121 d.C. Su fachada es de corte clásico, octástila, compuesta por filas de columnas monolíticas (hasta un total de 16) de orden corintio, realizadas algunas en granito egipcio rosa y otras en gris que alternan con el mármol blanco de la basa. Las columnas, colocadas unas delante de la otra, dan forma a un pórtico, en el que se abren, flanqueando la entrada, las hornacinas que albergaban en sus orígenes las esculturas de Augusto y Agripa y que fueron transferidas al nuevo edificio. Corona el conjunto un frontón colocado sobre la inscripción dedicada a Agripa. No hay rastro de la decoración del águila con la corona en bronce que probablemente continuaría adornándolo.



Detalle de la columnata del pórtico. Roma 2013

Detalle de los capiteles corintios. Foto propiedad de Francisco Javier Díaz Benito. Roma 2014

Techumbre del pórtico. Roma 2011

Detalle del pavimento del pórtico. Foto propiedad de Francisco Javier Díaz Benito. Roma 2014

            A continuación del pórtico se abre la inmensa rotonda de 58 metros de diámetro externo cuyos muros tienen un espesor de 6 metros. En ella aún pueden verse las tres líneas de imposta que delimitan los tres sectores superpuestos que constituyen el muro, cuyos materiales de  relleno se van aligerando a la vez que se va ascendiendo en altura.


Vista exterior de la rotonda. Roma 2013

Interior
            La cella redonda, que presenta gran homogeneidad, mide 43,44 metros; la altura del edificio (incluyendo la cúpula) es exactamente igual que ese diámetro, de ahí que nada en el Panteón sea producto de la casualidad. Su elegancia se rige por equivalencias numérica.


Sólo cruzar el dintel y ya se divisa la inmensidad. Roma 2013

Interior de noche. Roma 2013

         Sus paredes están revestidas de vistosos mármoles en los que se abren tabernáculos posiblemente para albergar a las divinidades astrales (los cinco planetas conocidos más el sol y la luna). Con posterioridad los dioses paganos fueron reemplazados por santos cristianos. Estos altares, que alternan remates triangulares (3) con semicirculares (3) están enmarcados por dos columnas de pequeño tamaño, mientras que otras más monumentales separan cada altar. El ábside semicircular se sitúa frente a la puerta principal flanqueado por dos preciosas columnas de mármol violeta.


Ábside principal. Roma 2013

Foto propiedad de Francisco Javier Díaz Benito. Roma 1999

            El pavimento (en pórfido, granito y mármol) está decorado a base de cuadrados que alternan en su interior círculos o cuadrados más pequeños. Para atenuar los efectos de la lluvia el suelo es ligeramente convexo y tiene perforaciones estratégicas que absorben todo el agua que pueda penetrar por el óculo de la cúpula.


Detalle del pavimento. Roma 2013

            El panteón guarda en su interior la perfección espacial más absoluta. Su esquema longitudinal inscribe un círculo dentro de un cuadrado. Además, si se traza un triángulo equilátero uniendo el óculo con los ábsides laterales opuestos obtendríamos una pirámide. Todo ello aumenta la sensación de armonía.


Esquema geométrico del Panteón

Cúpula


Vista exterior de la cúpula

            No obstante, el verdadero milagro arquitectónico del Panteón lo encontramos al traspasar el dintel de entrada; en ese mismo instante inevitablemente los ojos se elevan al infinito y el alma se llena de la luz difusa que desde lo más alto penetra a través de la cúpula más hermosa jamás imaginada, la única capaz de llevarnos hasta las puertas del cielo.


Interior de la cúpula. Roma 2013

           La cúpula que se eleva a 22 metros de altura, nunca fue superada en la antigüedad y sigue siendo una de las más grandes del mundo. El óculo mide 9 metros de diámetro. Está formada por 5 niveles de casetones trapezoidales dispuestos de forma concéntrica con 28 unidades cada uno. Se alza sin elementos de sujeción, todo el empuje de mampostería descansa en la estructura cilíndrica que forma el círculo de contención, que a pesar de la apariencia de robustez está realizado a base de materiales livianos. Esta pared circular está formada por dos espesores diferentes entre los que hay espacios ciegos e inaccesibles, de ahí la estabilidad de las paredes. Las capas horizontales, que dan forma a la cúpula, están realizadas con materiales muy ligeros: hormigón sobre mampostería de travertino y toba. Es una proeza técnica insuperable.


Interior de la cúpula a la luz del día. Roma 2011

Interior de la cúpula bajo el cielo nocturno. Roma 2013

        Los niveles representan la carrera de los cinco planetas entonces conocidos, iluminados por el sol en forma de óculo, que de alguna manera simboliza también al emperador que domina al mundo.


Reflejo maravilloso del óculo. Foto propiedad de Francisco Javier Díaz Benito. Roma 1999

            El exterior estaba revestido en bronce, retirado por los sucesivos papas para engrandecer la Roma cristiana.

Supervivencia del Edificio


Roma 2005

            El Panteón fue el primer templo romano convertido al culto cristiano. Durante el devenir de los siglos ha sufrido algunas alteraciones pero ninguna tan importante que le hiciera perder su genuino perfil. Hasta las puertas siguen siendo las originales, aunque bastante retocadas  pues se retiraron las placas de bronce de las vigas y los clavos para fundirlo para realizar el Baldaquino de Bernini para San Pedro del Vaticano o cañones para el Castel San’t Angelo. Una verdadera lástima que como ha ocurrido tantas veces en la historia del arte se destruyan cosas únicas para crear otras que se pueden ver en cualquier sitio. Los propios romanos no digirieron nada bien este expolio e hicieron circular el rumor que decía “los que no hicieron los bárbaros lo hicieron los Barberini”, en alusión al Papa Urbano VIII, gran mecenas de Bernini y que pertenecía a esa familia romana.
            Algo que nunca podré perdonar a Gian Lorenzo Bernini (quien pese a todo es mi escultor favorito) es la frialdad con la que fue capaz de desmantelar el Panteón, por el que el más grande de los artistas, el mismísimo Miguel Ángel Buonarroti sentía una devoción casi religiosa. No con eso, se atrevió a construir dos espantosos campanarios sobre el sagrado edificio; los campanarios suscitaron tal aluvión de críticas que desde el principio se conocieron despreciativamente con el pseudónimo de “orejas de asno”. En 1883 fueron derribados devolviendo al Panteón su silueta incomparable. Una vez más los ángeles protegieron al edificio que no sufrió en todo este proceso daño alguno. Siglos antes se había retirado también el bronce que cubría la cúpula y la decoración de capiteles y tímpano.


El Panteón con los campanarios de Bernini en una foto del siglo XIX 

            En el siglo XV, su interior fue enriquecido con frescos y en él se excavaron sepulturas en las que aun hoy descansan los restos de importantes artistas, como Anibal Caracci o Rafael Sanzio e incluso los del unificador de Italia, Víctor Manuel II.
            Un hecho curioso sucede cada domingo de Pentecostés en el Panteón: cinco bomberos arrojan desde lo alto del óculo miles de pétalos de rosas para celebrar la venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles, en un ritual que se remonta a la Edad Media. El rito, que se había perdido con el paso de los siglos, se recuperó en 1995. 


Lluvia de pétalos en el Panteón

Huella a través de los siglos

            La influencia del Panteón en la historia de la arquitectura no tiene precedentes. Su modelo (pórtico clásico coronado por cúpula) es quizás el más copiado del mundo.
            Los dos grandes arquitectos del renacimiento, Filippo Brunelleschi y Miguel Ángel Buonarroti lo estudiaron con detenimiento antes de levantar sus respectivas cúpulas en Santa María dei Fiori en Florencia y en San Pedro del Vaticano. Ninguno de los dos fue capaz de entender el misterio que hacía que la cúpula siguiera en pie e inalterable. Y los dos, cuyas cúpulas se cuentan entre las más famosas del mundo afirmaron que podían hacer las suyas más grandes, más modernas pero nunca más hermosas.
            Con posterioridad, Andrea Palladio difundió ampliamente el modelo a través de sus villas, siendo especialmente famosa Villa Rotonda en las cercanías de Vicenza. Esta propagación se incrementó en el Neoclasicismo tal y como se aprecia  entre otros muchos en el Panteón de Soufflot en París, en el templo de Possagno de Antonio Canova, en la rotonda del Museo Británico, en la de la Universidad de Virginia diseñada por Thomas Jefferson o en el mismísimo Capitolio de Washington.


Villa Rotonda. Andrea Palladio. 1566. Vicenza


Panteón. Soufflot. 1790. París
Fuente: «Pantéon (Francia)» de Taken and edited by M.Romero Schmidtke - Enciclopedia Libre en español. Disponible bajo la licencia CC BY-SA 3.0 vía Wikimedia Commons - https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Pant%C3%A9on_(Francia).jpg#/media/File:Pant%C3%A9on_(Francia).jpg 



Templo Canoviano. Antonio Cánova. 1830. Possagno
Fuente: "Tempio Canoviano 1" por Furio Imperiale - Lavoro personale. Licenciado sob CC BY-SA 3.0, via Wikimedia Commons - https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Tempio_Canoviano_1.jpg#/media/File:Tempio_Canoviano_1.jpg 


Iglesia della Madre di Dio. 1830. Turín 2014

            Igualmente la alternancia de formas geométricas del interior sirvió de prototipo para numerosas fachadas del Renacimiento como la del Palacio Farnesio.


Palacio Farnesio. Antonio Sangallo el joven. 1545-89. Roma

“Angelico e non umano”
Miguel Ángel Buonarotti. Siglo XVI

“Ay su belleza al claro de luna”
Chateubriand. Siglo XIX


Roma 2013

“El más bello recuerdo de la antigüedad es sin lugar a dudas el Panteón. Este templo ha sufrido tan poco, que aparenta estar igual que en la época de los romanos”.
Stendhal. Siglo XIX

“Este templo abierto y secreto estaba concebido como reloj de sol. Las horas girarían en redondo en el centro de este suelo abrillantado con tanto esmero; el disco de luz descansaría en él como una rodela de oro; la lluvia formaría un charco puro; la plegaría se escaparía como el humo hacia ese vacío en donde situamos a los dioses”.
Margarite Yourcenar. "Memorias de Adriano". 1950

“Mientras el Coliseo me estremece por su soterrada violencia, el Panteón me transmite una sensación de serenidad. Cruzas su puerta y ya eres dueño de la gran sala, por más que haya mucha gente alrededor. Te rodean decenas de personas, pero sientes que estás solo. Los seres humanos vivimos siempre acompañados por un sentimiento de temor, desde que nacemos hasta que morimos. Pero existen algunos lugares en donde este sentimiento se diluye. Quizás porque son espacios sabiamente construidos. El Panteón es uno de ellos…, ese agujero de la cúpula abierto al cielo, a la lluvia, al aire, a la nieve, por donde uno puede sentir la presencia de los dioses amables y olvidar, por un momento, los desastres de la existencia y el miedo a la muerte”.
Javier Reverte. “Un otoño romano”. 2014